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27 de mayo de 2012

Teatro Nacional Cervantes

4D OPTICO de Javier Daulte

Pablo Palavecino Por: Pablo Palavecino

Una obra en varias dimensiones, la sensación constante de los universos paralelos, eso que somos y eso que queremos ser. Un grupo de científicos apasionados por su trabajo, en busca de un descubrimiento único, que puede cambiar algo. Esos mundos paralelos que suceden “a la par”. El duplicado. La historia se cuenta como pliegues que se entrelazan.

Todos habitamos dos mundos, el que fuimos y el que nunca dejamos de ser. El que somos y el que soñamos ser. Ese niño que nunca nos abandona, y aparece sutilmente en nuestra vida adulta.

Dos historias a seguir, dos historias que se relacionan, un grupo de actores que se mezclan en dos personajes cada uno, la confusión, esa realidad paralela que altera la propia, y la ajena. Esas realidades que se modifican por consecuencia de la otra. El final está escrito, se está esperando, pero puede cambiar, virar, 180 grados y modificar y modificarse. Lo que está escrito se reescribe, se renueva y reinventa una y otra vez, la sorpresa puede llegar, el descubrimiento llega, sin que puedan verlo. Se les escapa de las manos. Un crimen que no se comete, todo sale distinto a lo planeado, nadie muere, nada se descubre, o sí. La confusión trae diversión, como en una comedia de Shakespeare, los personajes y las dimensiones se mezclan. Y llega la risa. Y la reflexión. ¿Fuimos engañados? ¿Cuál es la realidad?

¿La que vimos o la que creímos ver? ¿O las dos?

Yo me fui pensando que las dos. ¿Por qué creer que estamos solos? ¿Por qué mirar el mundo desde una única mirada? Si puede haber tantas como tantos somos en este mundo. Y más, puede haber dos realidades por cada uno, o más. Que confusión! Qué diversión!. La física cuántica se mezcla con el teatro, una comedia de ciencia y de ficción.

Cuando salí del teatro había llovido, demasiado, las calles estaban inundadas y muchas ramas de árboles desparramadas en el piso, parecía que había pasado mucho más tiempo que el real. Me sentí raro, como entrando en otro mundo, como si me hubiese perdido algo. El teatro te abstrae de la realidad, te muestra otra. Por momentos me sentí como que había perdido horas de mi vida, que se habían esfumado, que mientras yo estaba viendo la obra afuera se desataba una batalla campal de la cual no fui testigo. Viví una realidad de las tantas que conviven, no se puede estar en todas. ¿Qué otras cosas habrían pasado mientras yo estaba en el teatro?, ¿Qué otras realidades me había perdido? ¿Qué descubrimiento habría ocurrido? Me acosté pensando que mientras yo durmiera, muchas cosas pasarían a la vez, alguien descubriría algo, alguien intentaría matar a otro. Me dan ganas de quedarme despierto.

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