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Críticas

16 de septiembre de 2015

Falo filoso

Representación nocturna del Marqués de Sebregondi

Leonel Giacometto Por: Leonel Giacometto

Nauseabunda la bragueta de cada uno de estos personajes que hacen “Representación nocturna del Marqués de Sebregondi”, de y por Matías Martínez, uno de los directores más fecundos y personales de la escena rosarina, cuya figura remarca el torrente valioso que viene haciendo teatro en y desde la ciudad de Rosario desde fines del siglo XX, y aún sigue con la iridiscencia del primer hervor, cuando todo estaba sucediendo, pero iba a suceder.

El Marqués de Sebregondi es un personaje del universo del escritor Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires, 1940 – Barcelona, 1985), que, en prosa o en poesía, era un “homosexual activo y cocainómano”, autor de la famosa frase “Paciencia, culo y terror nunca me faltaron” (Las citas refieren “Sebregondi retrocede. Poemas 1969-1985″, Random House Argentina, 2012). Representación nocturna del Marqués de Sebregondi, con dramaturgia y dirección de Matías Martínez, construye un petit teatro de finales del siglo XIX, o un derruido paisaje entre guerras, o un salón barroco y ajado de tres “viejas locas” encerradas hace tiempo en su propio delirio fantasmagórico. El mismo Marqués (Matías Martínez, también director y dramaturgo) es el maestro de ceremonias, el Virgilio que nos conduce desde un telón que “avaginadamente” el Marqués abre hasta el vodevil corrosivo que exponen los tres, autores del crimen que relatan.

Los actores son miembros activos del último fulgor que irrumpió hace 15 años en la escena rosarina y en este caso construyen Representación nocturna del Marqués de Sebregondi a partir del universo del escritor Osvaldo Lamborghini, pero haciendo eje en su relato El niño proletario (1973), donde tres nenes abusan, violan, juegan, matan y descuartizan a otro nene, más pobre e indefenso -según se sabe- pero no exento de convertirse en la posesión entera y última de aquellos. En la obra de Matías Martínez, la tríada es de carne y hueso y actúa el místico goce asesino de los bordes carcomidos pero latentes que Lamborghini escupió al embarrado mundo porque, sabía que “escarbar la tierra es cosa de todos los días”. Mejor los cuchitriles donde los tallos mancillan, que el tonto chirrido del acostumbramiento anal, donde los agujeros están reducidos a su forma, y no a dimensión sensorial. El goce, mejor ensartado que ausente, mejor pavoneado que compensado. La vanidad del goce, mejor empalagosa que el engorro violento de la dicha.

Representación nocturna del Marqués de Sebregondi empieza con una voz en off que habla sobre el ano. Esto es una verdad siempre a medias. La del ano y del por qué no se habla más en función del goce, aunque sea extremo, aunque sea hediondo, y sí se habla, por ejemplo, de la falta de humedad a la hora de citar alguna forma siempre aprendida de memoria y por copia de hacer teatro en Rosario, cuyas búsquedas resultan tirabuzones concéntricos que conducen hacia sí mismos, dejando a todo mortal fuera, o adentro (dormido). Representación nocturna del Marqués de Sebregondi posee la virtud de ser una perla real en la coyuntura teatral rosarina. El teatro aparece y desaparece según la vista de quien mira, o según la vista hacia donde dicen que miren. De igual forma, Matías Martínez se mueve solvente en su propio terreno fértil. Desde el dispositivo escénico hasta las actuaciones, Representación nocturna del Marqués de Sebregondi resulta la confirmación expuesta que “La Piara”, el grupo de teatro original que vio la luz pública de los tres actores hacia las postrimerías del siglo XX, hoy, con Matías Martínez a la cabeza, choca y confronta la escena local con la misma potencia o, quizás esto sea lo más importante, con la fuerza de haber transitado y el presente siempre con la misma hinchazón de la potencia original del grupo.

En Representación nocturna del Marqués de Sebregondi hay un registro tonal en los actores poco frecuente en las actuaciones rosarinas. Los actores manejan sus voces, parece una obviedad esto pero sabemos que no lo es. En la puesta hay reminiscencias estéticas del cine violento y realista de películas como “La masacre de Texas”, o ciertas obviedades del vestuario que la actuación salva. Pero toda la obra tiene una síntesis con nombre y apellido: Martín Fumiato. Es increíble por soberbio el trabajo de este actor, cuya performance resume toda la mampostería sudada de todos los imaginarios de un pervertido con pija grande, cuyo falo es el más grande de todos, y es tan filoso que no puede amar. El pervertido que sufre su propio goce, que destroza al niño proletario con su enorme falo, sin antes hacerlo defecar. Y es entre mierda que Fumiato actúa, y violencia que completan el Marqués y el pianista travesti bigotudo (Matías Tamburri) en un universo vejado de realidades que ellos miran desde el suyo, soretes y luces mediante.

Ficha técnico-artística

Dramaturgia y dirección: Matías Martínez

Actuación: Matías Martínez, Martín Fumiato y Matías Tamburri (también en piano)

Maquillaje y vestuario: Ramiro Sorrequieta

Escenografía: Federico Fernández Salafia

Diseño Gráfico: Federico Tomé

Fotos: Andrés Macera

Prensa: Candela Bianchi

Nota publicada en la Revista Mateo de la Asociación Argentina de investigación y crítica teatral Aincrit - http://leemateo.com.ar/?p=1021

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