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Críticas

4 de julio de 2012

La vida en la palabra

W! Noche Edipo

Federico Aicardi Por: Federico Aicardi

Hay veces en que algunas experiencias de nuestra vida nos hacen volver a repasar lo que vivimos, la muerte de un ser querido, la llegada de un hijo, el fin de una etapa, esos momentos que funcionan de bisagra de nuestra propia historia, la que nunca escribimos en papel pero con la que siempre discutimos frente a un espejo o frente a un psicoanalista.

Pero ese relato de nuestras vidas es principalmente eso: un relato, un cuento, una interpretación de lo que recordamos que alguna vez nos sucedió. Así la veracidad de nuestras propias existencias está siempre velada por lo que recordamos o por lo que escuchamos de ese otro que alguna vez corrigió eso que creíamos que era de aquella forma. “No, era viernes a la tarde” y nosotros juramos durante años que había sido un martes a la mañana. De esta forma la historia de nuestras vidas es eso, un cuento que contamos diferente cada vez. Esto es “W! – Noche Edipo –“, un relato que alguien relata.

La obra escrita y dirigida por Esteban Goicoechea (Mirta Muerta, el miedo), que cuenta con la asistencia de Paola Chávez y la enorme actuación de Miguel Bosco (más adelante nos vamos a detener en el carácter de “enorme” de su actuación), se inscribe en ese género, que tan bien se vio en el dramaturgo alemán Heiner Müller y su “Máquina Hamlet”, que puede denominarse como metateatro, esto es, el teatro que habla del teatro. Y esto es así porque W (vaya a saber quién es este personaje) nos recibe en su casa para contarnos la historia de Edipo, el personaje de la tragedia de Sófocles, desde su propio ángulo, un ángulo que lo encuentra muchas veces como partícipe de la tragedia, otras como mero espectador, otras como juez y otras como actor de la misma.

No sabemos qué lugar ocupa ni qué es lo que lo llevó a invitarnos a su casa pero allí estamos, escuchando su relato que construye su vida. Al costado, un teléfono que suena y que W atiende, una comunicación que muta de interlocutor, a veces habla con Edipo, a veces con el mismo, a veces no sabemos con quién. Detrás, un tocadiscos que suena melancólicamente. Al costado, una silla que será el trono y la máquina donde W se metamorfoseará en Yocasta. Al frente, el campo de batalla donde rodarán cabezas. Fuera, el balcón, la puerta y la nada. Así, la fábula de Edipo es interpelada por Goicoechea, Bosco y Chávez de la misma forma en que Hamlet fue interpelada por Müller y el periférico de objetos.

Pero “W! – Noche Edipo –“ y su relación con la tragedia de Sófocles no termina ahí. Como todos sabemos, Edipo arranca sus ojos luego de enterarse que su enamorada era en realidad su madre y hay algo de ese “no ver” en el trabajo de Pata de musa. Es que la enorme actuación de Bosco no nos deja ver que W es un personaje, que el espacio Madma (Balcarce 837) no es su casa y que no estamos solos con él. De alguna forma nos quitan la posibilidad de ver que hay un director detrás porque los “hilos” que en algunas obras vemos desaparecen ante la magistral actuación Bosco. El actor no es nadie más que W y nos tenemos que hacer acordar que es un actor para no entrar en su delirio. Miguel logra hacer eso que es tan complicado de ver en las tablas, logra ser alguien y acá es W, es W haciendo de Yocasta, es W contando que “un calesitero viste su calesita” y si no fuese porque su realidad es una construcción discursiva, al terminar la obra, lo invitaríamos a seguir tomando ese rojo rojo rojísimo vino y charlar. Pero, ahora que recuerdo, eso es imposible, no se puede llevar a cabo, W hará algo que lo emparentará aún más con Edipo, no se arrancará los ojos pero si suicidará eso que lo construye, eso que le da la posibilidad de ser y le será imposible retornar a ese relato que fue la excusa con la que nos atrapó. Ahí quedará solo en su tragedia y para nosotros será el fin de esta noche, esta noche Edipo.

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