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Críticas

14 de abril de 2012

Desde que lugar escribimos lo que escribimos

La Crítica Teatral en Rosario

Julio Cejas Por: Julio Cejas

Tardó mucho tiempo, pero al final pareciera estar despuntando lentamente en esta ciudad; la posibilidad de desarmar las enrevesadas estrategias discursivas que alejaban a los creadores teatrales de ese extraño fenómeno nunca bien definido y muchas veces temido que para muchos fue y sigue siendo la crítica.

A lo largo de 30 años de actividad relacionada con el teatro local, ya sea como actor, docente, director y crítico teatral, pensé que estas disciplinas se podían integrar, confrontar, y hasta asociarse en un espacio de interrelación, siempre pensando en llegar con mayor eficacia a ese público al que todos pretendemos seducir.

Ya desde el rol de crítico teatral insistí persistentemente en la construcción de un espacio de intercambio entre los creadores y los que continuamente debíamos dar cuenta de sus trabajos en los acotados espacios que los medios de comunicación locales ofrecían.

Participé y sigo participando, en distintas charlas, mesas redondas, seminarios, donde se pretendía esbozar en parte, algo de los fundamentos teóricos de la crítica teatral, el tema quedaba siempre confinado a un grupo de colegas con los cuales nos encontrábamos generalmente en festivales teatrales que no tenían a Rosario como sede organizadora.

Un solo grupo teatral respondió a esos intentos, una sola agrupación con características especiales como el grupo Laboratorio El Rayo Misterioso, entendió la importancia de generar en Rosario un Encuentro de Teatro donde la materia privilegiada sea la reflexión y el debate acerca de las propuestas seleccionadas de diferentes lugares del mundo.

En el año 1997, y después de muchas charlas con el director Aldo El-Jatib, en las que compartíamos la importancia de la creación de un Festival teatral en una plaza fuerte como era considerada Rosario; nace el “Experimenta I”, Encuentro Internacional de Grupos de Teatro.

En ese espacio por el que han pasado prestigiosos elencos de todo el mundo y que ya va por la 13era edición, que se prepara para diciembre de este año; fui invitado a coordinar los debates de las diferentes obras que nutren una rica y variada programación.

De alguna manera esta práctica de los desmontajes teatrales había comenzado con ese grupo de colegas que ejercían la crítica a lo largo y a lo ancho del país, y que nucleados a partir de CRITEA (Círculo de Críticos de las Artes Escénicas de la Argentina) nos encontrábamos en las Fiestas Nacionales del Teatro organizadas por el Instituto Nacional del Teatro.

En todos estos años de aprendizaje en el campo teatral; descubrí los diferentes abordajes que es preciso tener en cuenta para realizar una crítica del teatro que se produce en el mismo lugar donde uno vive y convive con la mayoría de los hacedores, a los que uno cruza seguido por la calle o con los que comparte sus sueños y expectativas.

En mi caso es compleja la situación ya que no me considero un crítico formado solamente en la redacción de un diario o en el aula de alguna Facultad; sino en los sitios en donde la gente de teatro se forma para ejercer su oficio, en las escuelas de teatro, en los festivales, en talleres con maestros de pedagogía, actuación, dirección, dramaturgia y puesta en escena.

Desde ese lugar cuando escribo trato de “no morir en el intento” con la ayuda de los conocimientos teóricos y prácticos de quien se siente un “hombre de teatro” a partir de las distintas experiencias vividas desde el hacer mismo y de una fundamentación que se produce a partir de la charla directa con los responsables de los trabajos que analizo.

A pesar de todo esto, siempre se ganan enemigos, hay gente que todavía considera a la crítica como parte de la visión destructiva y personal de determinado periodista, hay algunos creadores que sólo valoran las críticas favorables que apoyen sus propuestas y sirvan para engrosar la carpeta de antecedentes, hay gente que sólo pretende ser evaluado por sus pares e invalidan la mirada del crítico, hay teatristas muy respetados entre sus pares que nos consideran “parásitos del teatro”.

Mi experiencia personal con respecto a la crítica adquiere otros parámetros a partir de mi inserción en los debates o desmontajes teatrales donde aprendí que se puede realizar una tarea de aporte entre la mirada del crítico y la de los realizadores y el público que participa; aligerada de sus cargas mediáticas o los compromisos con un lector que no siempre maneja los códigos específicos del teatro; la crítica encuentra un lugar donde es confrontada y puesta a prueba.

En los últimos años la labor de los críticos, salvo honrosas excepciones, no le interesa a la mayoría de los medios de comunicación. En general la palabra crítica para muchos es una rémora de otras épocas, en un mundo donde se ficcionaliza con la idea de una multiplicidad de opiniones, donde prevalece la reseña realizada desde un lugar “inocente”, el “todo vale” de una falsa democratización cultural, legitiman un discurso que inhabilita la reflexión y el análisis crítico. Sólo algunos sitios especializados fomentan la supervivencia de esas zonas de exclusión donde hacedores y críticos intercambian saberes que enriquecen la actividad teatral.

En mi caso particular la experiencia de haber encontrado en Rosario, un medio de comunicación como Rosario 12, me permite consolidar una forma de escribir y a la vez definir un espacio de acuerdo a una óptica de pensar la crítica como herramienta para difundir el teatro independiente rosarino; esa es una estrategia que los detractores de la crítica no tienen en cuenta: la construcción de un lector-espectador, en una ciudad que desconoce a sus propios creadores.

Después llegará la invitación del crítico e investigador porteño Jorge Dubatti para que coordinara en Rosario un intento por reflotar “La Escuela de espectadores” que él había creado en Buenos Aires; otro puente, otra apuesta para acercar público a las salas, para difundir la actividad del teatro local, finalmente resultó otro espacio perdido.

Y entonces nació mi propuesta alternativa: el Ciclo “Que ves cuando me ves” que se desarrolló en el año 2010,gracias a la invitación de Oscar Ielpi, director del Centro Cultural Bernardino Rivadavia; que pretendía revertir el intento por formar espectadores, y anclar en una problemática mucho más vernácula que se planteaba primero historiar parte del movimiento teatral rosarino y debatir acerca de obras que el público desconocía, la crítica entonces se ocupa de que el público conozca a sus artistas, sus producciones, sus estéticas, tarea ineludible y que todavía nos ocupa.

EL RETORNO DEL APORTE REFLEXIVO Y LA REVALORIZACIÓN DE LA CRÍTICA LOCAL

Tardó mucho pero en estos últimos años y gracias a algunos fenómenos que se venían dando en algunos sectores del teatro rosarino, llegó la posibilidad de incluir a la crítica teatral dentro de una agenda de actividades que proponía mejorar la calidad de la producción y asegurar una efectiva difusión de los espectáculos que se generaban en la ciudad.

A fines del 2009 un colectivo de importantes grupos teatrales lanza Teatro en Rosario, una iniciativa que se consolida como un proyecto colectivo, cuyo fin es aunar esfuerzo y acciones para optimizar y mejorar las condiciones del teatro de nuestra ciudad.

El sitio que comenzó articulándose como una cartelera con los espectáculos producidos por los grupos que auspiciaban la movida, concreta finalmente una invitación a los críticos de teatro de Rosario para publicar sus críticas en su página Web.

Este gesto se amplifica a partir del reconocimiento por parte del recientemente creado Movimiento Vea Teatro Rosarino, un espacio en formación; que pretende también reagrupar al conjunto de los teatreros locales y que además de mejorar la oferta de espectáculos y plantear una seria reflexión acerca de cuestiones largamente postergadas, considera a la crítica como parte integrante del proceso creador.

De esta manera es necesario contextualizar desde qué lugar escribimos antes de entrar en problemáticas teóricas o técnicas que tienen que ver con las distintas competencias de críticos e investigadores teatrales; todas legitimadas por los que adhieren a esos postulados.

En Rosario podemos hablar desde un lugar bastante acotado y es el que se construye a partir de la voluntad por parte de muy pocos colegas de los medios gráficos, en un cruce de miradas que casi siempre nos encuentra a Miguel Passarini (Diario El Ciudadano) y a mí, confluyendo en aquel sueño compartido que fue la Revista teatral “El Espacio vacío”, un intento por ampliar el campo de acción de nuestras herramientas al servicio de la difusión y la reflexión del teatro local.

Quiero recuperar, para finalizar, un fragmento de mi participación en una reunión de CRITEA en la ciudad de Santa Fe en el marco del Argentino de Teatro y que contó con la presencia del entonces presidente de la entidad, el colega del diario El Litoral, Roberto Schneider.

“En Rosario hemos tenido que construir una crítica a partir de los no-espacios, el encuadre de la crítica anterior al trabajo que realizamos tanto Miguel Passarini como el que suscribe; estaba siempre mirando a Buenos Aires, desde la estética y la línea de abordaje; hasta la difusión de los espectáculos o productos teatrales comerciales. Nosotros empezamos a trabajar con una mirada propia y ganamos espacios; comenzamos a plantear: ‘voy a escribir lo que hay que escribir, en estos medios que nunca estuvieron mirando lo que se produce a nivel local’; así, buscamos contextualizar y trabajar un discurso crítico propio” (Publicado por el diario El Litoral de Santa Fe, en su edición del viernes 23 de noviembre de 2007).

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