TeatroEnRosario.com
 

Críticas

25 de mayo de 2012

Tras una identidad perdida en el laberinto de los espejos

La tercera parte del mar

Julio Cejas Por: Julio Cejas

Hay un lugar donde el viajero nocturno va a extraviarse: en la oscuridad acecha el mar y otro lugar que se presenta como un reparo, como una alternativa para encontrar la salida; en ese sitio alguien aguarda la llegada de un nuevo visitante; junto con él ingresa el espectador al cuarto de esa mujer que necesita ser nombrada para existir más allá de los confines de un espejo.

Esa casa donde habita Victoria nos recuerda otro sitio cargado de presagios: “La casa de Asterión”, el cuento donde Borges recrea uno de sus míticos laberintos, el del Minotauro: -“Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera”.

De esta manera entramos a esa gran encrucijada que nos propone “La tercera parte del mar”, a partir de su primer laberinto: el texto del director y dramaturgo porteño Alejandro Tantanian; un material que pocos se han atrevido a poner en escena.

”La tercera parte del mar se convirtió en sangre…” dice un fragmento del Apocalipsis bíblico; metáfora que en la propuesta de Tantanian, posibilita múltiples lecturas, casi todas ligadas al tema de la búsqueda de la identidad, a crímenes y cuerpos arrojados al mar. La historia de Victoria y un padre que la somete a torturas, una poética de cadáveres escondidos bajo el piso; resucitados para construir un puente en el medio del mar.

El segundo laberinto es el que recorre el joven creador santafesino Felipe Haidar, asumiendo una re-lectura de esa dramaturgia cargada de signos que se disparan en diferentes direcciones.

El texto cuenta una historia que transcurre en una noche: el personaje de Rodrigo llega a la casa de Victoria en busca de ayuda porque tiene un accidente con el auto y se encuentra con una mujer perturbada por un pasado horrible; en esa noche que parece no terminar nunca; se establece una relación extraña entre los personajes, se van identificando el uno con el otro y esa identificación mueve a que el espectador se pregunte:-“¿quién soy?” -argumenta Haidar

Tercer laberinto: el tema de la identidad; una cuestión que sigue golpeando las puertas de la memoria de un país que vuelve una y otra vez sobre esa trama recurrente; el pasado horrible de Victoria se parece mucho a una pesadilla; una noche interminable donde, como dice la protagonista de la obra de Tantanian: “La belleza no es más que terror domesticado”.

Y si hablamos de identidad, el lugar obligado, será el de los espejos: cuarto laberinto por el que transitan los personajes de la obra y el público que al mirar la ficción, se espejan dentro de un cuarto oscuro en el que a lo largo de la obra intentarán descubrir quién es quién en un juego donde víctimas y victimarios intercambian roles.

Pero volvamos a la puesta de Haidar que desde el ingreso a la sala nos propone un juego de instalación donde los espejos ocupan otro lugar de significación, tapizando las paredes de ese cuarto asediado por un mar que pareciera por momentos tragarse a los protagonistas.

“La luna vino a la fragua,

con su polisón de nardos.

El niño la mira, mira.

El niño la está mirando.” - entona Victoria en el comienzo de la obra, en tono de susurro como le hubiera gustado al asesinado Federico García Lorca; autor del “Romance de la luna, luna”; casi una nana que inaugura el tema de la mirada, sólo habrá que reemplazar la luna por los espejos.

Victoria no se reconoce en los espejos, por eso necesita ser nombrada, por eso aguarda la llegada de otros para que al nombrarla la funden, mientras tanto comparte con esa otra que la mira y que sería ella, pero del otro lado, del lado de la luz.

Quinto laberinto: el enigma de los espejos; según Jacques Lacan en su célebre “Teoría del espejo”:- “el niño puede reconocer en el espejo su cuerpo que en principio sólo conoce fragmentariamente y ese espejo va aparecer después con la mirada de la madre, el “encuentro con el semejante”, a partir de allí el niño va entrando en el símbolo.”

De allí el pedido casi angustiante por parte de Victoria para que Rodrigo la nombre; es siempre la mirada del otro el que estructura al sujeto, le devuelve todos los fragmentos de su cuerpo; un ritual donde ella afirma:

“debo estar enamorada de mi cuerpo muerto”

Más allá de Lacan, Borges, que intercambiaba laberintos por espejos, entre sus grandes obsesiones, aporta lo suyo en su poema “Los espejos”

Nos acecha el cristal si entre las cuatro

paredes del cristal hay un espejo,

ya no estoy solo, hay otro, esta el reflejo

que arma en el alba un sigiloso teatro.

La puesta en escena a cargo de Huella Laetoli; es el primer contacto que tiene el espectador con la obra estrenada en Mayo de este año y que continua en cartelera todos los domingos de Junio a las 21.30 horas en el Teatro de La Manzana (San Juan 1950 ).

Esta noción de laberinto misterioso está recreada a partir de una apropiación del espacio donde la luz y los objetos escénicos junto con la ambientación musical, acompañan al público a un sitio que nos recuerda mucho los climas del cine de terror.

Pero sin duda, los responsables de que este enigmático texto de Tantanian sobrevuele una gama de registros que van del susurro, la media voz, los matices poéticos a las más extremas tensiones cercanas al desgarro y la violencia son María Cecilia Borri y Emiliano Dasso.

Borri es el hilo conductor de la historia, su cuerpo atrapa la densidad de la obra y pareciera por momentos deslizarse entre los pliegues de una invisible coreografía que la lleva a fundirse dentro de los espejos, para reaparecer jugando a las escondidas como un ser que va de lo voluptuoso a lo siniestro.

Dasso por momentos, juega a ser el partenaire de Victoria, se incorpora a su juego, se deja abrumar por su ritmo vertiginoso, por el misterio de su historia; pero pronto se transformará en otro de los monstruos que sacuden la escena, mostrando su ductilidad y su técnica al servicio del personaje.

El resto del grupo Enjambre Producciones, está integrado por Celeste Bardach, responsable de la asistencia técnica; Victoria Madariaga es asistente de dirección y Soledad Otero se ocupa de la Prensa y producción del espectáculo que dirige el debutante Felipe Haidar, un joven santafesino radicado en Rosario que comenzó su carrera con una propuesta de alto vuelo poético y rigor escénico.

Archivo

<<
>>