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Críticas

20 de mayo de 2010

Actuar para vivir, en escena

Nacidos vivos

Miguel Passarini Por: Miguel Passarini

Con “Nacidos vivos”, la directora y docente Romina Mazzadi Arro al frente de un numeroso elenco, concreta un saludable homenaje a “Seis personajes en busca de un autor”, de Luigi Pirandello

Dramaturgia: versión de Seis personajes en busca de un autor, de Luigi Pirandello

Dirección: Romina Mazzadi Arro

Actúan: Betiana Arcuri, Ana Laura Carrafiello, Francisco Fissolo, Mariana Brarda, Ángel Polisano, Lionel Regine, Verónica Cauzzo, Sofía González, Carla Gordillo, Elisabet Cunsolo

Sala: Amigos del Arte (3 de Febrero 755), viernes, a las 22

¿Dónde nacen los personajes? ¿Existe un momento en el imaginario del autor en el que los personajes cobran vida? Seguramente, pero ya tienen definida su morfología, su pensamiento, “nacen” con vínculos, con una prehistoria, nacen “vivos” porque surgen de una cabeza, que a su vez es ideología y pensamiento de un autor.

Nada como el teatro para hablar del teatro y Luigi Pirandello fue el primero en darse cuenta de lo que en principio puede parecer una obviedad, pero que, en el análisis profundo, puede abrir un interminable campo de debate acerca del metateatro, es decir el teatro dentro del teatro, en un sin fin de posibilidades y como un arte en sí mismo, algo que la escena contemporánea a puesto a funcionar nuevamente (del mismo modo que la “revelación” del espacio vital del ensayo), quizás confirmando lo que Pirandello sostenía, cuando aseguraba que llegaría un momento en el que el teatro “no podrá hablar de otra más que de su propio mundo”.

Tomando el paradigma del llamado metateatro, es decir Seis personajes en busca de un autor, de Luigi Pirandello, emblemático dramaturgo italiano y el referente más contundente del teatro de entre guerras (1867-1936), la dramaturga, directora y docente teatral local Romina Mazzadi Arro concretó, a fines de 2008, el primer proyecto de lo que dio en llamar Clínica de Producción de Espectáculos, que bajo el nombre Nacidos vivos, versiona, por momentos libremente, Seis personajes en busca de un autor, a través de un trabajo despojado en el que premian el ingenio y, en general, las buenas actuaciones de un elenco profuso y ecléctico. En la puesta se nota fuertemente, y a diferencia de otros trabajos de similares características, la cantidad de funciones realizadas desde su estreno hasta la fecha, con un dispositivo que ha sabido “engrasar” todos los engranajes para estar a la altura de semejante desafío.

Así, con la consigna de generar y sostener un espacio de investigación artística y teórica que también incluye versiones de la críptica Raspando la cruz, de Rafael Spregeldburd, y de Martha Stutz, de Javier Daulte (aún en cartel, los jueves a las 22, en el CET), Mazzadi Arro consiguió una sostenida versión de Seis personajes en busca de un autor, propuesta que tiene como mayor mérito una estructura que si bien respeta la original, se toma algunas licencias saludables a la hora de pensar en un modo de concebir el teatro que escapa a los cánones del realismo naturalista, algo sobre lo que la directora ha trabajado en los diez años que lleva al frente de Hijos de Roche, encontrando en el absurdo "un realismo" más creíble.

En principio, los espectadores se encontrarán frente a un ensayo que, por varios motivos, transcurre en Rosario. Como en el original, un grupo de “personajes” irrumpe en ese ensayo buscando un autor que de forma a su relato, “su lugar en la historia”. Al mismo tiempo, el director se ve tentado con un relato que es mucho más jugoso del que él y sus actores están intentando construir, aunque finalmente se dará cuenta de que no existirán actores capaces de representarlo. Como bien dice Pirandello, que cada personaje, para existir, “debe tener su propio drama”, entonces el relato comenzará a conjeturar sobre un entramado vincular en el que realidad y la ficción (más allá de que se trate siempre de una ficción convenida con el público), irán construyendo pequeños retazos de historias a través de los cuales aflorarán las virtudes y miserias de cada uno de los involucrados.

Empujando los bordes de esa ficción que enfrenta como en un ring de box sin cuerdas (el escenario) a “los actores” versus “los personajes”, el relato, que además altera instancias del final original, se vale de pasajes de gran efecto, sobre todo los del comienzo, jugados entre el tándem de “actores”, donde se lucen Ángel Polisano (el director), Lionel Regine (el asistente, en el original el tramoyista), Verónica Cauzzo (la apuntadora, personaje masculino en el original), Sofía González (primera actriz) y Carla Gordillo (segunda actriz).

De todos modos, el oficio y la impactante presencia escénica de Elisabet Cunsolo con una extraordinaria recreación de Madame Pace (o Madam Paz), personaje que es evocado sobre el final, está entre lo mejor de toda la puesta, que hace gala de un humor corrosivo y por momentos “incorrecto”, con el que, seguramente, Pirandello se hubiese sentido totalmente identificado.

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