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Críticas

20 de junio de 2012

El germen de la contradicción

Las siete vacas sueltas

Federico Aicardi Por: Federico Aicardi

Esto de escribir es simple, sencillo, no tiene muchas vueltas, es más, los pasos que hay que seguir están claramente indicados en el primer enunciado de este texto:

1- Hay que sentarse porque escribir parado es muy incómodo.

2- Hay que escribir porque si no sería sólo sentarnos y eso se parece más a un domingo cualquiera que a trabajo.

Pero existe un instante entre el acto de sentarnos y el de ponernos a escribir que es el acto del “qué vamos a escribir sobre lo que vimos” y algunas veces es muy fácil, otras imposible y algunas veces se nos complica porque lo que vimos nos genera una contradicción interna.

Me gustaría ser completamente cuidadoso con el germen de esta contradicción, por qué se generó, cuál es el motivo por el que llamo “contradicción” a la sensación final que el espectáculo que Ana María Jaime y Vilma Echeverría presentan todos los sábados de junio y julio, a las 21 hs, en el Cultural de abajo (Entre Ríos 599). Para que este cuidado del que hablo sea claro, conciso y no genere dudas es necesario comenzar con una pequeña descripción de “Las siete vacas sueltas”

El programa de la obra abre con la siguiente frase:

“en un lugar de las extensas llanuras del territorio argentino, atravesando la centuria de 1820 a 1920, dos mujeres trascienden el tiempo, sosteniendo la estoica tarea de la docencia”

De esto podemos concluir que el tiempo se trasciende, se rompe, no existe como tal y que es una obra que homenajea a la docencia como tarea. Al seguir investigando el programa vemos que el trabajo está basado en el cuento de Roberto Fontanarrosa “Maestras argentinas” y que se divide en tres cuadros/escenas: “Maestras argentinas”, “El secreto de un huevo” y “Acto de primavera”. Así seguimos confirmando que no se trata de la típica obra/cuento con principio nudo desenlace sino de una construcción que desconoce la linealidad del tiempo.

Las actuaciones de Jaime y Echeverría son todo lo que podemos esperar de Jaime y Echeverría, son precisas, llenas de emotividad, encarnan distintas maestras desde distintos lugares. En un primer momento (más expresionista) Jaime nos deleita con sus movimientos corporales al son del sonido del silencio mientras que Echeverría construye la soledad de una escuela olvidada en un páramo desconocido con un pupitre y todos los recursos a los que nos tiene acostumbrados Echeverría. Luego, el intermedio, una coreografía ensoñada de Jaime llamada “El secreto de un huevo” que nos hace disparar recuerdos e imágenes hacia arriba, hacia abajo, en diagonal a la derecha, a la izquierda haciendo una curva.

Para el final, una demostración de composición cómica de Echeverría con la escena “Acto de primavera” que nos lleva de la ternura a la carcajada en dos segundos. Compone una maestra encargada del acto de la primavera que está sola en esta encarnizada empresa y lo toma como si estuviese organizando la ceremonia de apertura de los juegos olímpicos (como para traer a referencia algo cercano). Esto se ve potenciado con la entrada de Jaime que lo único que hace es potenciar el carácter hilarante de este cuadro.

Ahora la pregunta es: ¿dónde está la contradicción? La respuesta se encuentra en el todo. Las siete vacas sueltas desborda talento e imaginación porque el todo no lo puede contener. Hablo de un desborde que nos confunde porque no lo podemos seguir. Cuando vemos que algo se está desbordando por la izquierda, a la derecha continúa el mismo desborde. No existe una estructura que pueda contener todo lo que Jaime y Echeverría proponen y así nos vamos con la sensación de haber disfrutado las partes de un todo que no comprendemos (pero no en el sentido puramente racional). Nos queda la sensación de que algo falta, de que por más que hayamos visto momentos de altísimo tenor artístico hay algo que no encontramos. Pensamos que estos cien años de docencia con estas dos mujeres que trascienden el tiempo se perdieron en la inmensidad de estas grandes llanuras. Y esto nos genera una tensión porque acabamos de experimentar partes geniales en un todo irreconocible y no sabemos qué sentir, con qué quedarnos que no sea solamente esta contradicción.

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