TeatroEnRosario.com
 

Críticas

9 de mayo de 2015

La traba moral

Señor puta

Leonel Giacometto Por: Leonel Giacometto

Lo mostrado con ferocidad pero sin crudeza, generalmente, da cuenta de una visión sospechosamente inocente sobre la brutalidad misma de lo mostrado, y sobre cuán hondo (o no) se puede indagar una cuestión para demostrar y demostrarse que lo sobreentendido, las faltas y la desinformación, a veces, son prejuicios cuya moral nos nubla la mirada de todas las cosas posibles. No vemos lo que está ahí sino que lo juzgamos antes, y así, ya no estamos viendo nada más que lo que creemos creer, apenas un vestido, un disfraz prostituto.

El teatro siempre encuentra cuerpos para exorcizarse y seguir existiendo. Parece una pavada pero no lo es si se tiene en cuenta que el teatro, haciéndolo desde donde uno lo hace, no asegura, por ejemplo (de ningún modo) un rédito económico. Pero sí te deja vivir. Vivir de otra manera. Otra pavada -al parecer- pero no, si se tiene en cuenta que el teatro es, digamos, la actividad artística colectiva más a mano, para bien y para mal, que tenemos todos los humanos (además de bailar). Lo que se hace con eso es otra cuestión.

En Rosario, el teatro que más circula y circuló, el teatro que más se produce y produjo, es aquel venido de la llamada “creación colectiva”, es decir, la obra que uno ve es el resultado de un grupo puesto en marcha desde el vamos, sin texto teatral escrito al comenzar y sin roles necesariamente distribuidos. Por eso, generalmente, el autor como tal no existe y el director es, a veces, el resultado de muchas miradas, de muchas opiniones puestas en juego. La también llamada “dramaturgia del actor” es una versión más moderna de aquella pero con el director-dramaturgo, a veces, como cabeza de compañía.

Se le suma a lo anterior un nuevo grupo de grupos, una nueva y visible corriente de creadores teatrales que comparten cierta “bizarría” en común, poética digamos poco usual últimamente en las salas, pero no tanto entre artistas plásticos o en determinados espacios bailables de ciertas “tribus urbanas”, algunos pubs, algunos rincones desde donde se ve (pero no se es) lo que está en lo penumbroso de lo enceguecido, en los bordes de los géneros y al desamparo de la marginalidad. Así, el grupo Chatarra de Osamentas, pergeñó Señor puta, su primer espectáculo horizontal como grupo, sin director, y con la premisa de estallar los costados morales y bienpensantes de lo que cada uno podría suponerse que es la prostitución. Y se habla de la prostitución más expuesta, la de la noche, la de la calle, la del afuera, la de la esquina, la de dos dos personas, una mujer (María Cecilia Borri) y una travesti/transformista (Luciano Ciarrocca), un Romeo y una Julieta de la calle que se amenizan la noche con un músico que canta y toca temas de Astor Piazzolla, al tiempo que nos meten y nos sacan de una historia que parecería estar armándose a medida que va sucediendo Señor puta. Este recurso de “teatro dentro del teatro” es común en esta nueva camada de creadores, aunque sólo sea utilizado como eso: como recurso.

El recurso sólo es recurso y no procedimiento dramatúrgico, cosa que a veces trifurca inútilmente el sentido escénico. Entonces, haciendo agua a veces, entre la sidra y la cerveza, el continuo del derrotero de estos dos personajes en Señor puta es más expositivo, ilustrativo y didáctico que inquisidor, volitivo y enérgico generando, por momentos, disrupciones hacia lo demostrativo sin contenido (teatral) visible. Invisible no tienen nada estos personajes. Expuesto todo en Señor puta, sólo el teatro estaría siendo el que pide carne, y no la cuestión prostituta en sí.

“Todos somos carne en venta”, quiere la puta que le escriban con pedazos de vidrio en el abdomen cuando yazca muerta ahí, donde dice que el destino la llevó a querer vivir y morir, o en cualquier sala de hospital, mal atendida por una enfermera siempre irreflexiva pero práctica, o en la esquina donde goza el dolor de lo que es, con una travesti enamorada a su lado, que quiere ser artista, y un músico que como un linyera o un partener, documentan en escena una de las profesiones fundantes de la economía rosarina en las primeras décadas del siglo pasado. Si no más.

Ficha técnico-artística

Título: Señor puta

Autor: Creación colectiva

Producción: Grupo Chatarra de Osamentas Teatro

Actúan: Luciano Ciarrocca y Marìa Cecilia Borri

Músico en vivo: Andrés Thobokot

Vestuario: Agostina Prato

Diseño gráfico: Pablo Spangaro

Asistencia técnica: Cristian Martínez

Fotografía: Rafael Equivocado

Nota publicada en la Revista Mateo de la Asociación Argentina de investigación y crítica teatral Aincrit - http://leemateo.com.ar/?p=794

Archivo

<<
>>