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Críticas

18 de abril de 2010

El final como el principio

Se finí

Miguel Passarini Por: Miguel Passarini

Reseña de "Se fini", del grupo Hijos de Roche, con dirección de Romina Mazzadi Arro, y las actuaciones de Sofía González y Francisco Fissolo, estrenado en el Centro de Estudios Teatrales (CET, San Juan 842) Funciones2008, 2009

“Se finí, se terminó, se acabó, ya está”, dirá Matilde, mientras guarda algunos trastos en un bolso marrón, como su ropa y como la vieja cómoda con espejo redondo de los años 50 frente a la que está sentada. Después se dispone a partir. En el fondo, el “Padam...Padam”, de Edith Piaf, marcará la cadencia de una decisión que fue tomada, finalmente, tras algunas cavilaciones. Sin embargo, cuando Matilde intente salir de su pequeño y protegido mundo por una puerta aún más pequeña, deberá enfrentarse al forajido Hernán, que ingresará escapándose de una redada policial que acontece a metros de la casa. Hasta allí todo indica que lo que se ve podría tratarse de uno de los tantos casos de inseguridad que acontecen a diario, de no ser porque allí hay algo que no encaja, no cierra, algo que no es lo que parece ser a primera vista. En Se finí , último trabajo de la dramaturga y directora Romina Mazzadi Arro al frente de Hijos de Roche, conviven dos situaciones temporales: la de un ayer en la presencia de Matilde y la de un presente, en la irrupción de Hernán. Sin embargo, se trata de dos mundos superpuestos a partir de una serie de sutilezas armadas desde el realismo, un campo que, pareciera, la directora comenzó a transitar desde su trabajo anterior, el logrado biodramaInsoportable (el término de un largo día), donde además tomó conciencia de algunos factores de producción, algo que reafirma en su nuevo trabajo.

Ya no es ahora el absurdo el mundo del que se apropia la directora para redimir a sus personajes, más allá de ciertos guiños que confirman, como en todos sus trabajos, su impronta personal, en la que muestra situaciones pero nunca juzga la moral de los involucrados. En Se finí, una de las obras ganadoras de los Proyectos de Coproducciones Área Teatro de la Secretaría de Cultura municipal 2008, podría decirse que Mazzadi Arro incorpora dos contextos ya vistos en sus montajes: por un lado, aparece aquí el juego macabro del sometedor-sometido del recordado Hasta la exageración (o ir nada más que hasta el fondo), y por otro, la temática de la inseguridad, con un afuera que espanta a un adentro “protegido”, que fue eje en Amilcar (el fantasma de la inseguridad).

Ahora, con pasajes que remedan viejos melodramas al tiempo que se alejan de cierta exaltación vista en los anteriores trabajos, Hernán jugará con Matilde al cazador cazado, dejando entrever otra de las capas de la espesura del espectáculo en la que, al parecer, se está contando un juego que fue pactado con anterioridad por estos personajes. Sucede que algo une a Matilde y Hernán (podrían ser hermanos, madre e hijo, dos viejos amantes), algo late allí en lo que no se dice. Hay miradas que desnudan una complicidad escondida, algo que los actores manejan con la necesaria naturalidad como para volverse verosímiles. Por otra parte, y como en sus anteriores propuestas, incluido el período de los triángulos (Como si no pasara nada, Más de lo mismo, Uno busca lleno), la directora vuelve a trabajar a partir de una idea de dramaturgia clara, pero muestra un notable crecimiento en ese terreno.

El soporte dramático de Se finí, independientemente de los muy buenos desempeños actorales, está en la escritura, en una historia que si bien tiene correlato con otras teatralidades ya vistas, puede desprenderse como un texto autónomo por fuera de las variables dramáticas propuestas por González y Fissolo a instancias de las improvisaciones. También hay aquí un repaso por los infiernos personales de Matilde y Hernán que traen a la memoria a la emblemática A puerta cerrada, de Sartre, en la que los personajes (en ese caso tres) son conscientes del espanto que viven pero eligen permanecer en él, al tiempo que no logran cortar con los vínculos y la dominación de unos sobre los otros.

De todos modos, y más allá del aparente realismo, la sinusoide del absurdo que ha marcado el recorrido de una década de trabajo de Hijos de Roche vuelve a aparecer sobre el final de Se finí, cuando Matilde, buscando repetir el ritual del comienzo, guarda los trastos que tomó al intentar partir nuevamente en el mueble marrón con espejo. Ya todo está dicho y pasaron, sin respiro, apenas 50 minutos. Todo parece haber acabado. Al menos así lo confirma la voz de Charles Aznavour, que con la alegórica “C’est fini” no podría ser más oportuno.

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