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Críticas

10 de agosto de 2012

Pornográfico (en el buen sentido de la palabra)

Camerino - El Viento Afuera

Federico Aicardi Por: Federico Aicardi

Esta vez voy a intentar ser cuidadoso, ser minucioso, tratar de que las palabras que voy a usar no dejen lugar a malos entendidos, que no permitan ser interpretadas de un modo erróneo. Es que siempre que escribo sobre alguna obra necesito saber de antemano qué es lo que me sugirió, qué es eso que tiene de única para que un escrito no sea una mera reseña minuto a minuto de lo que pasa en x trabajo. “Al principio entra tal personaje que es gracioso, a los diez minutos se encuentra con la que es su madre, dos minutos después se pelean, etc, etc, etc” y así termina siendo un resumen futbolístico de un hecho artístico. Pero en este trabajo en particular necesito ser cuidadoso, cauto, preciso porque no puedo escapar a dos palabras que me parecen que enmarcan conceptualmente (si queremos ser más “elevados”, filosóficamente) “Camerino (el viento afuera)” el último trabajo del grupo “La tramoya” y son las siguientes (ya no puedo estirar más la aparición de los vocablos): erotismo y pornografía.

Camerino cuenta la historia de cuatro actrices que se juntan todos los domingos a realizar la puesta de La casa de Bernarda Alba (de Federico García Lorca) en un teatro minúsculo ante un público exiguo. Dentro de esa situación nos encontramos con los pormenores de un grupo teatral independiente que llega a reemplazar a una actriz que decide no presentarse con la “moza del bar de la esquina”. El grupo “La tramoya” plantea el amor por el teatro, por el trabajo que se realiza “muy a pulmón” exagerando lo clichés de lo que se entiende por “teatro independiente” (que muchas veces no está alejado de lo que realmente es).

¿Qué tiene que ver el erotismo y la pornografía en este trabajo? Para entenderlo me remití a un artículo escrito por Nancy Prada Prada y publicado en www.lafuga.cl que piensa a la pornografía como “la exhibición del cuerpo sin pudor, en cuyo caso habría que hacer siempre la salvedad de que el pudor depende del contexto, pues en ciertos países es pornográfico que una mujer enseñe un pie desnudo” y, de esta forma, podemos inferir que la obra es un trabajo pornográfico si entendemos que ese cuerpo que se muestra sin pudor es el teatro en si mismo. Es que si pensamos que toda obra plantea una relación erótica con su público, Camerino plantea una relación pornográfica porque sobre expone al teatro. Sobreinforma sobre el cuerpo teatral, lo deja más que desnudo, lo evidencia en todas sus falencias, no sugiere, no insinúa, denuncia y deja a la intemperie a un teatro que ya no puede tapar con telones sus genitales.

Camerino cuenta con grandes personificaciones de sus protagonistas cargadas de humor y de una relación que las antecede. Julieta Ledesma es su voz, su potente y maravillosa voz, que la planta como una diva de poca monta, Carmen Marquez es la actriz de recorrido, la gran actriz que apuesta por el teatro, Ximena Orellana es la joven militante que no come, que está cansada de sus padres y que encuentra en este grupo un lugar para seguir escapando y Yerutí Marturet la sorpresa, la pequeña moza que se transforma en un animal teatral. Pero hay algo en la obra que distorsiona todo esto y es un constante movimiento de las actrices, de esta forma, algunos momentos de altísimo tenor humorístico se diluyen a merced de “lo que viene”. Así, el vértigo que viven las actrices no da lugar a que el público pueda degustar eso que se había servido.

Carolina Hall (directora y dramaturga) logra con Camerino darnos la posibilidad de entrar a ese lugar que nadie puede entrar, a ese espacio prohibido para todo el que no pisó un escenario y lo magnifica, lo hace gigante, lo sobre expone, en fin, lo pornografica (en el buen sentido de la palabra).

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