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Actuaciones en foco

28 de marzo de 2013

La actuación en el teatro de objetos o "El alma de las cosas"

Mariana Frare Por: Mariana Frare

Realizadora de Teatro de animación

Cuando suena la pregunta ¿Qué técnicas de actuación usás en teatro de títeres? surge una gran incomodidad, una sensación de vacío. No hay muchos referentes que dejen testimonio escrito sobre su método de actuación en teatro de títeres o teatro de objetos. Mi manera de abordar los objetos es a través de las herramientas que fui atesorando con los años, son dos entrenamientos: Movimiento Auténtico y Tai chi chuan.

Pero para llegar a la instancia de la interpretación, me gustaría pasar por algunas consideraciones que dan marco a esta pregunta.

El nombre, teatro de animación: ¿qué es animar?

La definición de títere más difundida es de Ariel Bufano: “un títere es cualquier objeto movido en función dramática”, o la de Bild Baird: “una figura inanimada que se hace mover por medio del esfuerzo humano ante un público”. Llamémosle títeres u objetos, estamos hablando de figuras inanimadas con las que por medio de artilugios generamos acciones dramáticas destinadas a un público.

Entonces interpretar, actuar a través de un objeto, títere o cosa, podría empezar con la tarea de dar vida o crear ilusión de vida en objetos inertes, y continuar con la construcción de personajes a través de los materiales que se animan para narrar una historia o representar una situación.

Pero la intención no va en una sola dirección, muchas veces “el actor titiritero no manda y el objeto no obedece”. Escuchar la voz de los objetos, su punto de vista, su enorme caudal de significaciones, lo que transmite su materialidad, su presencia es, en definitiva, lo que nos va a permitir que ese personaje tenga identidad y verosimilitud.

Uno de los puntos más interesantes en la animación es el de intentar descubrir la vida que tiene el objeto y a partir de ese conocimiento desarrollar su estructura dramática.

La dicotomía entre lo vivo y lo muerto y el paso de un estado a otro es “EL tema” en el teatro de títeres. Cuanto más vivo se percibe un objeto más contraste genera verlo inerte. En el juego de los chicos esa transición sucede todo el tiempo, toman algo, lo animan, lo dejan, sin embargo puesto en la escena se convierte en un hecho extraordinario, relacionado con lo siniestro en tanto se produce un extrañamiento de lo cotidiano, algo que sabemos que no tiene vida, se nos manifiesta animado y cuando nos familiarizamos con su vida, nos recuerda que no la tiene.

Hay herramientas que contribuyen a aumentar esa dicotomía, entre mis preferidas están la repetición y la mecanicidad. Cuanto más artificial se presenta el objeto más subyuga verlo vivo.

La repetición lo muestra como una máquina y nos trasmite el agobio de su falsedad, refuerza la característica artificial del objeto.

Otro punto que es propio tanto de los juguetes como de los títeres es la miniaturización, que también tiene que ver con el extrañamiento de lo cotidiano. Como nos recuerda G. Agamben en Infancia e Historia, “cualquier objeto de uso cotidiano, (un auto, una cocina) que sufra un cambio sustancial en su tamaño, se transforma a través de la miniaturización en juguete.” (En un títere u objeto susceptible de ser animado).

Si en cambio replicamos artificialmente la escala humana se pone en juego la posibilidad de llevar al extremo la verosimilitud con el modelo real, y así reforzar el sentimiento de lo siniestro. La arbitrariedad en los tamaños y la posibilidad de las desproporciones contribuyen a generar universos particulares o propios de una puesta en escena y forman parte del lenguaje del teatro de animación.

Al trabajar con un objeto de representación distinto del cuerpo humano, entran en juego los diálogos materia/cuerpo y materia/tema.

En la relación objeto/intérprete, las posibilidades son infinitas, tienen que ver con relaciones de poder, animar, ser animado, estar neutro, participar, coincidir en las intenciones, disentir, etc, etc, etc.

En la relación materia/tema, los objetos juegan de una manera muy interesante. Recuerdo el relato de Mauricio Kartun sobre un ejercicio de sus alumnos: una historia de amor entre una vela y un hielo. Es de un fatalismo maravilloso, una tragedia ineludible.

El mayor potencial de los objetos es su capacidad de narrar a través de su materialidad; privados de su contexto o función pero manteniendo su sentido podemos disfrutar de su esplendor.

También hay objetos que son, por el contrario, sumamente neutros, entonces permiten que el observador los cargue de sentido, basta para entenderlo ponerse a jugar con un papel o una tela, una vez que respire mire y camine, podemos significarlo infinitamente y el espectador, lejos de recibir un mensaje cerrado, tendrá posibilidad de construir la escena con su mirada.

Ahora sí, volvamos al tema de la actuación, para mí se divide en dos partes, la primera es darle vida al objeto y la segunda es construir un personaje.

Para animar hay aspectos técnicos que necesariamente debemos incorporar y son: el manejo de la respiración, la mirada, el andar y la adecuación espacio temporal. A la hora de interpretar no podemos distraernos pensando en eso, o en que mano utilizamos para sujetar tal o cual parte del objeto. Esto se consigue con horas de entrenamiento con materiales de distintos pesos formas y tamaños, hasta lograr “ver con las manos”. (Elegir un tipo de entrenamiento físico, más allá del específico de la animación es fundamental para las personas que trabajamos creativamente con el cuerpo. Yo elijo el Tai chi chuan, porque me permite aumentar la concentración, mantener flexibilidad con un buen tono muscular y desarrollar sensibilidad en las manos).

Para construir un personaje, es necesario entrar en diálogo con la materia. Utilizo la técnica de “Movimiento auténtico” (movimiento danza terapia de origen Junguiano).

Básicamente trato de esperar el impulso, me rodeo de los objetos con los que quiero trabajar y espero pacientemente que sean las manos las que se movilicen por un impulso, no tomo decisiones. Me distancio totalmente de lo que sucede, adquiero cierta calidad de objeto, me convierto en observadora de lo que ocurre, sin juicios, sin pretender ritmo, sin pensar en la mirada del otro, solo escuchar el impulso y responder vitalmente a los objetos, lo que ellos me inspiran, sugieren o piden.

De las clases con Ana Alvarado, la frase que me sigue resonando es “hay que dejar que los objetos sueñen…”, escuchar la voz de las cosas,

Después empieza la fase de filmar la animación, indagar sobre todo lo que el objeto/títere puede hacer, agotar sus posibilidades. Con ese material puedo elegir los movimientos que me gustan, los que le sientan bien al objeto, que se perciben como propios, de él, y armo una especie de catálogo de gestos. Para acentuar su aspecto artificial trato de que cada personaje tenga una cantidad limitada de movimientos o gestos y lo fuerzo a comunicarse a través de ellos, con ese límite.

Creo que el desafío más grande del actor titiritero es el de prestar su cuerpo al objeto y mantenerse distante a la vez, ser hacedor y observador al mismo tiempo, estar adentro y afuera. Aunque es difícil es maravilloso, somos espectadores de lujo, desde un lugar privilegiado.

Es común escuchar entre los titiriteros, “hoy tal muñeco estaba como loco, no quería hacer nada”, o “fulanito (X objeto/personaje) estaba muy inspirado”. El distanciamiento es todo.

Cada obra es un mundo y tiene leyes propias, conocer, descubrir esas leyes, hace a la verosimilitud de la puesta. Creo que concibiendo la obra como un objeto, alcanzamos un tipo de comunicación sutil con el espectador.

Yo me dedico a jugar con muñequitos, eso me hace muy feliz.

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