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Críticas

4 de mayo de 2015

Una pregunta que nos mueva

Anonymous

Anahí Lovato Por: Anahí Lovato

Griselda Gambaro dijo una vez que una obra de teatro es “un ajuste de cuentas, un enfrentamiento más o menos inmediato con la sociedad”. Si es así, entonces tendremos que concluir que Anonymous es una pieza que tiene mucho por ajustar, puesto que con lo primero que confronta es con el hecho mismo del ser social. No somos sujetos: estamos sujetos. A muchas cosas. Pero, originalmente: a la desnudez, al plástico, a la humanidad, a la transparencia y al anonimato. Así comienza esta obra.

Después, las cosas van tomando forma: por multiplicación celular, desde los organismos más básicos hasta los más complejos. Ornamentos, estructuras, colores. Eso es el mundo: eso y el entre, lo que un organismo compone con otros organismos.

Entonces, cuando todo ha sido dispuesto en el escenario, emerge otra deuda por pagar. El equipo de Dedoenelojo Teatro le ha puesto nombre: hipocresía. Anonymous pretende desnudar los simulacros; los individuales y los comunitarios. Mostrar quién está detrás de la careta, aunque carezca de nomenclatura. Señalar lo falso sin disimulos. Para eso, apela a una forma de hacer teatro que es mucho más argumentativa que narrativa.

Quiero decir: narrar y argumentar son dos modos de organizar el pensamiento. De ordenar la experiencia y construir la realidad, dice Jerome Bruner. La narración cuenta historias; la argumentación procura demostrar la validez de un punto de vista.

En tanto pieza teatral, es difícil sostener que exista en Anonymous una historia para contar. Aunque sí, seguro, existen hechos e ideas que se relacionan o contraponen para obligarnos a los espectadores a producir sentido.

Implícita o explícitamente, quienes hacen teatro deben preguntarse, en algún momento de sus vidas, para qué lo hacen. Para qué sirve el teatro. (Una pregunta que, ciertamente, puede venir acompañada de una interjección. Por ejemplo: para qué carajo sirve el teatro).

Desconozco cuál ha sido la respuesta que la directora de Anonymous (Carla Tealdi), los actores (Federico De Battista, Malén Meazza Maté y Julia Tarditti) y la asistente de dirección (Tania Scaglione) lograron encontrar para esa pregunta. Sin embargo, puedo arriesgar que no fue entretener. Quizás hayan dicho transformar. O acaso pensaron que era demasiado y entonces prefirieron desencajar. Molestar, incomodar, tanto como el hecho de meter un dedo en el ojo.

De acuerdo. Una obra de teatro es un acontecimiento del que un espectador sale (¿sale?) –más o menos- transformado. Eso si es que ha conseguido hacer –de nuevo: como dice Gambaro- sus “pequeños descubrimientos” en la pieza. Pues bien: Anonymous siembra un enorme campo de elementos por descubrir, como una gigantesca bolsa de minúsculos juguetes donde revolver y definir categorías para clasificar.

Entre las respuestas posibles, estimo que, además, los protagonistas del suceso eligieron decir: montar una obra para montar, también, una posición ante el mundo.

Hay que saber, finalmente, que cuando se dice siempre se arriesga. Puede que en una obra el espectador encuentre cientos de objetos, puede que se lleve algunos fragmentos, o bien puede que no descubra absolutamente nada.

Pase lo que pase, siempre vale la pena atreverse a dejar suceder a las ideas, argumentar con el teatro como herramienta para formular, al menos, una pregunta que nos mueva.

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