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Críticas

13 de abril de 2012

La bomba que nunca explota

Bruthal

Federico Aicardi Por: Federico Aicardi

“La diferencia entre una película normal de cine negro y una de mis películas puede explicarse mediante un claro ejemplo: tres personas están sentadas a una mesa; bajo la mesa hay una bomba; los tres personajes lo ignoran y el público también; cuando la bomba estalla interviene el elemento sorpresa, que es típico del estilo negro; por el contrario, lo que pasa en mi película es lo siguiente: los tres personajes tienen una bomba bajo su mesa y ellos lo ignoran, pero el público está al corriente y querría avisar a sus personajes de que están a punto de saltar por los aires; mi habilidad consiste en dosificar esta espera, que no debe ser ni demasiado larga ni demasiado corta y debe ser seguida por un periodo de distensión” (Alfred Hitchcock).

Así definía el director de Psicosis esa particularidad tan especial que caracterizaba a su cine, como esa zanahoria frente a nuestras narices que nunca podríamos llegar a comer, esa información dada que era el gancho para que nosotros querramos “meternos” dentro de la pantalla para evitar lo inminente. Es en esta atmósfera donde Marina Lorenzo y su grupo “El eslabón perdido” crea Bruthal, tercera obra escrita y dirigida por el grupo.

Bruthal comienza con un crimen, Berta y Rebeca (Melina Playa y Romina Bozzini) asesinan a su amiga en el living de su casa e idean esconderla dentro de un baúl que oficiará como mesa para el ágape posterior. Al caer la noche aparecerá Armando, el mayordomo (interpretado con comicidad por Juan Pablo Yévoli) con todos los preparativos para recibir al único invitado Fausto (Lucas Cosignani) que es la pareja de la difunta. Si bien la obra se plantea como una idea novedosa dentro del ambiente teatral rosarino (el trabajo del suspenso no es fácil de encontrar en nuestra escena), la misma no llega a desarrollar todo lo que intenta.

El primer punto es el cuerpo muerto escondido (la bomba bajo la mesa de Hitchcock), esa información de más que tenemos los espectadores y que dos de los protagonistas no tienen. Esa “bomba” desaparece por momentos a merced de un discurso (discurso que pierde su carácter de época en algunos pasajes) que enmaraña libros, comidas e historias de amor pasadas. Esto no sería así si los cuerpos de Berta y Rebecca demostraran que ellas si saben que hay un muerto escondido en escena pero, en grandes pasajes de la obra, parece que hasta ellas olvidaron que su amiga yace muerta en un baúl.

Pero estos cuerpos no sólo olvidan a la difunta sino que, y en este punto también forma parte Fausto, tampoco acusan recibo de la enorme cantidad de alcohol que ingieren a lo largo de toda la historia. Berta, Rebecca y Fausto se pasean del whisky al gin, del gin al champagne y de allí de vuelta al whisky sin acusar recibo de los efectos que dichas bebidas producen en los seres humanos (si bien son personajes teatrales hasta ellos deberían evidenciar algún tipo de dificulta motriz por la ingesta).

Plantear como acción principal el beber, comer y fumar en un puesta debería funcionar como motor de la misma porque si no es mera ilustración.

Por último existe un intento de subrayar el suspenso, que por momentos no está por el olvido que los cuerpos hacen de la tensión de tener un muerto encerrado en un baúl, mediante características muy predominantes en las actuaciones. La actitud fría y calculadora, que se hace evidente en el tono monocorde y “misterioso”, de Berta, debería encontrar algún quiebre en el transcurso de la historia para que sea verosímil (Norman Bates es un pobre y pequeño dueño de un hotel que devendrá en asesino psicópata, “los pájaros” parecen inofensivos en el inicio de la película pero luego arrasan con toda una ciudad, etc.). El personaje se presenta de esa forma y terminará de la misma forma. Así sucede también con su hermana Rebeca, a quien se la verá nerviosa y con dudas al principio y, de la misma forma, al final. Dentro de esta monotonía aparece Armando para refrescar con su humor el clima planteado pero Fausto volverá a inclinar la balanza para el lado de lo preponderantemente monótono.

Bruthal es un trabajo que plantea una idea original basada en un universo muy personalista como es el universo de Hitchock pero que en el recorrido pierde la esencia del mismo porque cuando la “bomba debajo de la mesa” explota sin que hayamos visto el segundero llegar a cero, ya es tarde para que las que la pusieron se hagan cargo de la misma.

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