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Críticas

19 de noviembre de 2013

Alguien a quien hablar

Habitación 21

Lucia Rodriguez Por: Lucia Rodriguez

“-Ella habla de noche.

Sí, con la noche habla”

Marguerite Duras, Navío Night

En el año 1977, Roland Barthes escribió Fragmentos de un discurso amoroso a partir de una necesidad de la época: el discurso amoroso es hoy de una “extrema soledad”. Se trata de un discurso hablado por todo el mundo, pero ignorado en sus formas, figuras y mecanismos. El discurso del amor es intratable y se dice en primera persona.

Es así que Barthes construyó un ensayo a partir de enunciados tanto de amigos suyos como de textos literarios. Porque es un hecho que la literatura nos ha enseñado varias formas del amor, o bien podría haberlo inventado, como enuncia uno de los personajes de Habitación 21, la nueva obra del grupo “Mujeres de ojos negros”.

Camila Olivé (actriz), Paola Chávez (directora y actriz) y Romina Tamburello (dramaturga y actriz) se cargan a los hombros el relato de tres mujeres en tres posguerras diferentes, unidas por un mismo hombre, en la misma habitación de un hotel. Primer amor, amante e hija se encuentran en soledad evocando a ese que tienen en común. Se cuentan su historia, se dirigen a él, siempre ausente, siempre en susurros. Porque las palabras de amor lastiman cuando no hay a quien hablar.

Habitación 21 está estructurada sobre canciones de amor, que van funcionando como cortes de intensidad a través de la historia y marcan las distintas etapas históricas: “Ain´t no sunshine”, de Bill Withers, “Everytime we say goodbye” de Cole Porter y “Don’t”, popularizada por Elvis Presley, realzan y hacen brillar un relato que por momentos se ve opacado por la escasez de acciones o la quietud de sus personajes. El entrenamiento vocal estuvo a cargo de Mercedes Borrel y el diseño musical fue desarrollado por Homero Chiavarino y Maximiliano Salvatore. El vestuario es de Ramiro Sorrequieta, quien logra representar de manera prístina cada época, sin dejar de lado las texturas, los colores y los estampados al momento de unir a los personajes y dejar en claro un común denominador.

Es remarcable la calidad del texto que, al igual que la obra con la que se inició el grupo (Mujeres de ojos negros ) es de Romina Tamburello. En el mismo son notables los guiños a grandes mujeres de la literatura: Simone de Beauvoir , Dorothy Parker, Marguerite Durás, Patti Smith y Emily Dickinson aparecen parafraseadas a través de toda la obra, reflexionando sobre el amor. Sin embargo, los recursos de lenguajes narrativos hermanos del teatro, pero con una lógica propia, como el cine y la literatura, no llegan a alcanzar su potencia en escena.

Isabel, Laura y Virginia son tres mujeres atravesando los años 40, 50 y 70. Cada una sostiene un objeto: un libro, fotos, un vaso, sin nadie que las sostenga a ellas. Van y vienen entre la cama, el piso, el escritorio sin poder recuperar lo que perdieron. Preguntando a la nada eso que nunca van a saber, y que quizás no tiene respuesta.

Lo intratable del amor es el fantasma que une a estas mujeres -que desahuciadas- llegan a la conclusión de que el amor no es más que una cosa, como un libro, una foto o quizás una canción inolvidable que no pueden dejar de tararear.

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