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Críticas

1 de julio de 2013

Contarle las costillas a la historia nacional

Agentes del Desquicio

Anahí Lovato Por: Anahí Lovato

Es imposible hablar de historia argentina eludiendo al peronismo. El peronismo: un movimiento político, social y cultural tan amplio y generoso que se nos ha quedado marcado en el ADN generacional a pesar de las resistencias. Un movimiento lo suficientemente contradictorio en esencia como para atraernos irremediablemente.

Con y sin Perón, cada órgano, cada célula del cuerpo peronista resignificará su contingencia y dará forma al mito vital que nos permite conservar diariamente el aliento nacional. La fuente es sobradamente vasta y profunda para remojar (y refrescar) los pies de la tinta teatral local.

Así lo interpreta el equipo que dirige Pablo Fossa en la obra Agentes del Desquicio. No hablo de interpretar al peronismo porque esa es una tarea ciclópea e intrínsecamente absurda. Hablo de reconocer que a partir de allí podemos reírnos de nosotros mismos y contarle las costillas a la historia nacional.

Deslizar un nosotros en el párrafo anterior no es inocente. Para nada. A veces, la responsabilidad del texto se diluye en esos subterfugios de la conciencia escrita. En el texto de Juan Pablo Giordano y Pablo Fossa, en cambio, el nosotros es un manifiesto problema a resolver. De hecho, constituye el motor dramático de la historia que protagonizan Jorge Ferrucci, Gustavo Di Pinto, Cecilia Lacorte y Ariel Hamoui.

Para un peronista nada mejor que otro peronista, dicen que dijo, alguna vez, el propio General. Pero, ¿serán de la tendencia?, se preguntó luego Bombita Rodríguez. El peronismo es un vitral que reacomoda sus fragmentos cada día. Definir a quién incluye el nosotros inclusivo y a quién excluye de la enunciación ese mismo nosotros -esta vez exclusivo- es la tarea de cada parte en la composición.

El asunto se vuelve aún más complejo cuando es preciso repartir balas y los amigos y enemigos se le parecen.¿Vos sos nosotros o ellos? Ante la duda, mejor tirar, después preguntar. Y ocupar el lugar de la vanguardia.

En las horas decisivas de Ezeiza, cuando el pueblo enardecido se dispone a recibir a su líder, cuatro personajes empuñando armas para debatir un nosotros político pueden resultar un acontecimiento desopilante. Violento, estridente, pero profundamente hilarante.

Mucho tienen que ver los actores en el contrapunto que sostiene el ritmo de la obra. En esos vaivenes sobresale la figura de Almada (Jorge Ferrucci), con sus intervenciones encabalgadas entre el verso y la prosa; entre la tortura, la inocencia y la ternura.

Los Agentes del Desquicio se reúnen en una habitación del Hotel Ezeiza, montada en la planta alta del Teatro La Morada (San Martín 771), todos los sábados de julio a las 22 hs. Vale la pena asomarse a 1973 y proyectar.

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