TeatroEnRosario.com
 

Críticas

22 de abril de 2012

Primera versión de un texto inédito de Alberto Ure

El retorno de La Familia Argentina

Julio Cejas Por: Julio Cejas

Por cuatro únicas funciones retorna a la cartelera rosarina (Teatro La Manzana, San Juan 1950) durante los viernes de abril en el horario de las 22 horas, “La familia argentina”, texto inédito del maestro Alberto Ure, con dirección de Rody Bertol

Al elenco original integrado por Cristian Marchesi, María del Carmen Sojo y Julia Tarditti, se sumó Melisa Patriarca que reemplazó a Sojo en las funciones del 20 y el 27; actores que contaron con la supervisión de la destacada actriz, docente y directora Liliana Gioia.

Aprovechamos este re-estreno local, para destacar ahora que una buena parte del público argentino pudo conocer la versión dirigida por Cristina Banegas con las actuaciones impactantes de los rosarinos Luis Machín y Claudia Canteros, este primer abordaje del texto de Ure a cargo del director y discípulo Rody Bertol.

En el 2010 y celebrando los veinte años del Centro Experimental Rosario Imagina, Bertol estrena la primera versión de “La familia argentina”; concretando la posibilidad estrenar un texto inédito de su maestro Alberto Ure, una de las figuras de renombre del teatro argentino; un creativo siempre polémico ;implacable a la hora de defender la ética de una profesión bastante bastardeada.

Independientemente de los resultados, pareciera que para muchos cuando aparece la versión de Banegas, se diluye lo realizado por el elenco rosarino que es el primero que saca a luz ese texto y es bueno recordarlo porque este dato no apareció en la mayoría de los medios porteños como en gran parte de la folletería de los festivales por donde participó esta nueva producción del “teatro argentino”, categorización que casi siempre se refiere a los estrenos del teatro facturado en Buenos Aires.

”La familia argentina” es una obra que pone de manifiesto la mirada corrosiva del autor no sólo acerca del tema al que alude el título, sino al contexto en el que se derrumba una familia que pertenece a un sector bastante diferenciado de este país.

Hay mucho del universo personal de Alberto Ure; una disección mordaz de una clase media de profesionales que intentó acomodarse frente a los vaivenes de un país que siempre la tuvo al borde del colapso tanto económico como íntimo.

Una arquitecta divorciada con una hija y un psicoanalista pusieron en escena durante 15 años el simulacro de una familia “bien constituida” hasta que la escenografía comienza a descascararse y el escenario deviene en escandaloso desenlace.

El padre se “enamora” de la hija, o de la supuesta hija; justo en el momento en que los sueños de juventud compartidos con la madre comienzan a transformarse en pesadilla aburrida y cada uno comienza a darse cuenta del juego del otro.

En la puesta que dirige Bertol, el comienzo digno de un pasaje operístico presenta un asordinado diálogo entre dos seres que alguna vez fueron una pareja y constituyeron un hogar de clase media regidos por un supuesto orden que se viene a derrumbar en medio de una discusión que trata de imponerse por encima de la música que domina el espacio.

El detonante de la situación aguarda su entrada para completar la escena de un descenso a los infiernos de un acuerdo familiar que se rompe para instalar un nuevo acuerdo: otra familia, nacida de una nueva unión, “incestuosa” entre padre e hija.

Hay una constante en el texto de Ure que es el tema del discurso que sostiene a cada uno de los personajes; la palabra como entramado de un juego de poderes que se ponen a prueba a partir del desgaste de una relación fundada precisamente en la credibilidad de lo que esas palabras iban construyendo.

Otra vez el controvertido tema de la paternidad, de la que Ure diera cuenta en una de sus más recordadas puestas, cuando estrenó en 1987; aquella impactante versión de “El Padre”; de August Strindberg.

Pero lo siniestro aquí adquiere pasos de una comedia hilarante y eso es lo que potencia el patetismo de estos seres con los cuales el espectador se identifica por la familiaridad de las situaciones y el desenmascaramiento de roles que ya no cumplen su cometido original.

El manejo de la ironía y por momentos la franca agresión hacia el otro, se apoderan de la escena tiñéndola de una violencia propia de una tensión contenida que es el típico dique de contención que cada familia administra a su manera para perpetuarse sin destruirse.

Aquí no ocurre lo que sucede en otros sectores sociales que no dependen de esos diques “culturales” y llevan hasta sus últimas consecuencias las tragedias a las que los noticieros nos tienen acostumbrados.

Aquí la tragedia está velada por el lenguaje; por algo Laura le reprocha a Carlos que es el inventor de teorías que siempre acuden para sostener su accionar:-¡“Basta de manejar la vida de los demás con tus palabras…!y esto se transforma en una fuerte acusación a cierta intelectualidad que utiliza el poder del discurso para manipular las relaciones personales y las de su entorno.

Entonces aparecerá Gabriela, la hija; que reclama un espacio de libertad y que fundamenta su decisión frente a una madre competitiva y un padre que la seduce y con la que se propondrá más que establecer una nueva familia; huir de un entorno agobiante.

Dentro del marco de la acostumbrada propuesta escénica del director de “Rezo por mí” (2010);”Los días de Julián Bisbal”(2009)y “Lo mismo que el café”(2003)entre otros de sus recordados trabajos; el dispositivo lumínico, el manejo del espacio y la ambientación musical se afirman como sus herramientas probadamente eficaces para contar cualquier historia; en este nuevo trabajo, donde el equipo actoral es la clave para el disfrute del espectador.

María del Carmen Sojo; Cristián Marchesi y Julia Tarditti; componen un trío dramático con fuertes matices que van de la comedia al grotesco, aprovechando cada uno sus diferentes estilos y sus trayectorias que aportan a una escena cargada de acciones sugeridas por la contundencia de el único texto escrito por el gran maestro Alberto Ure.

Marchesi vuelve a ratificar después de tantos años de ausencia en su rol de actor; la capacidad histriónica y la administración de una energía que por momentos se apodera del espacio y lo transforma, a partir de un atormentado personaje.

Sojo construye en la otra arista de este auténtico ring familiar, una mujer que lucha por contenerse y alcanza picos de intenso dramatismo que corren en dos direcciones que adoptan diferentes registros cuando se enfrenta con Carlos o con Gabriela.

Y finalmente el feliz hallazgo de una nueva y joven actriz como Julia Tarditti, dueña de una intensidad escénica que se reparte entre la iracundia, la sensualidad y la ternura de una hija que pretende que la consideren ya como una mujer.

Fuente: Rosario 12

Archivo

<<
>>