TeatroEnRosario.com
 

Críticas

18 de marzo de 2015

La grieta carmesí

Algo sangra

Leonel Giacometto Por: Leonel Giacometto

La familia es una extorsión constante. Eso reza “Algo sangra”, de Melisa Martyniuk, quien junto con otros jóvenes rosarinos, reafirma esa constante imperecedera de hacer teatro haciéndose, en el mientras tanto, buscando y buscándose, hurgando, negando, copiando, creando y encontrando aquello por lo cual los cuerpos humanos se buscan, se encuentran, se rechazan y se olvidan a la hora del teatro.

En año 2013, la actriz Melisa Martyniuk convoca a Mayra Sánchez, Franco Pisano, Julia Tarditti, Federico De Battista y Virginia Brauchli: actores jóvenes de la ciudad de Rosario, quienes comparten entre sí distintos proyectos y espacios de formación, para llevar adelante la puesta en escena de Algo sangra, texto escrito por ella. En el mes de mayo de aquel año comienzan los ensayos para finalmente estrenar en marzo del 2014, con dirección de la propia autora.

Hay un comienzo de luces rojas y verdes que van y vienen entre una penumbra por donde es posible distinguir cuatro cuerpos bailando. Hay música. Hay algo natural. Y no tanto. Todo comienza por ser contado, a la manera de un anfitrión (o un vocero). Entonces se encienden las luces. Hay un sillón de dos o tres cuerpos, hay una banqueta, una barra de bebidas, hay botellas, un micrófono de pie, un amplificador, algunos libritos por ahí, pastillas, vasos, alcohol, luces bolicheras intermitentes y luces blancas de teatro. Los cuerpos serán cinco.

No hay un padre pero sí una madre. Hay una madre y dos hijas. Hay dos hijas: una morocha y una rubia. Una es flaca y la otra, flaquísima. Hay una madre que está, digamos, más buena que las dos hijas juntas. Pero como nadie hace caso a eso (nunca), también, hay un psicólogo cama adentro que aplica un particular método terapéutico, más parecido a un yerro dramatúrgico que a una especialidad de la rama de Freud. Es el psicólogo-vocero el que explica lo que ya nos enteraremos más adelante: esa gente no está bien. Para colmo, la venida de un primo huérfano de Chaco, quien esconde mucho más de lo que aparenta, desata una catarata de sucesos pasados que todos comparten y ocultan. Pero nadie explota. Sin embargo, algo sangra. Y, a pesar del pus y el sangrado, nada pareciera surtir efecto para la cura familiar. Y se van, todos, de la escena.

La cercanía, la intimidad que logra o no logra la fusión entre el texto y la escena, a veces, intimida las intenciones (valederas a fin de cuentas) por el continuo que exige una obra de teatro. Esto sucede en Algo sangra. Esto recala y repercute inexorablemente en los cuerpos y en las actuaciones, que se envuelven en un espiral blando, cuyo resultado es una interferencia rítmica que provoca disrupción. Sin embargo, a los personajes de Algo sangra esto no les importa. Un aire viciado los influye, un problema aun mayor los convoca: ellos mismos. Decididos débilmente pero decididos, todos huyen al encuentro de un presunto milagro, una encarnación venida de lejos y antes anunciada en un tatuaje maligno de una de las hijas, y en un suceso narrado por el primo huérfano, que como casi todo primo tuvo un affaire con una prima, y que nadie sabe. O todos callan. En este caso, huyen, todos, hasta el psicólogo-vocero, dejando todas las circunstancias teatrales vacías, ahí, en el escenario, a merced de cualquiera; y llevándose, ellos, la familia a cuestas, allá, lejos del escenario, también a merced de cualquiera.

En resumen, Algo sangra, escrita y dirigida por Melisa Martyniuk, apela a una construcción de sentido escénico cuyas rupturas oscilan entre una intencionalidad de show (típica del teatro off de principios del siglo XXI de la ciudad autónoma de Buenos Aires –CABA-, y del siglo pasado del teatro europeo –el alemán, sobre todo), en contraste con un realismo cuyos registros actorales vienen de un registro mayor y más sólido que a veces hace mella en los cuerpos de los actores. Pero por momentos funciona y Algo sangra fluye entre impulsos emocionales y un derrotero informativo que intenta construir un universo más tenebroso del que se ve y se escucha.

Ficha técnico-artística

Actúan: Federico de Battista, Franco Pisano, Julia Tarditti, Mayra Sánchez, Virginia Brauchli.

Escenografía: Huella Laetoli.

Diseño de Iluminación: Carla Tealdi.

Coreografía: Virginia Brauchli.

Diseño gráfico: Iván Kozenitzky.

Fotos: Ludmila Bauk y Ariel Smania.

Dirección: Melisa Martyniuk.

Nota publicada en la Revista Mateo de la Asociación Argentina de investigación y crítica teatral Aincrit - http://leemateo.com.ar/?p=711

Archivo

<<
>>