TeatroEnRosario.com
 

Críticas

29 de abril de 2014

La década llamada

Call Center. Mujeres Fuera de Servicio

Anahí Lovato Por: Anahí Lovato

El celular suena, en promedio, tres veces por día. La pantalla muestra que la llamada entrante pertenece a un número desconocido. Puede ser importante. Atiendo. No hay nadie del otro lado. Sólo una musiquita que inmediatamente asocio a una compañía de teléfonos y un mensaje robótico indicándome aguardar un instante. Seguro es de Personal, para insistirme en cambiar el plan. Me ofusco y corto antes de escuchar al humano tras el auricular. Ya aprendí: cortaré la llamada cada vez que el teléfono suene por un número desconocido. Me pregunto por qué mi número de teléfono insiste en aparecer en la base de datos. Me pregunto si acaso un trabajador de call center cobrará menos este mes porque me niego a atender su llamado. No tengo respuestas. Pero el teléfono continuará sonando, al menos, tres veces por día, toda la semana.

Un call center es una perfecta reproducción del mundo a escala de laboratorio. Un ambiente recreado artificialmente, con pretensiones de asepsia, pero donde se cuelan, sin embargo, innumerables gérmenes de subjetividad. Así lo demuestra "Call Center. Mujeres Fuera de Servicio", la obra escrita y dirigida por Mariana Valci que se presenta todos los viernes de mayo en La Manzana (San Juan 1950).

El telemarketer constituye la base social del mundo del las empresas de servicios telefónicos. Una figura con una maravillosa capacidad para ejemplificar el concepto de alienación. El trabajo es reiterativo y tedioso. El teléfono suena cientos de veces por día y, para vender, hay que atenderlo. Para vender, hay que engañar al interlocutor. Para vender, hay que repetir el speech bien enseñado y memorizado gracias a la capacitación. Es así: sin discurso no hay mentira. Sin mentira no hay ventas. Sin ventas no hay objetivos cumplidos. Resultado: el sueldo se reduce a la mitad.

Por alienación entendemos, más allá de los debates de filosofía política, al fenómeno de extrañamiento que el trabajador siente frente a su propio trabajo. Los obreros no experimentan su realización como hombres durante el trabajo sino, por el contrario, se sienten plenos fuera de él. Las horas de trabajo son horas de negación del ser, de expropiación y de profunda infelicidad.

Algo similar experimentan las obreras cognitivas de Call Center. Sus deseos, sus sueños, sus motivaciones están muy lejos de la botonera del teléfono. El trabajo se organiza para asegurar la productividad, sobre la base del control. Pero las pasiones y las miserias humanas se filtran entre las llamadas.

Cuatro son las telemarketers de VivaldiNet, la empresa en cuyas oficinas transcurre el drama de la obra. Un escaloncito más arriba encontraremos una jefa de recursos humanos, una agente de seguridad y una supervisora. Extramuros, ausente pero omnipresente, la figura masculina del jefe definirá cada una de las neurosis. Finalmente, llegará desde Seattle un personaje que viene a complicar la trama: una nueva team leader para el grupo.

Según la Cámara Argentina de Centros de Contacto, más de 54 mil personas trabajan en call centers en el país. Su crecimiento sostenido en Argentina comenzó en el 2003. A partir de allí, muchas empresas montaron sus oficinas en las capitales de las provincias, por eso la actividad es considerada una fuente de trabajo "con verdadero carácter federal". También un "factor de inclusión" para miles de jóvenes que ingresan al mercado.

Tras las cifras y las calificaciones, lo cierto es que nadie desea trabajar allí. El empleo en un call center aparece como una solución al alcance de la mano para el recién llegado a la ciudad, el estudiante, y hasta el recién graduado universitario. Pero a los pocos días, casi todos quieren huir despavoridos.

Las historias van más lejos. Hace poco tiempo escuché a una ex empleada relatar sus padecimientos trabajando en uno de estos lugares. Su tarea era vender carísimos seguros de vida. Todos los días, detrás del altavoz, pensaba en sus abuelos cada vez que llamaba. En sus abuelos y en sus flacas jubilaciones. La angustia le oprimía el pecho, pero sonreír para el cliente era una orden. Además, sin ventas no hay fin de mes. Así que se vio obligada a desarrollar una estrategia para lidiar con la culpa: cada vez que conseguía venderle un seguro a alguna abuelita de un pueblo del interior, anotaba su número de teléfono. Al finalizar la jornada, corría a un teléfono público a llamar a la señora para pedirle que, por favor, diera de baja el servicio. Para pedirle, también, que la disculpara, y para explicarle que todo lo anterior era un gran engaño.

Por esa exasperación del trabajo repetido, por la palabra expropiada y por esa angustia existencial y obrera nos hace circular "Call Center. Mujeres Fuera de Servicio", una propuesta dramática donde ponen el cuerpo Ivana Sacco, Valeria Quaglia, Sandra Ferraro, Guillermina Durando, Maira Barbosa, Salomé Rodríguez, Ayelén Cano y Vanesa Vignolo, con la asistencia de dirección de María Florencia Corvalán. Una obra donde prevalece el absurdo de lo real, de lo cercano, de lo tangible. Una historia donde, suceda lo que suceda, la premisa es siempre seguir trabajando.

Archivo

<<
>>