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Críticas

20 de septiembre de 2012

El Rey, las Reinas, el Médico y Ella

Federico Aicardi Por: Federico Aicardi

Un mosquito vive como mínimo dos días y como máximo tres semanas y media, no necesita ser recordado, su existencia es banal, intrascendente, vuela porque lo tiene que hacer y se arriesga para sobrevivir, este mosquito no siente amor, no necesita comprender que sus acciones lo pueden llevar a la muerte y si muere, su vida de mosquito no será recordada por nadie. Algunas veces deja una marca en una pierna, una marca de su existencia, un signo de que por allí pasó. En cambio, los seres humanos somos mucho más importantes, no? Creo que no. Es que el ser humano es tan perecedero, insignificante y banal pero su gran problema es que (y esto es un punto a favor del mosquito) necesita ser recordado, necesita ser amado, necesita que su marca en la tierra no se borre nunca porque es consciente de la finitud de la vida y no quiere aceptar que su trayecto en este mundo es tan importante como el de un durazno. Es así que la historia está llena de reyes, reinas, médicos y hasta ahora, solamente hasta ahora, ninguno fue inmortal.

La obra dirigida por Gustavo Guirado (que cuenta con la asistencia de José Guirado), protagonizada por un elenco catalán conformado por Manuel Solás, Albert Requena, Iraida Sarda, Sarah Anglada Vergés e Ilona Muñoz Rizzo relata la última hora de un rey, su agonía, la negación de lo inevitable encarnada en figuras que representan eso que todos vivimos alguna vez. El amor, el poder, el recuerdo (relato o Historia) y ella, las más inevitable de todas, se pavonean frente a un ser que, otrora poderoso, desea eso que deseamos todos, seguir viviendo aunque sea unos cinco minutos más.

Me es necesario intentar desglosar temáticamente a El rey, las reinas, el médico y ella para ser claro en este análisis.

El rey, el poder, quien lo lleva

“El rey ha muerto, viva el rey” frase que define esta agonía de poder que el agonizante vive a lo largo del espectáculo. Es que el poder que hasta ahora degustó, ejerció y manipuló no le sirve para evitar lo inevitable. Aquí queda más que claro que “El Rey” no morirá, morirá quien ha ejercido el papel de rey hasta este momento y como toda persona que se a embriagado de poder y ha subido tan alto que ha rozado con sus codos lo infinito del cielo, caerá y se dará cuenta de que fuera de ser rey, es humano y como todo humano, perecedero. No hay reino, ni poder que lo salve de lo inevitable.

El relato, el recuerdo o La Historia

El médico, quien anuncia que el rey morirá y que no hay nada para evitarlo se transforma en el recuerdo, esa voz que solamente contará, “inmortalizará” cada momento que al rey le queda. Pero recordará o historizará desde su propia voz y esa voz no es la del rey, por ende, el carácter de inmortal lo vive su relato, lo vive la Historia y no el rey. Y en este momento lo único que necesita el humano que hasta el momento jugó el papel de rey es sobrevivir no en el recuerdo de alguien sino en la tierra. La figura del médico nos demuestra constantemente una cosa: sobreviven las instituciones, no las personas.

El amor, la familia, el sexo y la descendencia,

Las mujeres, las actuales, las pasadas, el amor que uno tiene, tuvo y tendrá por ellas, la herencia, lo que queda, el contacto físico, las caricias, el sexo, la familia, los hermanos de un hijo único, alguien que me mantenga vivo, ella me espera, el reloj, lo inevitable, el apellido, la institución, el lugar que queda vacío, mi esperma congelado, todo se seca, todo, hasta yo.

Si bien parecen palabras tiradas al viento en El rey, las reinas, el médico y ella cobran sentido. Hay una progresión detallada de la desesperación que llevan estas elucubraciones. Es que el amor que supuestamente profesan las mujeres del rey (las reinas) va desapareciendo con el correr de la arena del reloj y a él sólo le queda su amor propio, su elemento que prolonga la vida, su semen. Al grito de “congela mi semen” el rey intentará seguir vivo en otro, otro que sea tan rey como él, que sea su prolongación en este mundo que no le brinda nada más que muerte en este momento. Y la muerte ya lo ha alcanzado hasta en su amor propio porque si entendemos al sexo como la demostración física del amor y vemos su fracaso nos daremos cuenta de que al rey no le queda amor ni para sí mismo. El rey es más humano que nunca, el rey es viejo, el rey está solo y así quedará.

Ella

Ella es todo lo que no dice. Es silenciosa porque no necesita gritar. Deambula por todo el escenario acosando a todos pero asustando a uno. Le hace el amor pero no lo deja terminar. Ella es puta y es enfermera. Es la única que tiene la decisión de dejarlo vivir y juega con eso, con la desesperación del deseo incompleto. Es que es la única que no perece porque no vive, es el fin de todas las cosas. Puede que no hable porque nadie la nombra y aunque se comunica por ruidos incomprensibles todos la entienden y saben que todo terminará en ella. Ella es la innombrable, la inevitable, la única inmortal.

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