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Tintas rosarinas

21 de diciembre de 2012

¿Qué es dirigir?

Mónica Discépola Por: Mónica Discépola

Dirigir es intuir algo que todavía no existe, algo de lo que se tiene sólo algún recuerdo (aunque no haya existido antes) o alguna premonición (aunque nunca llegue a realizarse).

Tal vez, la intuición no sea más que eso, “sacar” afuera, en forma de palabras, imágenes, sonidos, ritmos, lo que durante toda nuestra vida se ha ido decantando, casi sin darnos cuenta (emociones, recuerdos, lecturas, informaciones, la voz de otros, lo que vivimos y lo que no vivimos, lo que escuchamos o nos contaron, lo que nos abrió la cabeza o nos dejó indiferentes, lo que amamos y lo que nos espantó, lo que no entendimos, lo que nos iluminó).

Dirigir es buscar un cruce, un intento de síntesis, entre nuestro pensamiento, la información que manejamos, el conocimiento que fuimos incorporando, las técnicas, las poéticas ya conceptualizadas y la producción intuitiva.

Para que esa intuición se transforme en algo concreto hay que encontrar los materiales, descubriéndolos o reconociéndolos.

Los actores son los mediadores más importantes y fundamentales para ese paso de lo intuido a lo real.

Para dirigir, necesito actores que confíen en mí.

Actores que no me exijan respuestas previas, que acepten mi caos, mis dudas, mis contradicciones.

Actores que estén dispuestos a buscar conmigo, algunas veces sabiendo qué buscamos, otras veces tanteando al azar.

Actores que se presten a ser parte de un todo, sabiendo que más importante que su actuación es la totalidad, dispuestos a trabajar para la mirada de los otros más que para su propia satisfacción.

No hay entrenamiento de los actores por fuera de la poética del proyecto, ni poética posible pensada en abstracto.

La dirección de actores y la puesta en escena no son dos etapas de una totalidad, son una única búsqueda que se da en el mismo tiempo y situación.

Me gustan los actores que pueden fragmentarse, pero no en el sentido de la antropología teatral, no en cuanto a un cuerpo disociado, sino en su pararse ante el material dramático. Actores que puedan entrar y salir rápidamente, cambiando de personaje durante la obra, cambiando abruptamente de registro, dando saltos emocionales que no tienen tiempo de transformarse en proceso, provocando rupturas del sujeto discursivo. Actores que confíen en que la estructura narrativa y los elementos y signos de la puesta están, como una red, como una trama, dando sostén a todo lo que parezca incompleto, pobre, insuficiente.

No hay actuación que pueda pensarse en sí misma, por fuera del espacio, del ritmo, de la música, de los objetos.

Del mismo modo los espacios, el ritmo, la música, los objetos, existen sólo mínima y efímeramente antes que los actores.

Dirigir es provocar a los actores para que sean verdaderos productores de sentido, un sentido que es ideológico, que también involucra a lo comunicacional, y que, más allá de las múltiples lecturas de los espectadores, del lenguaje no transparente, de lo no unívoco del arte, nos hace responsable de lo que estamos contando.

La intuición a veces rápidamente encuentra su justificación lógica, racional, analítica, y uno tiene la sensación de que todo está en orden.

Otras veces no hay manera de saber por qué sigue ahí, obstinada, molestando. Hace falta tiempo para entender, o para no entender y aceptar aquello que de todas maneras es inevitable.

Las decisiones de dirección, ¿qué contar? ¿con qué registros de actuación? ¿con qué signos de puesta? ¿con qué palabras? ¿con que estructura narrativa? ¿con que propuesta para los actores?, son partes simultáneas de una trama inseparable y misteriosa….si algo le da sentido a los problemas para coordinar los horarios de personas que trabajan 10 horas por día, la falta de plata para la producción, la angustia previa a los estrenos, el trabajo para conseguir difusión, etc, etc, es la sensación que se siente cuando algo, casi mágicamente, cobra sentido, cuando de golpe aparece “eso” que ni siquiera sabíamos que estábamos buscando….

La intuición aparece en forma de colores, de espacios, de ritmos, de una palabra que no puede faltar, de un gesto, de una acción.

Algunas veces la única manera de que la intuición se desarrolle, crezca, tome vida, es el azar. Un libro que un actor encontró buscando otra cosa, el objeto que ni siquiera recordaba que tenía, una música escuchada al pasar.

Muchas veces, los procesos de búsqueda y selección, tienen un que ver con el collage, independientemente de que cuenten una historia en forma aristotélica.

Como en los collages, nunca partimos de la nada, siempre construimos con materiales ya existentes, buscamos por todos lados, elegimos sin saber bien que buscamos y donde lo vamos a usar, cada pedazo cobra sentido cuando se pone al lado de otro y luego otro, y así se va armando…

Los materiales pueden ser de los más variados, diferenciarse en el color, o las texturas o las formas. Se arma como un juego, y es muy bueno hacerlo entre varios.

Los materiales nunca dejan de ser lo que son, no pierden su esencia al usarse, pero ganan una nueva en la totalidad. Son lo que eran y algo más.

Hay una percepción, valorización y resemantización del fragmento.

Se puede probar, cambiar, sacar y poner.

Es fundamental cómo se estructura, cómo se compone. Con los mismos elementos puestos en distinto orden o lugar la obra se transforma en otra, o puede no ser nada…lo metonímico se suma a lo metafórico para encontrar el sentido…

Dirigir es tener ganas de hacerlo.

Es tener la convicción de que hay algo (un texto, un tema, una idea, una imagen) que puede encontrar en uno, una nueva forma de decirse.

Dirigir es saber que hay un lugar hacia donde ir, pero también saber que el camino no es recto, que esta lleno de meandros, que cada vuelta es un nuevo paisaje, pero que de fondo tiene el anterior, que se retrocede, se da vueltas, se avanza, y otra vez a empezar, y que a veces, sólo a veces, se llega al mar. Otras veces se sigue dando recovecos para siempre.

Dirigir es un acto político. Es ponerse al mando. Es tener la última palabra. Es la desesperación de la decisión solitaria. Es saber que confían en vos. Es el miedo a no merecer esa confianza.

Es también, ser el único que sabe lo que pudo haber sido y no fue, lo que quedó en el camino, porque no supimos hacerlo aparecer.

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