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Críticas

16 de junio de 2011

Teatro MTQN - Crítica

Capot

Federico Aicardi Por: Federico Aicardi

Apenas comienzo a escribir sobre la obra en cuestión me es imposible entrar en una discusión conmigo mismo sobre por qué me choqué con la necesidad de escribir nuevamente sobre Capot. Al segundo y milésimas aparece en el fondo de mi cerebro (yo creo que ese fondo está cerca de la nuca pero del lado de adentro) una figura que se hace llamar respuesta pero que termina siendo un indicio de la misma. Esa figura es la palabra “comodidad”. La comodidad es un lugar del que decimos que escapamos “cuando queremos parecer sofisticados” pero al que corremos cuando nos sentamos a trabajar y no nos sale nada. Es ese momento en el que nos chocamos contra nuestras propias limitaciones y sabemos que en aquel momento no teníamos las herramientas o la distancia necesaria para analizar o “dar un parecer” sobre lo que vimos.

Es ahí donde recurrimos al tecnicismo y a golpes de efecto, palabras lindas y oraciones complejas para que parezca que entendimos lo que vimos pero en nuestra imaginación pensamos en la lectura del “cómo hacer un pancho” del libro de cocina de tu tía, la soltera que cocina y ahora se le da por escribir. Como mínimo, todo esto es injusto.

Hoy me encuentro con ganas de hacer desaparecer eso que alguna vez dije o escribí sobre “Capot”, la obra que Pata de Musa presenta los sábados 18 y 25 de junio a las 16 hs en el estacionamiento del CEC (Sgto Cabral y el río) protagonizada por Paola Chávez, Carlos Rossi, Ariel Hamoui y Nicolás Marinsalta y escrita y dirigida por Miguel Bosco y Esteban Goicoechea, simplemente porque no llega a describir ni en un 17% lo que realmente sentí cuando la vi.

La obra es una experiencia de esas que son difíciles de contar porque son indefinibles. ¿Qué es Capot? Es una obra de teatro, encuentro como primer e impulsiva respuesta. Casi de inmediato me doy cuenta de que esa respuesta tiene la misma validez que mis elucubraciones sobre física cuántica. Entonces encuentro la segunda y me digo: es una escena cinematográfica (ni vale la pena entrar a discutir por qué rebatí esa respuesta). Después de pensarlo durante una media hora encontré la siguiente explicación: ¡Capot es teatro callejero! Otra vez me choqué con la realidad y recordé que el teatro callejero ni siquiera yo sé que es, si es esa mezcla de humor y acrobacia o es una estatua viviente o esas obras que vemos por cine en las que se monta “Mucho ruido y pocas nueces” en el Central Park.

Pero ahí se encuentra el espíritu de este escrito y es que, hace unos segundos, me di cuenta de qué es Capot. Es una experiencia que se da pocas veces al año que engloba todo esto que venía negando. Es una obra de teatro, que tiene la calle como escenario, que puede emparentarse con un plano secuencia cinematográfico, que es altamente confundible con la realidad si no fuese porque los actores usan micrófonos y que tiene un registro actoral puramente realista.

Todo esto sumado da el resultado de que Capot es: la espectacularización de lo cotidiano (aplausos). Si, Capot lleva un fragmento de un día cualquiera a escena sin transitar el escenario. La dupla Goicoechea/Bosco piensa en esta obra a la cotidianeidad como espectáculo y es maravilloso pensarlo así porque cuántas veces nos hemos detenido y mirado de reojo a una pareja que pelea en la calle o a una madre que reta a su hijo. Pata de Musa nos da la posibilidad de ver esto sin tener que disimular que lo estamos viendo.

Capot nos permite, de una vez por todas, frenar en la calle a ver como se pelea la gente sin sentirnos que alguno de los protagonistas de esa pelea se va a dar vuelta y nos va a preguntar: “¿Qué carajo estás mirando?” porque la respuesta ya la tenemos “Estoy mirando Capot”.

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