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Críticas

16 de noviembre de 2012

Porque nuestros muertos quieren que cantemos...

Patagonia y Olvido

Julio Cejas Por: Julio Cejas

Quince años de la Comedia de Hacer Arte

El grupo rosarino “La Comedia de Hacer Arte” cumple sus quince años de labor ininterrumpida, sosteniendo con obstinada coherencia, una forma de abordar la escena, reivindicando las mejores tradiciones del teatro político, alejados de cualquier tentación panfletaria y consolidando un estilo que ya es reconocido más allá de la ciudad que lo vio nacer.

Una de las obras con las que este colectivo teatral festeja su 15º.aniversario es “Patagonia y olvido”, propuesta que se podrá ver en La Manzana(San Juan 1950)durante los dos últimos domingos de noviembre.

Esta producción consagró a sus integrantes a nivel nacional, a partir del reconocimiento del notable investigador y escritor argentino Osvaldo Bayer; autor de “La Patagonia rebelde”, quien con motivo de su estreno, consideró este trabajo como "una adaptación con un gran sentido teatral”.

El actor y director Pablo Felitti, fue el responsable de transformar ese enorme documento histórico escrito por Bayer, en una apretada síntesis teatral que se condensó a partir del intenso trabajo de dos integrantes del elenco: Cielo Pignatta y Ramiro Lollo, que se cargaron a la mayoría de los personajes fundamentales de aquella historia.

Felitti desplaza el lugar del narrador tradicional o el relato minucioso del investigador para dejar que la historia “hable” a partir de dos obreros asesinados, testigos y protagonistas de los fusilamientos con las que fueron premiados los 1.500 obreros asesinados durante las huelgas de 1921.

Después de más de 80 años, estos fantasmas llegan desde su propia muerte para evitar que la frágil memoria de los argentinos, se olvide de una historia que sigue vigente a partir de las diferentes masacres que se fueron dando a lo largo del tiempo, en un país que hace muy poco comenzó a juzgar a verdugos y opresores.

“Patagonia y olvido” se transforma en un impactante trabajo donde la capacidad actoral y el ingenio en la adaptación de un material de difícil resolución escénica, ratifica el crecimiento de uno de los pocos grupos que hoy aborda con altura el teatro político.

Poder reseñar teatralmente lo que algunos argentinos conocieron a través de la notable versión cinematográfica de la obra de Bayer o del propio texto de este investigador, es un desafío que La Comedia de Hacer Arte se planteó volviendo a confiar en su concepción ideológica y estética del teatro.

De la misma forma en que el grupo trabajó en “Una de Morenos” o en “Errores, crímenes y calamidades” tanto la estructura dramática como la utilización de los objetos escénicos, los instrumentos musicales, el vestuario y el registro de actuación están al servicio de un teatro eminentemente popular.

Los quiebres en el desarrollo de las escenas, los congelamientos, los guiños permanentes, el humor cercano a los registros farsescos, son recursos que se repiten a los efectos de distanciar y provocar la reflexión en un claro intento por aggiornar una historia que se cuenta al mejor estilo de La Comedia de Hacer Arte.

En la reciente "Errores, crímenes y calamidades”, dirigida por Ramiro Lollo, las voces de aquellos obreros fusilados en la Patagonia, pasa a convertirse en la voz de un “fusilado que vive”, un sobreviviente sobre cuyo relato se basa el asesinado Rodolfo Walsh ,para escribir su inolvidable “Operación Masacre”.

“Acá, estamos muertos”-dice uno de los protagonistas de “Patagonia y olvido”, mientras el sonido producido por una maquinaria que produce un “viento de ficción”, evocaba aquellos despiadados vientos del sur que intentaban acallar los gritos de protesta de los peones explotados.

Inteligente dispositivo que arma y desarma las escenas, transformándose en los diferentes paisajes y espacios por los cuales transitaron explotados y explotadores, socios del silencio y militares, encumbrados miembros de la Sociedad Rural de Santa Cruz, todos con la anuencia y la complicidad de los gobiernos de turno.

Y allí están los cuerpos de Cielo Pignatta y Ramiro Lollo para dar cuenta de todos esos personajes que van a poblar la escena a medida que se visten con los colores de la revolución o de la reacción y juntos van a danzar al ritmo de canciones conocidas, de lacerantes discursos, de gestos que lamentablemente descubrimos como tan “argentinos”, por la repetición a lo largo de una historia que nos marca y nos encuentra “sin haber aprendido lo suficiente”.

Más allá de las recientes y difundidas declaraciones del exitoso dramaturgo y director Javier Daulte, donde afirmaba graciosamente que “el teatro tiene que ser inservible”, hay un teatro como el de La Comedia de Hacer arte, que todavía apuesta a un teatro que sirva a determinadas causas.

Más allá de que también se comprobó la falacia de aquella teoría que proclamaba el “fin de la historia”, teoría que hizo sustentable afirmaciones como las que hoy sostiene Daulte, si la historia sigue sucediendo y sigue repitiendo los mismos holocaustos, el teatro que nació como testigo principal y como tribuna popular, seguirá “sirviendo” para narrar lo que algunos no quieren escuchar, señal de que los muertos tienen todavía mucho por contar.

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