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Críticas

20 de julio de 2015

Carne de Juguete

Lucia Rodriguez Por: Lucia Rodriguez

“Caían los barriletes

regresaban todos juntos

envueltos en llamas

con sus colas de trapo

de sábanas del cielo

desde donde alguna vez

abrazados a un oso

nos besaron la frente

y susurraron al oído

Buenas noches hijo

que descanses”.

Bombardeo, Gustavo Caso Rosendi

Dos personas mueven cajas de un lado al otro, es imposible saber si están ahí hace diez minutos o si es su propio limbo, suspendidos en un tiempo sin fin, condenados a ordenar y desordenar cosas en un galpón. Allí quedó ropa y comida que iba a ser mandada a las islas, donde jóvenes de dieciocho años peleaban una guerra llevada adelante en plena dictadura con el apoyo de un vasto sector de la sociedad.

Un padre (Roberto Stabile) y una nuera (Yanina Mennelli) deambulan como almas en pena ahí, encontrándose con sus muertos: Juan, ex combatiente (Federico De Battista) y su madre (Claudia Schujman). No hay temor ante este encuentro, hay cansancio, un letargo de lo que es vivido una y otra vez sin dar lugar al descanso. “¿Qué mierda le pasa a los muertos en este país?” pregunta uno de los personajes y la respuesta queda a la espera.

Esta historia escrita y dirigida por Gustavo Guirado busca contar desde un relato íntimo lo que significa para una familia argentina la guerra de Malvinas hasta el día de hoy y sus múltiples reproducciones en una coyuntura repleta de violencia y de falta de reflexión por parte de los ciudadanos.

Una guerra protagonizada por niños que no pudieron despedirse de sus juguetes, de sus familias, de sus novias. Con cartas que no llegaron y cuerpos que no aparecieron. Los muertos vuelven porque nunca pudieron irse.

Carne de juguete sostiene una narrativa alejada de la solemnidad, con algún registro desde el costumbrismo y un manejo del humor que permite relajar momentos de intensidad. La dirección de Guirado refleja un trabajo arduo junto a sus actores, quienes hacen carne del texto y dan vida a estos personajes tan cercanos.

Los muertos no se acuerdan, los vivos no largan a sus muertos; la no-vida se representa en un limbo de alimentos vencidos y ropa no enviada, como todo aquello que quedó en el tintero de esas vidas perdidas al sur del país. La muerte no solo se lleva todo lo que se tiene, sino también todo lo que se puede llegar a tener. Malvinas por siempre tatuado en la memoria de un país con demasiada muerte que regurgita.

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