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Críticas

24 de noviembre de 2011

Teatro MTQN - Crítica

Las Hijas de El Rey Lear

Federico Aicardi Por: Federico Aicardi

Ricardo Arias aborda nuevamente la obra de Shakespeare en el montaje de “Las hijas del Rey Lear” obra protagonizada por David Edery, Elena Guillen, Silvia Ferrari, Vilma Echeverria y Claudia Schujman.

La historia comienza cuando Lear decide repartir su herencia entre sus hijas pero tomando como mérito el amor que a él profesan. Así desde los principios del relato las mujeres de la obra sacan a relucir sus peores sentimientos pero siempre velados por ese amor tan dudoso, tan sospechable, tan peligroso.

Pero no queda en la lucha de las hermanas por la herencia el trágico devenir de Lear, él, como rey en decadencia, lucha constantemente con el progresivo desconocimiento de sus súbditos. Así el Rey Lear comienza a dejar de ser Rey para ser simplemente Lear, y cuando uno es simple, uno es humano y cuando uno es humano, comienza a equivocarse. Esos errores de Lear están emparentados siempre con una búsqueda y es la búsqueda del amor. Un amor que le fue esquivo en su matrimonio, que no puede concretar con su acompañante y que no encuentra en sus hijas.

“Las hijas del Rey Lear” es un trabajo que pinta a un otrora gran hombre en un ser pusilánime y débil, fácil de engañar y ridículo, que se pasea en paños menores y usa pañales pero aún le quedan restos de bravía en su voz y sus gestos y todo esto se ve en la magnífica actuación de David Edery. Todas las características nombradas anteriormente se ven en el cuerpo de Edery desde el momento en que se levanta de la cama hasta el momento final de la obra. Su voz denota ese tiempo pasado de gloria, sus palabras brotan con vehemencia y respeto pero detrás de las mismas se encuentra la realidad que le toca vivir. El mismo Lear sabe que ya no es el rey que solía ser, Edery nos lo muestra con una actuación indescriptible.

Por el otro costado se encuentran sus hijas, Elena Guillen, Silvia Ferrari y Claudia Schujman y su críada, Vilma Echeverría. Mientras que Echeverría utiliza su sexo como herramienta de control sobre Lear para ser la próxima reina, Guillen y Ferrari se transforman en víboras de alto contenido venenoso que sólo tienen un objetivo, la herencia de su padre. Para el final queda la hija menor, Claudia Schujman, que deambulará la escena siendo testigo de casi todo lo que sucede y callará hasta el momento en que hable, el momento en que diga todo lo que su padre quiso escuchar, esas dos palabras que dejan al Rey, a Lear, descansar al son de “me dijo que me quiere”.

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