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Críticas

30 de agosto de 2015

La situación de los pasivos

Aprovechar el tiempo

Leonel Giacometto Por: Leonel Giacometto

En un cruce de generaciones de artistas rosarinos que genera un gruñido sobre la realidad circundante (de la actuación), “Aprovechar el tiempo”, de y por Ricardo Arias, ocurre, sin engaños, en esa estancia, latiendo la vida del artificio que es vivir actuando. Y viceversa.

Al teatro no hay con qué darle. Y es por los actores: esos seres humanos que actúan lo que actúan, chantajeándose el goce una y otra vez. Esas personas -que son y no son como cualquiera- son el porqué de su contundente resultado. Rico, pobre, subsidiado, comercial, off, alternativo, propagandístico, callejero, sentado, parado o panfletario, el teatro es imbatible. No hay con qué darle a este invento que, si se lo mira con atención, tiene una fórmula tan simple que espanta: todos juntos, hoy por hoy, para creernos, en vivo, algo que nunca es del todo cierto. Pero ocurre.

“La pasividad es una forma de violencia”, le dice ella a él. O él a ella. Da igual: están actuándose para sí, uno para con el otro, y para nosotros, que los estamos viendo y no espiando. Este tipo de “bilocaciones” de la actuación, en muchos casos, es un pastiche sin dirección ni sentido teatral utilizado más bien como recurso o muleta actoral cuando falta teatro y sobra actuación. Pero en Aprovechar el tiempo, que nos hablen y miren al mismo tiempo que se acarician, por ejemplo, nos da permiso para sentir, pensar y ver que ahí, no sólo hay una dirección sensitiva y cuidada, sino, sobre todo, hay dos grandes actores actuando. Esto es lo importante en una ciudad proclive a la anulación de sentido artístico: nadie tiene pasado, aunque algunos tienen más pasado que otros y en el fondo, la invisibilidad es lo que hay.

Aprovechar el tiempo es una obra de actores rosarinos. Aprovechar el tiempo es una obra con actores rosarinos. Con el peso arrogante de ser lo que el prejuicio piensa que es, en realidad, la gente que vive, crea y muere en una de las ciudades más temidas del país. Lo de temida es por el narcotráfico, la trata de blancas, los judíos de doble moral, los gatos a la Puerto Norte, los túneles, los búnkeres, Rosario Central, el otro club, y Libertad Lamarque y todo, todo, lo que no se ve ni se escucha ni se intuye desde allá, pero que funda, y sigue fundando, el linaje actoral que ya cumple un siglo en la ciudad de Rosario, que nadie sabe quién fundó. Pero ocurre.

Hay tres actores de Rosario. Hay dos directores y dos actores de Rosario; y hay una actriz de Rosario. Dos actúan y el otro dirige. Eso es todo. Una grosera delicadeza de lo literal, que se hace sueño y pesadilla después de todo. Una deferencia compasible, una íntima reunión de actores de dos generaciones que se pisan los talones. Hay generaciones que se pisan entre sí, contemporáneos, y otras que ni intentando morderse codos pudieron. Pero no suele suceder que dos generaciones de actores se junten para actuar en una propuesta donde la premisa, al parecer, es la autenticidad (y no “un clásico”). Lo literal de la palabra auténtico puesta en escena, a la manera de revancha del cuerpo sobre la palaba, sobre quién lleva los latidos de todos en el teatro, y sobre quién espera que lata. La autenticidad del artificio este que es el teatro, pero de verdad, en una puesta que no es tal resulta Aprovechar el tiempo.

Sin fingir que no fingen ni nosotros fingiendo que ya sabemos que los actores entran con nosotros, ellos están ahí. Sin el artificio del artificio, y entre nosotros, ellos están ahí. Y son eso: actores. Él (David Edery), pisa los ochenta años. De verdad. Ella (Claudia Schujman), le pisa menos de la mitad. Más o menos. En una plaza que es cama o en una cama que es una plaza, o en una sala nueva de la ciudad donde hay una cama enfrente de una tarima con sillas y personas mirando, con apagones inciertos, extrañados y hasta sensuales, un hombre y una mujer se encuentran. No se van a enamorar, no se van a contar sus respectivas vidas. Apenas sabremos detalles de una importancia relativa de dos a los que no les conocemos el nombre. Claudia y David son los actores y pareciera que los personajes son ellos, sinceros actores actuando el paso del tiempo que transcurre la obra en el momento de sus propias vidas. Un juego de espejos sin demasiados espejos. Uno solo, más bien: el otro. Cogen, como pueden. Hablan, como pueden. Se cuentan lo que se quieren contar. Se esconden lo que saben doloroso. Se divierten lo que pueden divertirse. Por momentos hay un registro actoral tan extrañado como legítimo, totalmente artificial pero real, con la sinceridad de la que se ungió el proyecto que es Aprovechar el tiempo.

Aprovechar el tiempo entre “el lecho del abandono y el cotorro para apolillar un rato más”, es un cruce de generaciones de artistas rosarinos que genera un gruñido sobre la realidad circundante (de la actuación). Hay dos momentos, dos monólogos cortos que son una cabal muestra de la calidad actoral de ambos actores, y cómo estas dos actuaciones al parecer poco compatibles por tiempo, espacio y coyunturas pueden filtrar irreverencias de una sensibilidad tan íntima como atroz o hilarante. Ella (Claudia Schujman es una actriz inmensa) cuenta sobre su abuel@ travesti porque lo ve a él tirado en la cama y se le viene la imagen de su abuel@ dándole masa a una vecina. Y nos lo dice. Pero David Edery es un actor que sabe de puntos suspensivos, y él tiene el peso del final de Aprovechar el tiempo con una anécdota al mejor estilo “realismo argentino machista” que, sin embargo, sobre el final del final, provoca estremecimiento: él se va. Sólo eso. Increíble poder del cuerpo humano para solo irse y narrar, yéndose. Siempre los hombres se van, y siempre queda una mujer, ahogada en palabras sin decir, aun; y con las manos apenas preguntándose el por qué mientras las luces se van, para siempre.

Ficha técnico-artística

Dramaturgia y dirección: Ricardo Arias

Actuación: David Edery y Claudia Schujman

Diseño Gráfico: Federico Tomé

Nota publicada en la Revista Mateo de la Asociación Argentina de investigación y crítica teatral Aincrit - http://leemateo.com.ar/?p=979

Sitio web: http://www.aprovechareltiempo.com/

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