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Críticas

23 de junio de 2014

Primero hay que saber bailar

Algo Sangra

Anahí Lovato Por: Anahí Lovato

Salí del teatro cantando Heaven can wait. Una canción que deja un profundo sabor melancólico. Exaspera. Supura en la lengua. Algo así como el óxido que deja la sangre en el paladar.

A modo de corolario, no estuvo mal, es cierto. Pero, si tuviera que pensar la obra musicalmente, hubiese elegido una canción diferente. Una de Franz Ferdinand. Si me tocara a mí ser la DJ del pequeño universo que se reproduce en el teatro, La oscuridad de la matinée sonaría con mucho power, por supuesto.

Extendamos la metáfora. Vamos a suponer que la vida no es otra cosa que una matinée. Una falsa noche al son de las luces bolicheras. Una larga y temprana borrachera, producto de la mezcla de licores baratos. La premonición de una intensa resaca. Por esos pasillos van la madre, sus dos hijas y el psicólogo de la familia.

En la disco, lo que somos es poco claro. Se desdibuja, se trastoca, se mueve por la pista. Aparece y desaparece por capricho de los flashes. Pero el boliche es también un paréntesis. Un suspenso de la cotidianeidad. Es mejor en la matinée. Está oscuro. Hay cosas que brillan y, fundamentalmente, hay cosas que no se ven.

Es así: en Algo sangra, la obra escrita y dirigida por Melisa Martyniuk, la pista del boliche y el living del hogar coinciden. Los habitantes/bailarines llevan demasiado tiempo encerrados en ese espacio. Demasiado, aunque aún no se conocen lo suficiente.

Para agregarle sazón a la noche, es preciso abrir la puerta y dejar entrar al chico que pueda robarse las miradas. Cuando aparece él, los movimientos de la noche hogareña se bambolean.

La llegada de un nuevo habitante a la casa, la visita inesperada, es un elemento estructurador. Vertebrador de acontecimientos nuevos. También lo son las tragedias. Una muerte repentina, una desaparición, un hecho inexplicable nos obliga a encontrar otros sentidos para seguir bailando. Puede que la música y los tragos ya no sean suficientes.

La tragedia (o la comedia) son reverberancias en nuestra vida posmoderna. Mezclas de sonidos y reflejos donde los fundamentos se nos desfondan con extrema facilidad. En medio de tanta existencia prendida con alfileres, la psicología es una caja de curitas para pegotear catástrofes. A veces, puede que sólo hunda los dedos en la llaga. Finalmente, como siempre, para salir de la pista es necesario encontrar alguien a quien seguir. Find me and follow me through corridors / refectories and files.

O bien, hay que saber bailar. Por eso esta es una obra que necesita de una coreógrafa. Actúan: Federico De Battista, Mayra Sánchez, Franco Pisano, Julia Tarditti, Virginia Brauchli. Se estrenó en marzo, pero sigue bailoteando hasta fines de julio en La Manzana (San Juan 1950).

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