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Críticas

22 de abril de 2016

Amar es de puto

Amor Puto

Federico Aicardi Por: Federico Aicardi

Todas las mañanas firmo una petición de change.org. Si no es por los perros de tres patas de Kiev, es por las ruedas cromadas de los paralíticos de Ruanda. Sin excepción, todas las mañanas, necesito firmar algún petitorio. Solamente después de haber realizado ese acto altruista puedo hacerme un café y dar rienda suelta a mi indiferencia hacia todo lo que me rodea. Es que el mundo está muy mal y hay que sensibilizarse con aquellos que no tienen la misma suerte que nosotros. Ese es el verdadero problema de este mundo, la falta de sensibilidad para con el otro. Pero tampoco es cosa de ser muy sensible, hay que ser lo suficiente como para no ser un desalmado pero no tanto como para ser un puto.

Ahí me debato como nos debatimos todos, entre la insensibilidad y la mariconeada, mientras la cola del Coto se nos hace más larga. Y si bien nos parece una zona demasiado gris y estrecha, todos sabemos que existe una sola cosa que nos mantiene a salvo de que nos griten “puto” por la calle y es nuestra capacidad para no amar. Amar es de putos.

Todos queremos ser amados, es muy lindo ser amado, amar es diferente. Nos hace llorar, ser débiles, necesitados, nos hace sentir en falta, sufrir, nos hace ponernos de rodillas y salir a comprar las flores más cursis de toda la tierra. Nos transforma en unos maricones porque si algo queda claro es que amar es de puto.

Los putos aman y nosotros los señalamos con el dedo. Los putos lloran y nosotros nos cagamos de risa. Los putos sufren y nosotros gozamos el goce de los insensibles. Algunos aman, sufren y lloran tanto que necesitan gritarlo ante el silencio de los que caminamos muertos de risa.

Pero ojo, cuando lo gritan en un escenario, en la comodidad anónima de la oscuridad de la platea, los vemos en silencio y capaz que se nos cae una lágrima.

“Amor puto” nos trae a escena a un hombre que ama, que sufre y que llora. Y tanto ama, sufre y llora que está vestido de mujer. Cristian Ledesma, el enorme actor que se anima a sentir todo arriba de un escenario camina por esos bordes tan peligrosos para nuestra era.

Transita la angustia de amar demasiado, interpela al público con su culo falso y sus piernas reales. Nos hace reír para que no nos preocupemos tanto.

Su personaje tiene el corazón roto y no sabemos si fue quién o qué el que se lo rompió pero está roto. Nos hace mal ver un corazón roto. Estamos acostumbrados a ver cadáveres, psicóticos y desnutridos pero la sola presencia de un corazón roto nos incomoda.

“Amor puto” es una obra incómoda. Alejandra Codina en la dirección, Cristian Ledesma en el escenario y ambos en la dramaturgia se encargaron de que sea así. No hay nada inocente en hablar de amor en un mundo que lo pregona desde una computadora pero que no se anima a darlo. Un mundo que firma peticiones a la mañana, resiste por la tarde y garcha por la noche. Un mundo que solo usa la palabra amor cuando se junta en una plaza con los que supuestamente aman pero que en soledad se convence de que amar es de puto mientras que deshoja la margarita y espera mañana encontrar ese puto amor.

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