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Actuaciones en foco

13 de febrero de 2016

La Actuación en las Poéticas Humorísticas

Liliana Gioia Por: Liliana Gioia

Nos decía Mauricio Kartun (ya en el último encuentro en Plataforma Lavarden, o en los innolvidables cursos grupales que hicimos Quico Saggini, Gustavo Guirado, Patricia Suarez, Rafael Bruzza y otros autores santafesinos): “Uno es el poeta que puede y no el que quiere” y me lo decía particularmente cuando yo intentaba, en mis escritos dramatúrgicos, renunciar al humor.

Pareciera ser que este encuentro con el acontecimiento humorístico viene en mí de larga data, de ese universo subjetivo, quizás constitutivo…recuerdo: mi escuela primaria, yo con 7 años en un acto escolar recitando versos en un español tan antiguo que yo no sabía lo que estaba diciendo y el público tampoco…era tan largo que cada tanto parecía que terminaba –siempre supe hacer bien los remates- y el público aplaudía…pero yo continuaba…de nuevo apariencia de final, el público aplaudía y yo continuaba…la gente empezó a reírse y dentro de la confusión en la que me hallaba disfruté de ese acontecimiento repentinamente vivo, grupal, festivo. Le pregunté a la maestra qué tal estuve, y me dijo: “-bien y mejor hubieras estado, sino te hubieras hecho la graciosa”.. Señorita Maestra: la situación que usted montó era cómica, tenía tres procedimientos importantes de lo cómico:

  • Exageración e incongruencia: una niña en interminable poema que no entendía y repetía cual lorita
  • Equívoco: el público creía que terminaba el poema cuando no terminaba
  • Contrastes: entre lo pretensioso y solemne del acto: gran escenografía de atriles y banderas y una niña muy pequeñita, que se confundía las palabras o las mal pronunciaba internándose a veces en un jeringozo o cocoliche (mi madre, maestra de grado por aquel entonces, con vehemencia me dijo que estuve muy bien y que solo tenía que repasar algunas palabritas. Creo que en mi accionar docente, tomé de ella, ponderar el acierto para luego señalar la dificultad)

Yo no me hice la graciosa, actué con el mayor compromiso y seriedad, con mucho respeto a palabras a las que yo les atribuía mis humildes imágenes y sentidos. Y esto para mí sigue, continúa así: actuar en comicidad sigue siendo cosa seria, ya que implica actuar desde la intensidad de los vínculos y de las interacciones que me propone la situación, de allí que para mí, actuar comicidad no es solo una cuestión de búsqueda morfológica (construcción de rasgos físicos, gestuales, sonoros), es también, una cuestión de producción sensorial y emocional, que deviene precisamente de un cuerpo que acciona y reacciona en profundidad dentro del universo escénico. Indudablemente mi antigua formación stanislavskyana (Carlos Gandolfo con su primer Stanislavsky) y la Escuela de Serrano (con el último Stanislavsky o Stanislavsky tardío) a través de Salvador Amor, Justo Gisber y Rubens Correa (a quien tuve como director en una entrañable propuesta que hicimos con Miguel Palma, Vivi Maineli y la asistencia del Gato Molina), me llevan a no renunciar a la interacción con el otro sujeto de la acción, a estar en estado de apertura, para que mi acción y la acción del otro –operando sobre mí- vayan configurando mi cuerpo orgánico, y si es orgánico estará transformándose en el aquí y ahora de la acción y por ende, generando sensaciones y emociones que le darán profundidad y relieve.

Por supuesto que la morfología importa y hay todo un camino de construcción de rasgos faciales, gestuales, corporales, sonoros, donde el entrenamiento en la variación de ritmos y de sonoridades es fundamental, La comicidad se nutre de CONTRASTES: ACELERACIONES Y DESACELERACIONES, desmesura y contención, rapidez y quietud junto a un entrenamiento vocal que nos permita producir –con disfrute y libertad, sin hacer daño a nuestras cuerdas vocales- agudos y graves, voces diferentes, voces comprimidas, voces dilatadas, cotidianas y no convencionales voces habladas y voces cantadas, etc.

Hay muchas poéticas humorísticas –parodia, absurdo, ironía, sátira, humor negro, blanco, verde, humor abstracto o inocente, humor por resentimiento, humor cínico, humor escatológico. etc. A veces la comicidad no está en los rasgos físicos (dicción incorrecta, sintaxis improcedente o caminar zapateado), tampoco está en los rasgos psicológicos (timidez alternada con desmesura, sujetos que mezclan un hablar erudito con otro vulgar o grosero), a veces la comicidad está en la situación misma o en el texto y solo necesitamos nuestro cuerpo cotidiano en estado de interacción, por supuesto.

Hay muchos procedimientos de construcción del humor: la exageración, la repetición, el contraste (lo alto y lo bajo, lo sublime y lo procaz, lo bello y lo feo –sabiendo que conceptos de belleza y fealdad son construcciones culturales y los bellos cuerpos renacentistas ya no están de moda y sí son valorados los cuerpos delgados o simplemente famélicos-, el desplazamiento de sentido, la yuxtaposición de tiempos, espacios y causas, y por supuesto el hacer o decir aquello que los contextos no autorizan –no está bien visto que un catedrático eructe en su momento de exposición académica-. Hay muchos procedimientos, muchas poéticas y necesitamos, primero; hacer la poética que nos gusta; segundo: saber qué poética estamos haciendo o queremos hacer para abordarla desde el entrenamiento que la enriquece, aunque –aquí retomo lo inicial- toda poética necesita de la interacción y de las transformaciones sensoriales y emocionales que le dan relieve a la actuación.

Perdón por escribir algo demasiado autoreferencial, pero yo soy mi infancia y los acopios y reservas anímicas que vienen de ella, soy mis maestros y las voces de ellos que me constituyen y proyectan.

Admiro profundamente a mis colegas que se internan en la espesura del drama o la tragedia…se que a través del humor me evado del dolor de existir –la pérdida, la finitud de la vida- pero no de la realidad, ya que al decir de Sigmud Freud, el humor (gran potencia de vida junto a la inteligencia y la memoria) es un mecanismo de fuga del sufrimiento, no de la realidad. El humor también es vigorosa existencia grupal y un acto ético por el que evaluamos y sancionamos trozos de la realidad a la que intentamos cambiar o mejorar.

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