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Críticas

25 de mayo de 2012

A 18 centímetros de lo real

Trip

Federico Aicardi Por: Federico Aicardi

Una persona espera el colectivo, espera que llegue, que llegue algo, que llegue eso que espera, tiene una idea, piensa que su idea es como un colectivo porque esa idea no es nada, es la sensación de que eso que tiene se va a transformar en algo concreto, concreto como el cemento, concreto como el colectivo que espera, que aún no es colectivo, es espera, pero está el colectivo, está en su cabeza y no es colectivo, es la idea de un colectivo y la idea que tuvo se transforma en un colectivo que es esperado, ya perdió la idea, el colectivo y la paciencia. Así todo lo concreto se desvanece en el momento en que lo pensamos y caemos en cuenta de que nada es concreto, ni siquiera el cemento. De esta forma se piensa Trip, la obra que CTO (Compañía teatro de la obscenidad) presenta todos los viernes de junio en AMMA (Urquiza 1539), como un estado ideal, imaginario de lo concreto.

El trabajo escrito por María Sol Portillo Arias, dirigido por Arias y Marina Perin Bistmans y protagonizado por Perin Bistmans, Julio Chianetta, Carolina Diez, David Fiori y Hernán Olazagoitía es un viaje (no se me ocurre otro término menos obvio) hacia la realidad alterada de Boris, escritor casi frustrado de historias casi mediocres, tiene una casi hermana que se llama Sandi, una casi novia, casi amante, llamada Mona, un casi ex novio de su hermana, que se llama Gustavo y un casi jefe o casi editor que se llama Pierre. Todos casi hablan español, lo hablan mal, con acentos, no lo hablan en una casi Paris que se no se entiende como tal.

Así Boris se encuentra atrapado por sus fantasmas (en el mejor sentido Arltiano y su “fabricante de fantasmas”) que no lo dejan terminar su novela, se la aceptan, se la critican, se la escriben, se lo impiden y él se imagina escribiendo algo que no termina de escribir. Su pluma no avanza, tampoco la “historia” en el sentido aristotélico de la palabra, estamos en un siempre presente que no avizora futuro porque, en palabras de la autora, “la belleza indiscutible está en este “siempre” momentáneo que ya no se puede cambiar; porque es y ya fue”.

En Trip todo “es y ya fue” y todo “no es y nunca lo podrá ser” porque nada es lo que es. El lenguaje no es directo, no existe. La comunicación es una utopía. Las mandarinas y naranjas tienen en su acidez el contenido lisérgico que el Sargento Pimienta y su club de corazones solitarios utilizaron para sentirse “within you, without you”. Pero Trip no es una construcción enajenada, está a 18 centímetros de la realidad o realismo, un poco corrida, ese lugar que confunde porque es reconocible pero no tanto.

Así Boris se/le pregunta a su hermana “¿vos sos real?” y nosotros nos preguntamos si ella, Pierre, Gustavo y Mona son reales o construcciones de una mente que esta en este hermoso siempre que terminaría con el punto final de su novela. La pregunta es: ¿Quién quiere terminar algo hermoso por más imaginario que sea? Nadie, creo yo, porque la realidad es obscena, entendida como repulsiva y detestable y todos nos construimos lugares a 18 cm de la realidad (realidad que no es real sino que está “basada en hechos reales”).

Trip se termina siendo una experiencia sobre la alteración de la sensorialidad, sobre lo relativo de la existencia, sobre lo engañoso de la experiencia. Es la experiencia de comer una mandarina que siempre es mandarina hasta el momento en que lo deja de ser y la mandarina, la experiencia deja de ser experiencia y las sensaciones no se sienten porque el “siempre” se transormó en “después” y en ese lugar ya no queda nada más que realidad.

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