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Críticas

7 de agosto de 2012

Una primera vez, dos veces

Mujeres de ojos negros

Federico Aicardi Por: Federico Aicardi

Es la primera vez que hago esto, hasta el momento siempre fue igual, será por la cantidad de propuestas que ven la luz todos los meses o años en esta ciudad pero nunca lo había hecho antes. Tampoco se había dado la posibilidad fundamentada de hacerlo, nunca tuve la necesidad hasta hace una semana. Los pormenores de por qué se dio todo de la forma en que se dio sólo son importantes para mi ya que a nadie puede interesarle por qué es la primera vez que voy a ver una obra dos veces (siempre es una cuestión de fechas de entrega mezclada con críticas hechas hace mucho tiempo que no tienen valor o no gustan a quien suscribe).

Pero esto tenía un condimento mayor aún, era una experiencia que iba a confirmar o refutar ese postulado tan arcaico como que las obras mutan con las sucesivas temporadas, que cambian sustancialmente, que no son los mismos espectáculos y todas esas frases hechas que tanto nos gusta usar. Lo que confirmo es lo siguiente: las obras mutan sobre una base, si la base no es buena, si estructuralmente el trabajo es pobre, malo o como quieran adjetivarlo, es prácticamente imposible que a los dos años veamos una obra sublime. Por otro lado, una obra que en su estreno muestra el germen de un trabajo interesante, que su base es compleja, profunda y que tiene material para pulir (no para cambiar rotundamente, sino pulir) con los años se va a transformar en un trabajo cada vez más recomendable.

Este es el caso de Mujeres de Ojos Negros.

Mujeres de ojos negros es la experiencia de la “primera vez” ya que es la primer obra escrita que llega a un montaje Romina Tamburello, es la primera vez que Paola Chavez dirige, es la primer obra que, como ya dije, voy a ver dos veces. Las comparaciones entre mi experiencia del 2010 y esta del 2012 son inevitables y, por ende, no las pienso evitar. La versión 2010 de Mujeres de ojos negros podía inscribirse en una comedia sobre las relaciones de madre e hija, abuela y madre, abuela y nieta que contaba con una gran actuación de Camila Olivé acompañada muy bien por la autora de la dramaturgia, Romina Tamburello. La versión actual es una obra oscura que relata todo lo anterior pero que le ha sumado ritmo, la violencia de un hombre que abandona, de un hombre que golpea pero que es deseado con la misma fuerza con que fue anhelado la primera vez. Así, el relato se transforma en cíclico, la violencia doméstica no es propiedad de “el hombre” sino que es un juego de dos, de tres, de cuatro o de una familia entera. La abuela ha sido golpeada por su marido, la madre abandonada, la hija no conseguirá un hombre pero todas necesitan de él. Es un juego perverso que se alimenta de las esperanzas de los que ya no tienen esperanza. En esta versión Camila Olivé sigue construyendo un excelente personaje, lleno de matices pero Tamburello ha encontrado ese otro costado, esa otra fría y débil mujer que repite y repite su historia como hija, como madre y como esposa.

Por otra parte la dirección de Paola Chávez, que también posee el título de “primera vez”, con el tiempo ha ido logrando eso que creo que es una dirección, ha ido desapareciendo. Ya no vemos sus indicaciones en escena, no vemos los movimientos o partituras físicas que marcó allá por el 2010, ya ni siquiera la vemos. Mujeres de ojos negros ha crecido con los años para que Chávez pueda quedarse tranquila de que puede caminar, cruzar la calle, ir al kiosco y volver sana y salva sin que ella la lleve de la mano. Eso es dirección.

El trabajo del trío Olivé, Chávez, Tamburello sigue confirmando que las primeras veces no deben ser excusa de un trabajo mal hecho. Una primer dramaturgia puede ser de una gran calidad si se piensa como eso, como dramaturgia y no como literatura, si deja el espacio a que una primera dirección complete esa dramaturgia con un dúo que por primera vez actúa en pareja para que, y ya no creo que tan azarosamente, un espectador que tiene la suerte de escribir sobre lo que ve vaya por primera vez a ver una obra dos veces.

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