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Tintas rosarinas

27 de mayo de 2012

Una experiencia teatral en la sala de internación pediátrica de un hospital general

Jugar a pesar de todo o jugar sin pesar

Laura Copello Por: Laura Copello

Recuperar y poner a circular este texto, escrito en el ya lejano fin de siglo, en 1999, es un aporte (pequeño) para seguir pensando y sistematizando nuestras prácticas profesionales.

Se hace necesario leerlo en el contexto de las políticas neoliberales de los 90. El paisaje socio político actual es hoy (afortunadamente) muy distinto y experiencias como ésta se han multiplicado. Numerosos actores, titiriteros y músicos, en hospitales, salas de espera, dispensarios y en el encuentro con trabajadores de la salud apuestan a la construcción de nuevos modos de intervención, en el marco de políticas públicas democráticas y participativas.

En 2012 el Espacio de Juego sigue invitándonos a jugar.

"La Utopía

Ella está en el horizonte

Me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos

Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá

Por mucho que yo camine nunca la alcanzaré

¿Para qué sirve la utopía?

Para eso sirve: para caminar" (Eduardo Galeano)

El modelo cultural actual es un modelo de vaciamiento y banalización que minimiza y desjerarquiza. La despolitización y desindicalización adquieren proporciones jamás alcanzadas. Las grandes cuestiones políticas, económicas, filosóficas, sociales o militares despiertan poco a poco el mismo interés que cualquier suceso.

El exceso de información nos abruma e impide cualquier emoción duradera. Incapaces de procesar o interpretar la realidad nos perdemos en un laberinto informativo.

Nuestros cuerpos están sometidos a exceso, no sólo de información sino de imágenes no percibidas, de servicios, de modelos culturales, de todo tipo de consejos que consumimos a elevadas dosis. Prestamos atención a todo, que es lo mismo que no estar atento a nada.

Este modelo económico crea marginación y somos convocados a consumir aquello a lo que no podemos acceder. ¿Cuántas veces por día intentan convencernos de que quien no compra no existe y quien no tiene no es?

A fuerza de reconversión, gerenciamiento, desregulación, flexibilización, circuito financiero, el sistema arroja cada vez más pobres a las calles y condena cada vez más gente a la desesperanza y la desesperación.

Cambios vertiginosos, destrucciones cotidianas y creaciones efímeras rápidamente reemplazadas por otras. Con rapidez asombrosa aparecen objetos cada vez más perfectos y más sofisticados que se reemplazan unos a otros.

En este movimiento continuo y vertiginoso quedamos sorprendidos en un mundo donde se desdibujan los contornos, somos convocados a ser consumidores, mercancía, usuarios, material de descarte. Aparece el "sin sentido", el "da lo mismo".

Una cultura que supuestamente enaltece el cuerpo y nos llama a ser siempre jóvenes y bellos, pareciera pulverizarnos y generar sujetos fragmentados. No podemos crear proyectos de vida, somos multitudes de individuos aislados que sentimos que el cuerpo sobra porque quedó fuera de algo.

Desdibujado el mañana, quedamos desamparados en un presente precario y frágil, sometidos a una tensión excesiva que afecta el imaginario, el modo que tienen los pueblos de entenderse a sí mismos.

Esta tensión impacta, paraliza, dificulta la posibilidad de simbolizar o metaforizar. Imposibilitados de establecer contactos llevamos todo al propio cuerpo, que deja de ser "una fiesta", allí aparece el síntoma, la enfermedad.

Especial institución es un hospital: sufrimiento, dolor y muerte hacen a las condiciones en las que el equipo debe trabajar, en el encuentro con pacientes que buscan alivio o cura. Pacientes que por lo general pertenecen a la franja más afectada por la crítica situación económica (1).

En la búsqueda de estrategias de intervención que puedan mejorar las condiciones de internación de un niño y su madre, la construcción del equipo de salud es el horizonte de la utopía. Construcción que quizás sea posible si apostamos a un encuentro con otros: un paciente, una familia y entre nosotros mismos (médicos, psicólogos, enfermeros, titiriteros, trabajadores sociales).

El niño internado es expulsado de la cotidianeidad, de su familia, de la escuela, de sus lugares de juego, y queda en manos de especialistas y tecnologías, sorprendido por este mundo desconocido que implica padecer enfermedad, ser sometido a prácticas médicas que agreden su cuerpo, permanecer en la cama a lo largo de toda la internación, perder el contacto cotidiano con sus hermanos y amigos, no comprender que le pasa y a veces soportar tratamientos que se prolongan por años. Para una madre, la internación de un hijo significa temores, angustia, preguntas que en general no logra formular, horas que transcurren para convertirse en eternas, en un tiempo sin cortes, tan solo esperando y sufriendo ante la realización de una práctica médica. También implica dejar a su compañero, resolver cuestiones familiares, tener la percepción de que abandona a sus otros hijos, dejar el trabajo (cuando lo tiene) y a veces sentir mucha bronca y mucho dolor.

La muerte no queda fuera del hospital, mora en sus paredes y no sólo cuando nos desnuda la paradoja de la muerte de un niño. Lo mortífero es portado por la institución y el equipo cuando en su monótona repetición de rituales y dispositivos no puede hacer lugar a la singularidad, o cuando intentamos encubrir lo que en la política sanitaria falla: carencia de medicamentos, salas inseguras, falta de agua caliente y/o de luces y personal sobrecargado de trabajo y mal remunerado.

Es en este punto donde nos convocamos para inaugurar un espacio donde sea posible jugar, convocamos y nos convocamos a jugar, lo lúdico es el territorio donde intentamos reconstituir aquello que en la batalla con el sufrimiento y la muerte queda por fuera de la práctica hospitalaria. Nuestro intento es que una nueva práctica sea posible. El Espacio de Juego intenta reconstituir algo, soportar algo de lo que resulta insoportable.

El teatro de títeres aporta una fuerte carga de simbolización e integra variadas formas de expresión: plástica, corporal, musical, oral, aparece la palabra y el cuerpo, el color y la forma, el sonido y el silencio, el espacio propio y el que se comparte con otros. Nos convoca a apostar a la creación, entendida ésta como construcción, búsqueda de sentidos, que permite la aparición de un sujeto activo y dinámico en una posición diferente del que espera. Creación que posibilita descubrir y establecer nuevas relaciones con el otro y encontrar respuestas a cuestiones propias. Creación que permite la aparición de los miedos, las fantasías y deseos, y también, el buen humor y la alegría.

Juego con títeres, acción y movimiento, "hacer" para salir de la pasividad, hacer para mediatizar el dolor, accionar para poder entrar en un tiempo y espacio distintos, encontrar un espacio posibilitador. Recuperar las palabras, la historia de cada uno, encontrar una escena diferente para el niño y su madre. Donde los chicos con sus miedos puedan representarse más allá de la propia patología. Donde esa madre pueda sentirse protagonista de la recuperación de su hijo. Dar lugar a la pregunta. Esa madre se pregunta ¿podré jugar?, quizás después pueda preguntarse sobre el valor que tiene jugar en la relación con su hijo o preguntar a los médicos eso que "no sabe" sobre la enfermedad de su hijo.

El Espacio de Juego aparece como facilitador de intercambios en lo que hace a los cuidados maternos, de las preguntas de las madres en relación a las prácticas, de la instrumentación médica a partir de que el niño pueda recibirla de un modo diferente, de la integración de los psicólogos con los pacientes, Además alivia el trabajo de enfermería en el transcurso de la jornada de juego, aparece como instaurador de intercambios simbólicos y mejora la calidad de la internación, sobre todo en pacientes oncológicos o con enfermedades crónicas, que deben soportar internaciones prolongadas.

No podemos eliminar el malestar que implica la enfermedad ni la preocupación de la madre, ni el fuerte impacto que provoca en un grupo familiar la enfermedad de un niño; el malestar adquiere un carácter diferente, a veces una suspensión.

Sólo podemos abrir caminos, facilitar espacios de creación, generar confianza, propiciar la cooperación sobre la competencia, intentar la aparición de nuevos lazos.

Llegaron los títeres y Carlitos, con gran parte de su cuerpo quemado, presumiblemente por maltrato, pudo sonreír. Y Graciela, manipulando una, princesa, acarició a Ayelén. Y Marisa, recién operada del paladar, hace hablar a un rey. La mamá mira sorprendida y feliz. Y hay una pequeña escena incompleta con huecos que llenan Marta y Teresa y Viviana y Adriana, inventando historias con sus títeres.

Y los títeres son instrumentados, transfundidos, inyectados, por Belén y Raúl, que intentan curarlos

Llegaron los títeres para ponerles palabras como si fuera un otro, para que aparezcan la alegría, la risa y la poesía y a veces también los títeres tienen bronca, gritan y patalean, casi como en la vida misma. Esa es la apuesta, dar lugar a la vida...

Fragmentos que arman una historia diferente: sonrisas, cuerpos menos tensionados, comunicación, volver al vínculo y al contacto.

Todos los lunes al mediodía, durante varias horas, intentamos jugar a pesar de todo o jugar sin pesar.

(1) Reitero la necesidad de recordar que este análisis fue realizado en el marco de las políticas neoliberales de los 90.

Rosario 1999

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