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Críticas

25 de noviembre de 2013

El amor en tiempos de boas

Quiero que gustes de mí

Anahí Lovato Por: Anahí Lovato

El relato comienza con una escena de sexo. Al fondo del escenario, alejada de la línea de la mirada del público. Más acá, en el mismo escenario, Inés está sentada sobre un inodoro, pellizcando un pionono, y dando rienda suelta a su monólogo. Dos planos, transcurriendo en simultáneo en el tiempo de la obra. Figura y fondo que se desdibujan: es difícil prestar atención a las elucubraciones de la figura femenina cuando los masculinos gimen detrás. Y viceversa.

Uno puede pensar que la obra mostró todas sus armas en la primera escena. Ciertamente, no. Guarda un arsenal potente dispuesto a hacer su entrada en el campo de batalla. A medida que aparece, el entramado de relaciones de los personajes da un giro: un culebrón gay toma los espacios del departamento de Augusto e Inés.

Quiero que gustes de mí, se titula la obra.

Gustavo Di Pinto es el responsable de acomodar las piezas.

Es una comedia que sostiene el género con prepotencia. Hace reir con risas variopintas. Entre el público puede haber sonrisas ligeras y risotadas incontenibles, carcajadas socarronas y cosquilleos escandalosos. De todo, como en botica. Pero la obra divierte con ganas.

No es poca cosa. No es nada fácil hacer reir. Puedo enumerar varias propuestas que se han quedado a mitad de camino en el intento. Con lo cual, el asunto de la risa –esa ¿respuesta biológica a los estímulos? que no lograremos explicar nunca- merece ser destacado.

Pues bien, el triángulo amoroso (o desamoroso) que revela Quiero que gustes de mí se convierte en una figura geométrica más compleja: con más ángulos y lados, y otras superficies, en tanto transcurren los minutos de la trama. En el fondo (vamos de nuevo: figura y fondo, cuestión de percepciones), la materia es la misma: gustar, ser deseado, ser amado.

La culpa es de uno cuando no enamora / y no de los pretextos /

ni del tiempo, dijo el uruguayo Benedetti. Arrastrando esa culpa vamos todos los mortales, pergeñando estrategias para estar menos solos. Adornados con brillos y estampados. Vistiendo vestidos que nos ensanchan. O desnudos, a la intemperie, lejos de alguna toalla.

El último guiño es audiovisual. Explota los recursos de la tele para no dejar escapar ni el saludo final. Hasta allí van los personajes, en su integridad. Sólo después, cuando se apagan las luces del relato, aparecen los actores, y son bien distintos.

El culebrón se termina. La última oportunidad para verlo es el viernes 22 a las 22 hs. en el Teatro La Morada (San Martín 771 - P.A.). Vale reírse y, también, vale pensar en nuestras soledades. En tiempos de boas emplumadas, el amor y el desamor siguen siendo iguales.

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