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Críticas

26 de agosto de 2014

Doña Disparate y Bambuco

Federico Aicardi Por: Federico Aicardi

Si de infancia hablamos siempre deberemos escuchar, casi ineludiblemente, el nombre María Elena Walsh, esa mujer que llenó de tortugas, monos, brujas, lavanderas, reinos y todo un arsenal de imaginación y mundos que habitamos como niños cuando somos niños y como infantes cuando somos adultos. Ahí, en esa mezcla de mundos que colapsan aparece “Doña Disparate y Bambuco” segundo producción de la Comedia municipal “Norberto Campos” que se puede ver todos los viernes a las 21 horas y sábados y domingos a las 16 hs.

La obra dirigida por Patricia Ghisoli cuenta con las actuaciones de María del Carmen Sojo, Julia Castillo, Mariano Di Franco, Facundo Fernández, Alejo Castillo y Gabriel Marinucci, la asistencia de dirección de Melisa Martyniuk y la dirección musical de Ariel Migliorelli y es en la música donde “Doña Disparate…” encuentra su fuerte. Cada canción de las que escuchamos en la obra es tan potente como algunos pasajes de la puesta en escena. Escuchamos versiones de Manuelita, El twist del Mono Liso, La canción de lavandera, etc. y viajamos a todas las edades habidas en el calendario, a todos los mundos existentes en el atlas a todos los recuerdos que existen en la memoria.

Así de canción en canción los actores van conectando esas escenas que, en algunos momentos, encuentra un exceso de energía, una histeria contagiosa que se transforma, a diferencia de las canciones, en un coro disonante donde la actuación de Julia Castillo se lleva las miradas y los halagos del público demostrando su capacidad de interpretar distintos personajes con frescura y humor, con ternura y amor.

La segunda producción de la Comedia Municipal “Norberto Campos” es un trabajo muy atractivo visualmente, la puesta de Ghisoli nos lleva del río a París con la facilidad con la que el 115 nos traslada del centro a la Siberia. Las imágenes que se construyen con la escenografía y los cuerpos dan cuenta de una obra que juega constantemente con el público e invita a ese juego, una especie de ronda donde nuestras manos se entrelazan en esa melancolía inevitable que es el recuerdo y la nostalgia. Algunos ya no somos tan chicos y extrañamos serlo, otros no son tan grandes y ansían serlo, es en ese lugar, en el medio de esas ansias y ese deseo retrospectivo donde chocan esos infinitos mundos tan disímiles como complementarios.

“Doña Disparate y Bambuco” ofrece una posibilidad para recordar. Recordar con los oídos las risas de alguien que ya no está, mientras escuchamos la música que ya no musicaliza nuestra cotidianeidad. Nos permite fundirnos en estribillos compartidos con cinco generaciones diferentes y que algo haga ruido, aunque sea un ruido disonante, algo que no parece que afina con el resto. Eso que no visitamos pero que toca la puerta inesperadamente, eso que algunos llaman memoria, otros recuerdo y otros tantos nostalgia.

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