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Críticas

9 de mayo de 2012

Crítica

Pulpa Roja Social Club

Federico Aicardi Por: Federico Aicardi

¿Qué es lo que le pasa a una persona cuando se enfrenta a la inocencia? ¿Se da cuenta de que ese monstruo dentro del placard es inofensivo? ¿Es realmente inofensivo? ¿Cuánto de lo cotidiano lo construimos para no volver a ser inocentes? ¿Por qué ansiamos perder la inocencia y cuándo la “viveza” se transformó en una virtud? Son demasiadas preguntas para tan pocas respuestas, creo.

Es que el teatro es, algunas veces, ese vehículo que nos transporta a lugares que creíamos olvidados, o que, convenientemente, habíamos sepultado bien lejos de lo que Freud llamó “el consciente”. Así mientras una obra nos lleva al año 3248 otra nos deja solos en un páramo a 324 metros de nuestro cuarto cumpleaños.

Pulpa Roja Social Club se puede analizar desde ese viaje de añoranza no porque sea una obra que transite el pasado sino que sus personajes nos dan la posibilidad de reír hasta que se nos caiga una lágrima, nos abren la puerta de la sensibilidad con una sonrisa en la palma de sus manos, son locos, libres y sentimentales.

Pensar la libertad es complicado desde las tablas pero Pulpa Roja Social Club es el ejemplo de la libertad en todos sus aspectos porque desde que llegamos somos libres. Esa libertad la vemos objetivada en una flor y en un tomate (genialidad que me dieron ganas de aplaudir una obra antes de que empiece) porque nos da la posibilidad de aprobar o defenestrar el espectáculo que decidimos ir a ver. “Señoras y señores están a punto de ver una obra en la que pusimos mucho trabajo, si les gusta nos tiran flores, si no, nos tiran tomates” es la máxima que vemos arriba del asiento con esa flor y ese tomate.

La obra en si nos cuenta la historia de un club de barrio (como ese que queda a la “vuelta de casa”) donde miserias, amor, afecto, odio, competencia, resentimiento, locura, bronca, sensualidad, decepción y compañerismo se reúnen (¿todos los días?) para encontrarse y explotar las mil y una posibilidades de ser humano. Con sus ritmos más logrados y con los menos, con los personajes más recordables y los más olvidables, Pulpa Roja Social Club es una experiencia mágica que encuentra su climax (¡oh, casualidad!) cuando todos los personajes se juntan a comer ese banquete rojo, jugoso y polémico: el tomate.

El tomate es la vedette de la obra, sus posibilidades son infinitas, el tomate llena, enamora, corre carreras y nos emborracha hasta el límite de hacernos pelear para encontrarnos en un abrazo fraternal. Esos tomates son las narices de esos Clowns y sus corazones rojos de furia, amor y vergüenza. Es imposible pararse en un solo cuadro de todos los que presenta “Pulpa Roja…” porque es un trabajo coral al que es imposible diseccionar o analizar por partes porque es como un tomate: redondo, uniforme y lleno de sorpresas.

“¿Qué guardan los tomates?” dice el volante de Pulpa Roja Social Club y la respuesta es la contundente frase “no sé”, “ni idea”, encogimiento de hombros, “preguntale a los cotonetes en el aire (grupo teatral que presenta la obra)” o a Antonela Di Gregorio, Natalia Di Tomaso, Esteban Etter, Augusto Farisello, Florencia Mainini, Estefanía Nicoló, Nella Spagnoli, Alejandrina Zaninni (sus protagonistas) o a Patricia Ghisoli y Patricia Larguía (dramaturgas y directoras) cualquiera de los viernes de mayo a las 22 horas en el Cultural de abajo (San Lorenzo y Entre Ríos).

O, simplemente, sientesé en una butaca, agarre la flor y el tomate y decida, ya que pocas veces, nos dan esa posibilidad.

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