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12 de febrero de 2013

Carta a compañeros de teatro

Severo Callaci Por: Severo Callaci

¿Qué es el teatro? ¿Cuál es su rol social? ¿Qué vamos a buscar o que esperamos que suceda cuando vamos al teatro? ¿En que suponemos que se basa nuestra necesidad y la necesidad de la gente para ver teatro? ¿Qué es lo que tendría que resolver o ayudar a desarrollar el teatro en nuestra sociedad? ¿Los actores o actrices son importantes para la sociedad? ¿Por qué? ¿De qué manera nos volveríamos más necesarios? Exagerando un poco e inventando otro poco más: ¿Por qué el mundo no podría seguir sin médicos, obreros, panaderos, mecánicos, etc., y si podría continuar sin actores o actrices?

Supongo que ahí leyendo debe haber gente que hace teatro por diferentes motivos, con diferentes historias, experiencias y búsquedas. En ese caso voy a hablarles a aquellos que piensen el teatro como un trabajo, como un oficio o una profesión, y que, de algún modo, quieran vivir de las entradas pagadas en boletería.

Toda profesión u oficio supone a un otro. Entiendo a ese otro como el semejante, el ciudadano, o en términos más generales, a el pueblo, o una porción de éste. Gente que vive en un determinado territorio, en determinada época, con determinada cultura, que tiene necesidades a ser resueltas o desarrolladas por el hombre mismo, que a su vez tiene la necesidad de trabajar empleando su tiempo en diferentes tareas que le permitan vivir.

Osea que en cierto sentido todos los oficios van de la mano de las necesidades de los pueblos.

Si pensamos el arte como un territorio, aquellos que elijamos comunicarnos dentro y para el arte deberíamos saber que desde el momento que elegimos sólo esa franja para trabajar, ya estamos achicando nuestra posibilidad de intentar sumar otros espectadores.

El mundo del arte es muy pequeño, y el mundo del teatro más pequeño aún. Quizás algunos universitarios o intelectuales pueden sumar algún otro espectador al conjunto de familia y amigos que van siempre a vernos, pero ahí termina todo.

El problema es que vamos a perder de entrada el derecho a reclamar más espectadores, porque ya desde nuestras propuestas los vamos a estar excluyendo.

Para los que elijamos trabajar en vista de incluir como posible publico a la mayor cantidad y variedad de conciudadanos, el territorio es mucho mayor y por ende comprende de un trabajo y un desafío mucho mayor, pero también la asistencia del público puede ser mucho mayor.

Creo que debemos estar con una imaginación extrovertida, abiertos y sensibles a cualquier tipo de señal que se dé a nuestro alrededor en nuestro tiempo. Atentos a la felicidad y al sufrimiento, dispuestos a encontrar nuevos signos para expresar estos factores, siempre desde la reflexión.

Neruda dice: “Todo poeta tiene un enemigo esencial: su propia incapacidad para entenderse con los mas ignorados y explotados de sus contemporáneos: y esto rige para todas las épocas y para todas las tierras.”

Ojala el teatro nos vaya modificando, ojala que nos invite a acercarnos a todo lo que nos rodea. Poder dejar prejuicios de lado y permitirnos desarrollar cierta capacidad de observación, cierto lugar en el movimiento, que esté interpelándose y replanteándose todo el tiempo.

Me siento alejado de convicciones creativas que surgen con motivos individualistas, con el único objetivo de diferenciarse del resto del teatro y erigirse como una alternativa para enfrentar la realidad. Creo que estas visiones son estáticas en el sentido que no permiten una relación de movimiento tanto interna como externa. Creo que esa posición debería estar en constante construcción y reformulación con respecto a si mismo y a lo que observa, permitiendo la unión y el dialogo como forma de pertenencia, en un sentido más colectivo de la vida.

También me siento alejado de proyectos que ni siquiera intentan posicionarse como para pensarse desde algún lugar (aunque esa no-posición es también una posición). Me refiero a los proyectos que van de la mano de las modas o tendencias estandarizantes actuales, signadas por la repetición de formulas “exitosas”, diseminando valores de individualismo, inacción, frivolidad, egocentrismo, histeria. Espectáculos que pregonan un tipo de cultura endogámica (del griego Endon "dentro", y Gamos, "casamiento") y elitista.

Luego está en nosotros preguntarnos si dependemos únicamente de estos modelos para crear nuestros espectáculos, o no.

Ojo, aclaro, digo “me siento alejado”, que no significa que no pueda ir a ver estos espectáculos, ni que no respete o admire a las personas que los hacen, ni que a veces no participe en ellos, ni que a veces no me descubra en proyectos así y me sienta también un poco alejado de mí.

Cada uno es libre de hacer lo que quiera.

Me siento cerca (y es lo que busco cuando voy) de teatros (y personas) que intentan sostener una capacidad sumamente equilibrada de crítica y autocritica. De teatros que elijen trabajar con los vicios y las injusticias de su propio tiempo, de teatros que influyen y representan un modo de creer y sentir, que despierten conciencias e intenten arengar e influir en las micro- elecciones y micro-movimientos cotidianos. Teatros inclusivos y no exclusivos (que implica acercarse, escuchar y conocer a la gente que queremos que venga a los teatros), de teatros generadores de emociones, asociaciones de ideas, sueños posibles; teatros que hablan de amores escondidos, de llagas casi olvidadas, nostalgias adormecidas, miedos removidos, alegrías y magias exultantes que liberan el alma. Teatros abiertos, que contengan y contagien vida, que tengan movimiento, que puedan ser orgánicos, que tengan fuerza, que estén presentes en cada partícula de su espectáculo. Teatros que buscan sin cesar y no se conforman con lo primero que encuentran, teatros capaces de detenerse y mirar; teatros libres, livianos y pesados, con ritmos, formas y colores. Teatros dinámicos, con historias, con miradas, con voces, recuerdos, símbolos, impulsos, magia, solidaridad, respeto, locura. Teatro político, con gestos, con sorpresa, con olores de la infancia y explosión de los sentidos. Teatro con identidad, con humor, con amor, con perdida, con búsqueda, con memoria, con juego, con poesía, con imágenes, con música, canto y danza. Teatro hecho de cuerpo, de naturaleza; teatro que inventa universos, orígenes y destinos; teatro de la comunicación, de la muerte, la luz y el silencio…

Para cerrar quisiera proponernos un ejercicio: vayamos a los pasillos del Hospital Provincial o del Centenario, vayamos a la estación de colectivos, vayamos a hacer cola a los bancos, tomémonos colectivos, metámonos en escuelas y clubes, caminemos por fuera del centro; y observemos con atención a todas las personas y realidades diferentes que vemos.

Y ahí, preguntémonos: primero ¿todas estas personas entienden mi espectáculo?, segundo ¿lo disfrutarían, o los ayudaría a pensarse o a vivir mejor, o les aportaría algo?, y tercero; después de verlo, ¿les seguiría dando ganas de ir a ver más teatro?

La palabra “teatro” viene del latín theatrum, y éste del griego theatron, de thedomai, que significa “mirar”

Propongo entonces que volvamos a mirar todo otra vez, a ver si logramos ver un poco más allá de nosotros mismos. Quizás la gente que no viene a los teatros necesita que nosotros nos acerquemos a ella, pero para eso necesitamos abrirnos mucho más. Sino sigamos haciendo teatro para la gente que consideramos que es “como nosotros”, que no está mal.

Pero después no nos quejemos si son los únicos que vienen a vernos, y si son sólo unos pocos…

Les mando un abrazo.

Severo Callaci

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