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Críticas

30 de mayo de 2013

Horizontes de proximidad

Verona

Anahí Lovato Por: Anahí Lovato

Alguien, alguna vez, comparó a Verona con los abordajes familiares de Claudio Tolcachir. Deslizó la analogía casi como un esbozo entre otras tantas líneas de un nutrido texto. Apenas la leí, se me ocurrió exagerar el acercamiento.

Entonces, empecé por releer la crítica que Macarena Trigo hace a modo de prólogo de la edición 2010 de La omisión de la familia Coleman. Me pareció que en algunos pasajes hablaba de los Coleman. En otros, hablaba de Adriana, Gabriela, Cruz y Goyo, los cuatro hermanos de la trama de Verona. Y hablaba, también, de mí.

En Verona, tres hermanas encerradas en un baño intentan resolver quién se hará cargo de los cuidados de la madre, enferma de Párkinson, envejeciendo apresuradamente. A lo largo de la charla, subrayada con destellos descabellados, se construye la historia individual de los personajes y, también, del colectivo familiar, con sus costados comunes y sus incongruencias.

Por qué las mujeres vamos al baño en grupo es una de las grandes incógnitas humanas que la antropología no ha podido resolver. Haciendo a un lado las explicaciones de género, lo cierto es que el baño de esa casa (donde se celebra un cumpleaños con muchos invitados, música, torta, velitas y anuncios) es el reducto más íntimo para que las hermanas puedan conocerse, a pesar de haber compartido décadas bajo el mismo techo.

Es así: aunque hayamos crecido juntos, nunca terminamos de conocer a nuestra familia. Mejor aún: nuestros familiares nunca dejan de sorprendernos. Y Adriana ciertamente sorprende -y descoloca- a Gabriela y Cruz con sus confesiones desde la bañera. En la comunión de la vida de esta familia, el cambio de eje de una de las hermanas obliga a las demás a reorganizar su vida. O, al menos, a aferrarse con fuerza a la defensa de sus egoísmos.

Verona es una historia profundamente femenina. En el texto de Claudia Piñeiro, al igual que en el de Claudio Tolcachir, la familia se compone en la ausencia del padre. De hecho, en la obra que puede verse en San Martín 771, la masculinidad es casi inexistente. Griselda Centini, Antonela Cattaneo y Melina Dell Oste encarnan a las hermanas mayores, mientras Sebastián Sandoná ocupa el lugar del ambiguo hermano menor.

Afortunadamente, muchas obras de la cartelera rosarina exploran el tópico espinoso y fértil de las relaciones familiares. También el estar, el compartir, el convivir con horizontes de proximidad muy reducidos.

En Verona, la puerta del baño separa y une, incluye y excluye. La puerta del baño es el límite. Más allá, las responsabilidades que nadie desea. Por momentos, el baño puede ser refugio. En ocasiones, el campo de batalla, el mismísimo centro del caos.

"Hay algo sórdido y doloroso en el modo en el que los personajes se relacionan y, poco a poco, se va descubriendo un mecanismo interno en el que priman el egoísmo, la violencia y el chantaje", sostiene Macarena Trigo sobre los Coleman de Tolcachir. Pasa, también, en la Verona de Piñeiro, en el Teatro La Morada, con dirección de Leandro Aragón, los viernes a las 21.30 hs.

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