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Críticas

2 de junio de 2015

Locos de contento

La más segura de tus vidas

Leonel Giacometto Por: Leonel Giacometto

Nuevamente, la actriz rosarina Paula García Jurado explora, solvente, el ámbito de la dirección de actores. Con un origen que vino a cuenta del encuentro entre Miguel Bosco y María Romano -intérpretes cuyos recorridos y quehaceres teatrales navegaban por canales diferentes- el proyecto se fue acrecentado luego con la incorporación del texto -escrito por Francisco Pavanetto- sobre la necesidad que aquel cruce actoral gestó. Así, La más segura de tus vidas, fue obra. Y lo es.

Hasta donde la comunicación diaria de uno con el otro, ese sistema de confianzas, como en un socavón gris, ya se ha relajado hasta lo posible. Hasta donde elegir correr riesgos es sólo una frase disponible. Hasta donde aunque redimidos andemos todos de todo, y aun siendo y no siendo familia, uno, cualquiera que tenga pareja ha preparado (conciente o no) el contexto para llegar adonde (se) ha llegado, al torbellino quieto e inútil de una crisis, al grito entre dormidos que no despiertan, hasta el maltrato despótico del no poder consigue llevarnos La más segura de tus vidas, de Francisco Pavanetto, dirigida por Paula García Jurado.Y aun así no alcanza. Ni a él, que es retorcido y jetón. Ni a ella, que le sigue el juego.

Hay un inodoro, un bidet, una pileta para lavarse las manos, una lámpara de pie, una araña que pende del techo, una cajonera, un pizarrón, unos libros estratégicamente dispersos, ropa, y una pareja. Son dos. Un hombre y una mujer. Él sufre y ella parece intentar consolarlo con juegos dialécticos (o similares): pareja muy proclive a esos gestos, sabremos después. Es un baño en el que al parecer no pueden o no quieren abandonar un (su)realismo semi inventado -a tientas- entre una actuación de dos que genera un tandem donde el par, si no conforma dos hermanos trastornaditos, construye el binomio marido – mujer. Lo primero es un capricho de la percepción. Lo segundo es lo que son. O lo que eran, los tiempos verbales discurren como el agua de una ducha (que no se ve) en La más segura de tus vidas. Podrían estar en otro lado, pero están encerrados en el baño. Y es por algo. Esto es un decir. Lo simbólico es mencionado una y otra vez en el supuesto discurrir de una pareja en crisis, como si fuera inmensamente necesario hacer enorme el conflicto cuando no se puede hablar de lo de uno. Lo de uno, generalmente, es muy chiquito en comparación con los juicios vertidos sobre la disfuncionalidad en la que la familia ha caído, por ejemplo, por los motivos que fueran. Aquí también, sobre los motivos, aparecen varios lugares donde ancla la pareja: no se puede salir, afuera hay gente extraña. Los vecinos conspiran, el trabajo corroe, la pareja se estira entre prejuicios. Nada, ni siquiera los resquicios farmacológicos pueden sosegar el arrastre emocional en el que ellos, por un afuera más informativo que un adentro más auténtico, sufren. Y lo dicen. Por ellos sufren, que son el mundo que los escupe y al que ellos escupen, con un lirismo más propio de la fuerza del collage sintáctico, y no de, al menos, una conversación. Todo esto mientras los actores actúan. El texto (que no es siempre dramaturgia) es el elemento principal que se impone en toda La más segura de tus vidas. Cuando sucede esto, por involuntaria ingravidez autoral, las actuaciones y sus consecuencias en el presente del teatro, o sea cuando sucede, cuando se hace el teatro es donde el desnivel de poderes juega en contra del conjunto. Los textos no hablan. Son los personajes en una obra de teatro los que lo hacen. Los textos no son paquetes de importancia; son el continente de los personajes. Y no al revés. Es imposible darle carne a un texto. Los personajes tienen lo que será carne. Los textos no se dirigen, por eso los actores discurren muy airosos, y sufriendo, en La más segura de tus vidas. Hay una dirección que acompaña y acompasa a esos cuerpos. Hay momentos donde los textos ya fueron dichos. O lo serán. No importa, entonces, ahí. Es el ahora de estos dos. Ella arrulla a su compañero, muy despacito, intentando calmar ese distorsionado efecto fingido de pensar y actuar, en la vida real, ante la imposible marcha de los devenires de cada uno ahí, mientras todo sucede. Pero afuera, ellos ya se fijaron, todos dormimos.

Ficha técnico-artística

Autor: Francisco Pavanetto

Actúan: Marìa Romano y Miguel Bosco

Música: Alexis Perepelycia

Escenografìa: David Gimènez Lergen

Diseño gráfico: Esteban Goicochea

Direcciòn: Paula Garcìa Jurado

Nota publicada en la Revista Mateo de la Asociación Argentina de investigación y crítica teatral Aincrit - http://leemateo.com.ar/?p=841

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