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Tintas rosarinas

22 de junio de 2012

¿Desde dónde se empieza a escribir una obra?

Juan Pablo Giordano Por: Juan Pablo Giordano

Escribir desde el cine, desde la literatura, desde la historia de un país, desde una idea, desde los ensayos…

Siempre me apasionó el género policial por lo que hace un tiempo me propuse escribir varias obras a partir de este maravilloso género, desde la trama policial, o protagonizadas por policías o ex policías.

Películas como “Double Indemnity” de Billy Wylder y “ Touch of evil” de Orson Welles, o novelas como “El hombre enterrado” de Ross Mc Donald, y “Cosecha roja” de Dashiel Hammet me llevaron en mi adolescencia a descubrir este mundo de historias oscuras y marginales, donde la impunidad no sólo es entendida como la posibilidad de una persona de eludir la cárcel por cometer un delito, sino como la característica de alguien que toma decisiones sin importarle el prójimo, sin importarle el daño que pueda causar a una familia, y sin importarle su propio final

Reza una definición: “La novela policial es un relato que busca establecer por medios racionales las circunstancias exactas en que un acontecimiento se realizó, y estimular la atención y el gusto por la trama bien construida que hace hincapié en el desarrollo de ésta, por lo que el lector se ve obligado a seguir la trama hasta conocer la resolución del conflicto.”

Ahora, ¿Cómo se lleva esto al teatro?

El teatro a diferencia de la novela se desarrolla en el espacio y en el tiempo.

El desafío de la dramaturgia es que se escribe para poner en escena. El espacio tiene un lugar determinante, es donde se llevan a cabo las acciones que motorizan estas historias que conducen al descubrimiento de un crimen, o al crimen mismo. Y el tiempo del teatro es siempre el tiempo presente. Las circunstancias en las que se cometió un crimen o qué sucederá después con el asesino tienen su importancia; pero sin dudas el temor del asesino a ser descubierto, la posibilidad de un nuevo homicidio, la incertidumbre de los protagonistas, de los espectadores, la tensión de los cuerpos en escena es lo que hace del teatro un arte vivo, puro presente.

La tensión de los personajes se verá en sus charlas. Se enfrentarán, ya que cada uno querrá imponer su objetivo sobre el del otro. Esa tensión es la cornisa por donde caminarán los protagonistas de una obra y la misión del dramaturgo en el momento de la escritura es observar a los personajes, sin imponerles acciones. “Verlos actuar”, dándoles de esta forma un libre albedrío para ser nosotros, los autores, los primeros sorprendidos de lo que son capaces nuestros personajes.

Buscar la palabra justa para cada momento, las pausas durante un dialogo, el silencio que sugieren algunas palabras, las acciones que le siguen.

De esta forma se da la información necesaria para no sólo hacer avanzar la escena, sino para ver de dónde vienen los personajes y cómo llegaron a esta situación que los pone en un límite.

Esa “tensión”, de la cual el dramaturgo es el primer espectador, es la base del teatro.

Con estos elementos se pueden construir muchas historias, no sólo violentas, sino con trasfondo social, o incluso con humor. Pero hay algo que tendrán en común todas las obras: la moral y ética de los personajes no quedaran bien paradas.

Pero no sólo el cine y la literatura son un punto de partida. La historia, y sobre todo la historia argentina, ha sido más de una vez mi principal musa. Porque la historia argentina es una de las más complejas del siglo XX.

Cuando estudiaba guión de cine y TV en Buenos Aires leí mucha literatura rusa: Tolstoi, Chejov, y sobre todo Dostoievsky. Es entonces cuando descubro que todos los problemas de la Rusia pre revolucionaria, la pobreza, la decadencia de la aristocracia, estaban plasmados en sus obras, no como denuncia, sino como espejo de lo que estaba pasando.

Dostoievsky trató todo el tiempo de teorizar sobre “el hombre ruso”. Los comparó con los franceses, los suizos, los ingleses. Su afán de entender al hombre ruso aparece en la escritura de “Crimen y Castigo”, “Los hermanos Karamozov”, “El Jugador”; porque muchos de estos rusos desafiaban a la burguesía decadente, incluso hurgando en el pensamiento revolucionario (como Raskolnikov cuestionándose sobre la justificación de la violencia en pos de dichos ideales).

Cuando comencé a escribir la Saga “Argentina Arde”, con Pablo Fossa nos preguntábamos cómo es el argentino, qué piensa.

¿La solución argentina a los problemas argentinos es la prepotencia? ¿Entrar a un lugar y desarmar todo lo que está, porque el anterior no hizo nada, pero nada, lo que se dice nada, bien? ¿Qué sucede con la memoria colectiva de los habitantes de un país, cuando su propio ejército, con sus propios aviones, bombardea su propio país, como lo fue el tristísimo bautismo de fuego de la marina, aviación y parte del ejército argentino que bombardeó la Plaza de Mayo en 1955? ¿Esos militares argentinos que tanto admiraban a los Estados Unidos e Inglaterra habrán pensado que el ejército norteamericano hubiera bombardeado Washington DC, o que el ejército británico hubiera bombardeado el palacio de Buckingham? Y ya entrado el siglo XXI el absurdo “corralito”, o cómo un banco puede cometer un delito quedándose con los ahorros de sus clientes, pero al ser amparado por un decreto presidencial deja de ser ilegal aunque siga siendo profundamente inmoral.

Este robo legalizado afecta a los protagonistas de “EL Túnel del Banco” (1) (obra que escribí como becario INT) que indignados deciden robar la bóveda de la sede central del Banco Nación, mientras arriba en la Plaza de Mayo comienza el estallido del 19-20 de diciembre.

Mi temprana formación como guionista me instó a construir una historia desde la trama, algo de lo que es difícil desprenderse a la hora de escribir teatro. Pero el ejercicio de la dramaturgia me ha ayudado a descubrir que hay otros lugares desde donde comenzar a escribir una obra, e ir encontrando en la escritura la tensión de las imágenes, ver el peligro en el que se encuentran los personajes y ser el primer sorprendido de sus acciones.

(1) EL TUNEL DEL BANCO fue premiada con una Mención de Honor en el Concurso Nacional de Dramaturgia del Fondo Nacional de las Artes en el año 2011.

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