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Críticas

18 de agosto de 2015

Distopía

Anonymous

Leonel Giacometto Por: Leonel Giacometto

A partir de la tan usada y manoseada “dramaturgia del actor” Anonymous logra montar un espectáculo que, con una simpleza asombrosa y como pocas obras en muchos años en la ciudad de Rosario, utiliza aquello que puede generarse de la junta de lo real del teatro (los actores, la escenografía, las luces y nosotros) con todo el aporte de los recursos multimedia (audio, video, instalación, internet). Y lo hace sin alardear, pregonando más bien.

En Rosario, el nuevo teatro, que va desde los 20 hasta los 30 años de edad más que menos, viene siendo impulsado por el entusiasmo gestor y artístico de personas que, en mayor o menor medida, apuesta por una impronta que, no sólo va más allá del llamado “teatro regionalista” o “teatro rosarino” (que nadie sabe qué es más allá de la etiqueta), sino que apuesta a una búsqueda tanto personal como grupal de una estética y un teatro más legítimo, en realidad, en una ciudad que, como no muchas, o mira mucho para afuera o mucho para adentro. Y esconde (o anula).

El programa de mano, los afiches y los esténciles callejeros, los flyers y todo lo relacionado a la promoción e información de Anonymous, con dirección de Carla Tealdi y autoría del Grupo Dedoenelojo, está atravesado por una frase del escritor inglés James G. Ballard (1930-2009). Y esto no es casual, por suerte, por buena suerte para la escena local la literatura funciona como disparador y elemento fundante de sentido interno, y no como procedimiento o mera adaptación.

Ballard escribió: “La locura como último refugio de la libertad en una era signada por el aburrimiento, la introyección de la tecnología en nuestras psiquis y afectos, la colonización total de la vida privada por el paisaje mediático o la sustitución del erotismo por esa conjunción de abstracción, deseo y eficiencia que implica la imagen pornográfica”. El Grupo Dedoenelojo va más allá de los conceptos y posturas teatrales en cuanto a la locura como forma de representación, va más allá de los dopados estereotipos y los intentos fútiles de darle al teatro la noción de “denuncia”. El Grupo Dedoenelojo va hacia el enojo. El que está enojado puede hablar. El que está enojado puede pedir. Y lo que pide es demanda. Y la demanda es cambio, y el enojo contagia. En Anonymous, es el enojo joven el que gesta el mismo espectáculo, el que pone el cuerpo, el que lo hace carne y, sobre todo, teatro. “Lo indeseable de ser esto y otro mientras se podría ser otro” podría ser el germen del enojo de Anonymous. Ballard escribía sobre sociedades que se odian a sí mismas. Eso es una distopía, y el odio es un decir.

El comienzo de Anonymous impacta y, de alguna manera, “coloca” el orden del sentido que vendrá. “Hasta la perversión exige un orden”, decía el Marqués de Sade. Hay una pantalla blanca sobre la que se mueven moscas, muchas moscas, sombras gruesas de moscas en rededor de los cuerpos de los tres actores (Federico De Battista, Malén Meazza Maté y Julia Tarditti) envueltos en el plástico que se usa para embalar (o para adelgazar, según la patología). Todo es ascético y colorido después, agitado, casi infantil y amoldado a las circunstancias por las cuales los actores se entregan. No sabemos sus nombres, pero tampoco sabemos si son personajes: son los actores actuando un enojo compartido sobre lo que hay, lo que viene y lo que vendrá. Los hastiados, los mal informados, los muy informados, los embolsados, los acalambrados, los apretados, los inútiles, los ni, los qué, los nada, los nadie, los hijos, los bien y mal queridos, los repetidos, los asqueados, los explotados son Anonymous.

Ni las drogas, ni el sexo, ni los cruces de registros actorales, ni lo audiovisual, ni la luz cruda, ni la oscuridad, ni los gritos, ni lo grotesco, ni siquiera el detalle que una actriz encuentra en el aire, porque sí, nada alcanza para que los actores de Anonymous, sobre el final, aunque augurando la posibilidad, siquiera, de “poder querer”, sangren. Y lo hacen desde sus cabezas. Son las cabezas de los actores las que sangran al final de Anonymous, y sobre las que, al principio, sobrevolaban moscas insoportables.

Ficha técnico-artística

Dramaturgia: Carla Tealdi (a partir de los actores)

Dirección y puesta en escena: Carla Tealdi

Actuación: Federico De Battista, Malén Meazza Maté y Julia Tarditti

Asistencia de dirección: Tania Scaglione

Dirección Artística: Dolores Tealdi

Escenógrafos: María Victoria Meazza Maté, Facundo Sedrán, Sofía Tarditti y Franco Pisano

Diseño y realización de vestuario: Pilar Ramos

Diseño lumínico: Carla Tealdi

Diseño Gráfico: Lucía Masellis y Mariela Alsina

Música y sonorización original: Fernando de Sarriera

Visuales: Malén Meazza Maté, David Gustaffson

Fotografía: David Gustaffson

Producción: Grupo Dedoenelojo

Nota publicada en la Revista Mateo de la Asociación Argentina de investigación y crítica teatral Aincrit - http://leemateo.com.ar/?p=967

Archivo

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