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Críticas

6 de febrero de 2015

Tertulia de la intemperie

Salón, el fracaso de una idea

Leonel Giacometto Por: Leonel Giacometto

La idea de poder, de algún modo, recuperar y recobrar los “buenos tiempos” es el intento de los siete personajes reunidos en “Salón, el fracaso de una idea”, la última obra de uno de los directores más sólidos y personales de la escena rosarina: Juan Hessel.

En la gráfica original de Salón…, Juan Hessel (Esperanza, Santa fe, 1964) optó por ponerle a la “o” acento francés, dando así cuenta que aquello podría, de algún modo, haber sido. Pero no. “Lo que se escucha es el picoteo de los caranchos”, dice uno de los personajes.

Quizás sea, como se dice, una excusable vanidad. Pero no les sucede a todos. Por suerte. Sería intolerable no tener otros horizontes. Pero aun así, para algunos creadores teatrales, como Juan Hessel, la devoción explícita e implícita de la literatura como materia prima de la construcción escénica es un delicado y férreo poder para hacer con la historia argentina, por ejemplo, una reconstrucción totalmente falsa de un cúmulo de hechos, sucesos y personas de la historia argentina cierta. Lo verdadero, es otra cuestión.

Un salón era el lugar donde toda la inteligencia (sociopolíticocultural) se daba cita para “tertuliar”, para hacer uso y abuso de sus influencias y apellidos, para recrearse, conocerse, amarse y hasta para maldecirse y conjurar venganzas ancestrales contra los que, del otro lado, desde afuera o desde adentro, siempre, rugían. Hoy, otros nombres nombran esas acciones y otros descendientes aun rugen; pero a mediados del siglo XIX, en el Río de la Plata, el salón de doña Agostina Núñez fue recordado como un lugar de aquellos. Entre sus paredes estuvo lo más alto. Por ahí pasaron políticos, músicos, poetas, militares, y casi todas las novedades de Europa se estrenaron allí. Luego de la caída del “caudillo” y de la sangrienta guerra civil, doña Agostina intenta volver a abrir las puertas de su salón. Y lo hace. Todo es incertidumbre, entonces, frente al hastío desolador de la derrota. Frente a la supervivencia de la derrota corre un tufo que corroe (aún más) el ambiente del salón. Y están ellos, como espantos que amenazados y débiles, rebotan por entre sus paredes: Pilar Núñez, hija de Agostina, llamada “la niña gallina” por sus poderes extrasensoriales y malditos que hacen, de vez en cuando, temblar todo el salón (un recurso escénico sencillo y genial). Hay un general de la Nación, Lucio Gutiérrez. Un párroco, Estanislao Suárez. Está Encarnación Vélez, la hermana del caudillo destituido, a quien “olvidaron” en el puerto luego de huirle a la derrota. También, preso de una tos carrasposa que más adelante se revelará como letal (para todos), un militar, Ernesto Williams, y su esposa, Mercedes Ochoa de Williams, que cumple sus deseos sexuales en el puerto, expuesta a todo, y es habitada de vez en cuando por una araña.

A estos siete personajes de “Salón”, desesperados e intransigentes, todo los encierra, a pesar de poder salir por cualquier costado. Juan Hessel (Guerra fría, Naturaleza muerta, Territorio falso, Almas fatales, entre otras) deja a los siete personajes siempre en escena, merodeándose, olfateándose las heridas, respirando la respiración del otro, crispándose con el otro en un salón todo alfombrado y opaco, apenas inducido por un criterio escenográfico donde prima el detalle como explosivo visual y no el despliegue, a veces inútil, de recreaciones temporales exactas. Estos siete seres, siempre, a gusto y a disgusto, son altamente reconocibles en el imaginario de la historia argentina de todos los tiempos, la escrita, la reescrita y la oral.

“¿Qué es todo este jolgorio? ¿Dónde está la gracia? ¿No entienden lo que nos está pasando? Estamos rodeados por todos lados, todos hemos perdido. Estamos enfermos. Yo no sé lo que me hizo creer que había una solución, una salida, que podíamos evitar esta catástrofe, ¿qué es lo estamos defendiendo? Nos convertimos en lo que odiamos. Alguien nos puso una idea que es como un bicho que nos come el alma, nos perfora, maldita la hora que pensé había una salvación. El mundo que conocemos está a punto de estallar. Sólo nos queda el horror. El horror. Somos el horror”

Así dice Lucio Gutiérrez, general de la Nación, antes de ser sentenciado por la verdad: algo viene de afuera (de África quizá) que será el germen de algo nuevo y que irá en los cuerpos de las cautivas, cuando estas mujeres, como Pilar Núñez, cumplan sus deseos de ser arrastradas por el viento y el polvo del malón. El resto, es historia. Y teatro.

Ficha técnico-artística

Título: Salón, el fracaso de una idea

Dramaturgia: Juan Hessel

Elenco: Silvia Ferrari (Agostina Nuñez), Francisco Fissolo (Ernesto Willliams), Jesica Biancotto (Pilar Nuñez), Federico Cuello (Estanislao suárez), Maite Lanuza (Mercedes Ochoa de Williams), Luis Cuello (Lucio Guttiérez) y María Romano (Encarnación Vélez)

Iluminación: Juan Carlos Rizza

Fotografía: Vicky Cabral

Diseño Gráfico: Soledad Palomeque

Dirección: Juan Hessel

Nota publicada en la Revista Mateo de la Asociación Argentina de investigación y crítica teatral Aincrit - http://leemateo.com.ar/?p=654

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