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Tintas rosarinas

18 de diciembre de 2012

¿Ser o no ser?

Matías Martinez Por: Matías Martinez

Un dramaturgo cool porteño me paso un texto de otro dramaturgo cool japonés (traducido, obvio)… Pura mierda Zen. Para ellos (porteños, japoneses) todo bien. Para mi (acostumbrado a hacer asado todos los fines de semana) basura New Age. Entre las cenizas del fuego que hice con el texto se salvó un papelito que a medio quemar decía “La escritura es un caos. En el caos transitamos la resistencia” Me gustó. Lo voy a usar para defender de antemano lo caótico de las ideas que expreso en esta columna.

Tengo que escribir mil palabras. Tengo que escribir sobre teatro. That is de premisa.

Voy a hacerlo de la única manera que sé: como la hinchada de Chacarita Juniors: yendo para adelante a las trompadas hasta hacerse lugar en la tribuna y una vez ahí arrancar con la arenga. Si pasamos la imagen futbolera por un filtro más literario la cosa sería más o menos así: avanzar con la fuerza de las palabras hasta poner todo en tensión, una vez instalada esa forma, el contenido fluye. Y ya que estamos en tren de sustituciones y este escrito lo permite o lo obliga, traduzcámoslo a lo teatral, pues; específicamente a lo actoral: “avance con la fuerza de la actuación hasta poner el todo en tensión, una vez plantado en esa prepotencia haga con la escena lo que se le cante”. Como una fórmula.

La indicación para armar un mueble. Pero reniego y descreo de cualquier recetario que organice el caos de la actuación, por eso reniego y miro torvo a Stanislavski (con todos sus discípulos argentinos, hablo de los porteños), desconfío del viejito Strasberg (con todos sus actores cinematográficos) y de cualquiera que venga a hablar de la importancia del personaje.

CREO EN LA ACTUACIÓN. NO CREO EN EL PERSONAJE

El japonés cool dice “La escritura es un caos”, yo le afano y digo “La actuación es un caos” .Y si la actuación es un caos, transitar ese caos significa resistir. Si asumo que esto que digo lo creo y sostengo, nunca puedo creer en el personaje porque este se ubica en la antípoda del caos. El personaje aglomera los desperdicios, junta las esquirlas, enmalla el reviente y organiza todo en un combo. La actuación no. La actuación destroza todo y así lo deja. La actuación es simultánea. El personaje es sucesivo. Afirmación: “No se actúa para crear personajes”. Discusión: “¿Se actúa para crear personajes?”

No sé qué es el personaje. Pero tampoco sé nombrar de otra manera eso que aparece en escena una vez que el actor “planta su prepotencia y hace lo que se le canta” (Léase “lo que se le canta” como una oleada furiosa que nos lleva y nos trae, como espectadores, a su antojo y voluntad). Igual debo reconocer que no es muy común que aparezca esa prepotencia, o bien aparece y desaparece con la misma velocidad y magia. Pero cuando aparece… (y esto lo digo con un hilo de baba cayéndoseme)… ¡Ay cuando aparece!... ¡Qué hermoso es cuando aparece!... Porque cuando aparece y se sostiene y se planta y el actor se empecina en ese emperramiento que es actuar, el teatro malo, las obras de los japoneses y porteños cool, los lunes, mis enemigos, las actuaciones televisivas, mis frustraciones, mi incipiente calvicie y muchas más cosas horribles me parecen maravillosas. Cuando veo esos actores o actrices que hacen lo que quieren conmigo, esas actuaciones que me llevan, que me traen y hacen de mí un arrastrado, confirmo algo inexpresable, algo que trasciende la lógica. Como si el cuerpo me pidiera más vida.

(Pausa larga)

El tema se complica cuando la cuestión no aparece (digresión: qué bueno está decir “el tema”, “la cuestión”, “la cosa”, “fui a un lado”; suena como que todos entendemos de qué se trata pero no lo nombramos concretamente porque algo turbio hay boyando) Retomo. Los quilombos arrancan cuando la cuestión esa no aparece. Y generalmente cuando no aparece el último que se da cuenta es el actor/actriz (ponele que podamos usar este valor nominal); y esto se da en el mejor de los casos, porque en el peor (y acá todo se complica) el fulano/fulana (ya le sacamos el valor nominal) ni cuenta se da de que la cosa no funciona ni va a funcionar nunca y para desgracia de todos sigue insistiendo con lo actoral. Pero póngase una mano en el corazón, usted, lector/lectora teatral de esta columna y diga… ¿A cuántos actores que usted conoce y trata no les metería como sin querer un papelito en el bolsillo con esa pseudo-fórmula-frase “Avanzá con la fuerza de la actuación hasta poner el todo en tensión, una vez plantado/plantada en esa prepotencia hacé con la escena lo que se te cante, (y le vamos a agregar) si ves que no podés dejá el asunto”? ¿A cuántos no les metería ese papelito para que cuando vayan a buscar los puchos, los chicles o los forros se encuentren como por casualidad con él y quien dice que tal vez, quizá, puedan reflexionar sobre sus comportamientos escénicos y en un acto de verdadera entrega e introspección se pregunten como el danés: “¿Sirvo o no sirvo?” “¿Quedarse o no quedarse?”

Si sonríe en este momento es porque a más de uno se lo haría... ¡No se amilane! ¡Meta! Meta papelitos en los bolsillos de los actores que usted considera caducos o verdaderos casos perdidos e induzca a una reflexión de orden artístico. Tal vez, incluso, aporte a la erradicación de un mal endémico. Esta forma tiene la ventaja de que lo libra a usted de tener que decir abiertamente “dedicate a otra cosa” y que lo tilden de hijo de puta. Hasta quién sabe si, como un billete de lotería, no le salva la vida a alguien. Nunca es tarde para dedicarse a otra cosa y ganar plata.

Cierro con una propaganda de Benson & Hedges. Actuaba el gordo Caseros, hacía de un chauffeur de limusina que trataba de ser fino pero no le daba ni a gancho. Al final de la propaganda miraba a cámara fumando y decía “Convensancén, esto no es pa´cualquiera”

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