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Críticas

16 de septiembre de 2014

Acerca de lo leve y lo líquido

MOL

Lucia Rodriguez Por: Lucia Rodriguez

Interior. Noche. La cita era en el Centro Cultural Israelita (9 de julio 659) para ver el estreno de MOL, obra dirigida por Patricia Ghisoli. Pasar por la boletería, hacer la cola para ingresar y que una chica en la entrada salude y entregue un cd diciendo “te dejo el programa de la obra”, ya daba alguna señal del panorama que se avecinaba.

Un gran gimnasio de colegio ambientado con teclados de pc desperdigados y luces blancas esperaba a los actores: siete personas con mirada perdida, vestidos con jean, zapatillas y remera copan la escena, se sientan y comienzan a teclear, como si parte de su lengua materna se escondiera tras ese sonido.

Malestar. No solo por el ruido que se torna insoportable para el espectador, sino por las historias que se tartamudean entre interrupciones, movimientos espasmódicos y tecleo maníaco. Relatos de humillación, de miseria, de experiencias traumáticas. Tristeza. Un vaivén de siete historias que se mezclan y confunden.

Una posible interpretación del ensayo de Zigmunt Bauman, Modernidad Líquida, es el motor que hace posible MOL, una producción del elenco de Prácticas escénicas de Expresión Corporal del Instituto de Danzas “Isabel Taboga”, integrado por Soledad Verdún, Carla Luchetta, Irene Finkelstein, Valle Salazar, Renzo Cremona, Florencia Salamone y Yamile Salman como intérprete invitada.

En MOL, los personajes no caminan, reptan hacia la nada. Su forma de comunicarse a través del contacto es de escape, de temor, hasta de indiferencia. Ya sea en el piso o desde arneses en el aire, la alienación y el fracaso de la conexión es ley. En MOL el humano es víctima y consecuencia de su entorno.

Tanto la iluminación (por momentos la frialdad de los tubos de luz blanca recuerda a los call centers, en otros, la calidez brinda expresividad a los cuerpos en escena) como el sonido (interferencias electrónicas, música que remite a los primeros video juegos del Family Game), logran un contexto que lleva a la interpretación a un lugar común a todos los factores en juego: la alienación.

Al principio del libro de Bauman, una cita de Valery cuestiona: “la mente humana puede dominar lo que la mente humana ha creado?” Nos quieren aturdidos, confundidos, separados. Leves y líquidos. Sobre esta premisa juega la obra.

La experiencia de MOL agota y por momentos desconcierta. El vínculo con una tecnología obsoleta busca funcionar de marco de una idea que vibra por su fuerza y de la que podría librarse sin problemas. Los cuerpos ya han sido alterados y aquella creación ha logrado su cometido, por más obsoleta que haya quedado.

El elenco de MOL trabaja la fragilidad de las relaciones humanas, lo fugaz de los encuentros, generando momentos tanto humorísticos como altamente dramáticos. La representación del vacío como expresión actual de la condición humana, es el mérito del trabajo de investigación del elenco de Prácticas escénicas de Expresión Corporal del Instituto de Danzas “Isabel Taboga”, quienes, ante la duda, eligen incomodar como invitación al pensamiento.

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