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Tintas rosarinas

22 de febrero de 2016

Una asignatura pendiente

Nuestra responsabilidad como difusores y hacedores de teatro infantil

Daniel Tillería Pérez Por: Daniel Tillería Pérez

Este singular trabajo hace que nos llamen actores, otros prefieren apodarse teatristas y en algunas ocasiones, apelando a las poéticas del humor, nos denominamos "teatreros", sin embargo, todos estamos unidos por la misma profesión, el Teatro, la Actuación (sí, así con mayúsculas), quizá la profesión más antigua del mundo, profesión que definimos como única y maravillosa, una profesión de riesgo e inestable pero, como contrapartida, es una profesión llena de magia, de sueños posibles y de grandes satisfacciones personales y colectivas. De allí que insistamos, una y otra vez, con esto del teatro, de allí que siempre aparezca un grupo de hacedores anunciando su próximo estreno.

Existiendo en nuestra ciudad un importante movimiento teatral y debido a ello una abundante cartelera para adultos, no es fácil encontrar "teatro infantil" o "teatro infanto-juvenil"; por lo general, la oferta pasa por comedia musical o espectáculos tipo "variedades" para el público más pequeño, también hay Teatro de Títeres (y a veces muy buenos), pero teatro propiamente dicho, hecho por actores profesionales, no Y eso es un problema, es preocupante, porque no estamos pensando en el público del futuro cercano, ese público que marcará el recambio. Si los niños y niñas de hoy no ven teatro, difícilmente mañana sean público de teatro. Entonces, los profesionales del quehacer teatral deberán considerar que un público no nace por generación espontánea, también hay que educarlo, sembrar, tentarlo, acercándole una oferta variada, pensada en sus intereses. ¿Por qué hemos descuidado a esa franja etaria?

Una de nuestras mayores conquistas ha sido conseguir que el Teatro se abra nuevos caminos y esté presente en todos y en cualquier ámbito del quehacer ciudadano; así, mediante el trabajo sistemático, hemos logrado que se desarrollen talleres de teatro en vecinales, clubes barriales, sindicatos, cárceles, centros de jubilados, colegios profesionales e incluso en las universidades. Cada día que pasa, el teatro, como actividad cultural, abre nuevos horizontes en la sociedad, con ello, cada día que pasa, le ganamos un espacio al neoliberalismo, que ve las en artes sólo un medio de entretención y un producto más de consumo, simple mercancía, error, el teatro también es una herramienta que favorece el desarrollo de las metacompetencias, promueve el pensamiento crítico, analítico y reflexivo, de allí su importancia en la formación de niños y adolescentes. El teatro infantil no puede seguir ausente de la cartelera rosarina, habrá que promoverlo con urgencia.

¿Por qué resulta imprescindible que tengamos una oferta cuantiosa de teatro infantil? Históricamente en nuestra provincia hubo una infinidad de intentos para que el teatro hiciera su entrada triunfal en el sistema educativo, hoy es una realidad tangible. Tal vez en reconocimiento a la labor de años de muchos compañeros y a las luchas permanentes por construir un sitio para esta disciplina dentro de la educación común, a los que igualmente nos dedicamos a la enseñanza del teatro, nos resulta significativo que en estos momentos la materia se encuentre como lugar acreditado dentro de las diversas áreas del conocimiento y esté posicionada en igualdad de condiciones al interior de la malla curricular educacional en Santa Fe; en la actualidad, nuestra disciplina se encuentra presente en las Escuelas de Jornada Extendida y en las Escuelas Secundarias Orientadas, sabiendo que un importante número de estas instituciones se hallan emplazadas en sectores de vulnerabilidad social, contextos donde los aprendientes, sujetos de derecho, no siempre o escasas veces tienen acceso a los bienes culturales en igualdad de condiciones. El teatro también es inclusivo, por eso es preciso que permanezca al interior del currículo escolar y que pronto se expanda a todos los ciclos, niveles y modalidades. Estos aprendientes, como actividad complementaria a los aprendizajes específicos de la materia, también necesitan ver teatro, hecho por profesionales, con calidad, pasión y responsabilidad, difícilmente hoy ellos puedan elegir qué ver, porque no hay, no tienen una oferta concreta.

El Teatro infantil en tanto espectáculo, es arte y creación, es un pensamiento estético que se materializa en la globalidad de la puesta en escena y se despliega ante un público que puede decodificar el mensaje, leer esos cuerpos en movimiento, seguir atentamente la acción y la trama, donde la luz, el sonido, el vestuario y todos los signos que van apareciendo en su desarrollo otorgan el soporte elemental para representar esa historia sobre el escenario, pero también allí se plasma la ética de un grupo de hacedores, que prefirió ese texto en particular, porque a través de él despliegan un mundo de ideas, pensamientos y belleza. El teatro es un entramado complejo, que de estar bien construido, seguro que ese espectador querrá nuevamente volver al teatro, una y otra vez. Está en nosotros la conquista de ese público.

Cuando niños y niñas presencian una obra de teatro, no sólo se comprometen las emociones de esos sujetos, sino que se pone en juego lo sensorial, lo afectivo y lo intelectual, es aprendizaje significativo, es construcción de sentido y construcción de conocimiento específico, es apropiación permanente de múltiples contenidos a saber, pero igualmente es transferencia a nuevas situaciones de enseñanza y aprendizaje semejantes.

Hoy, que tenemos la asignatura dentro de la malla curricular, al tratarse de una práctica colectiva, grupal -y de grupalidad-, donde los sujetos interactúan entre sí e intercambian saberes, ésta se cimenta sobre contenidos actitudinales básicos para la convivencia intersujetos como son el respeto, la aceptación, el compromiso, la solidaridad, la búsqueda de soluciones creativas y la socialización de los hallazgos. Con el teatro se construye ciudadanía, es el “aprender a ser”. Entonces, niños y niñas que practican teatro en su escuela como parte de lo disciplinar y ven teatro como una opción cultural, será muy difícil que sean cooptados por la chatura y vulgaridad de los medios masivos.

Hoy el teatro se ha ganado un lugar en las escuelas, no es sólo la asignatura para adornar y sostener el acto escolar, está formando parte del entramado de saberes, del conjunto de aprendizajes básicos y necesarios para una educación de calidad, con equidad e igualdad de oportunidades para todas y todos. Con la inclusión del Teatro en la currícula educativa, advertimos cómo el Área de Educación Artística se fortalece y se privilegia en esa completitud. Ya no es ni da lo mismo que un educando tenga la materia como parte constitutiva de su formación integral, a que la misma esté ausente, sea algo esporádico, voluntarioso o un taller optativo a contraturno. El teatro hizo su ingreso a las aulas por la puerta grande, beneficiando a nuestros aprendientes de los sectores más desprotegidos de la sociedad del conocimiento. Los mismos derechos, las mismas oportunidades, idénticos accesos. Sólo estaría faltando que nosotros, desde el lugar que ocupamos en el universo cultural, les brindemos a los aprendientes la pata que falta para que puedan ver teatro y consumir teatro, sería una retroalimentación recíproca entre lo que practican en las aulas y lo que ven en las salas teatrales. Es por eso que deberemos presentarles una oferta permanente de obras en cartelera, muchas veces en correspondencia a los contenidos curriculares específicos.

Para nosotros, los actores y los profesores de teatro, la aparición curricular de la materia se transforma en flamante oportunidad para un trabajo genuino, se nos abre una nueva fuente laboral más y el desafío que se nos plantea no es menor, es el gran reto, porque muchos compañeros no han transitado el género infantil, desconocen ese público y sus necesidades, por lo que igualmente significa aprender de un público nuevo. El teatro nos permite acercarnos e introducirnos en el mundo del niño y del adolescente, mediante el ofrecimiento de propuestas inteligentes, destinadas al público infanto-juvenil, con sus problemáticas particulares y el mundo que los rodea. Representa una gran responsabilidad profesional subir a escena grandes textos universales pensados en y para este infinito colectivo, que año a año se renueva y se multiplica, desde donde surgen permanentes problemáticas, factibles de llevar a escena, transformándolas en arte. Si hoy, a este nuevo público emergente le ofrecemos teatro de calidad, mañana será el público que asista a las salas de teatro y prefiera la producción local, consuma y exija teatro rosarino.

Para finalizar, quiero desterrar del imaginario colectivo la idea que gravita en la mente de algunos compañeros, el prurito que expresa que el teatro educacional es un arte menor. El teatro infantil es un arte necesario, imprescindible para formar sujetos pensantes y merece ser hecho con altos estándares de calidad, la capacidad la tenemos y la materia prima está con nosotros, recordemos que los orígenes del teatro también se cimentan en lo educativo, entonces, si el producto está bien hecho, con rigor, inteligencia y respeto, el futuro del teatro estará asegurado. Ojalá, de ahora en más, surjan muchos grupos rosarinos difusores del Teatro Infantil.

Prof. Lic. Daniel Tillería Pérez

Magíster en Educación Artística

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