TeatroEnRosario.com
 

Actuaciones en foco

18 de septiembre de 2012

Desde la intención

Francisco Pavanetto Por: Francisco Pavanetto

Guiono, he guionado caóticamente en diferentes direcciones. Dirijo, he dirigido menos de lo que he deseado. En términos pitagóricos soy más guionista que director, desde el lugar que la matemática me asigna, con su gratuito halo designativo, guiono:

INT. ESCENARIO - NOCHE

La actuación es ese sometimiento intelectual que nos vuelve felizmente impropios, ebrios por reconocernos ajenos, extasiados que liberan los overoles y los transforman en vestuarios.

Como la muchedumbre que en su acción nos vuelve anónimos, el disfraz en acción se vuelve vestuario, y los actores personajes.

El actor se educa en la optimización de lo perceptible, en el eco de sus acciones, la porosidad de la utilería, las distancias, la memoria, la repetición, la sorpresa; un sin fin de estimulantes consabidos, adoptados con destreza que organizados configuran la representación.

Este paradigma de absorción reformula sus fuentes de hidratación cuando el actor es mediado por una lente, técnicamente impermeable, metafóricamente incierta. La lente obstruye la dinámica de impregnación teatral y establece su ley, el actor enfrenta un formato donde la representación se mide en la consciencia y reconocimiento de su propia imagen.

El registro audiovisual procura un signo externo medido y controlado. Las distancias se reducen artificialmente, se impone la síntesis, la representación lacónica y el único enlace con la medida del desempeño lo devuelve la auto-expectación: el actor isoladamente deberá identificar en su imagen los márgenes de la nueva verosimilitud (la práctica audiovisual demuestra que el registro Strasberg, aunque coexistente con otras ortodoxias, sigue dictando la norma). Esto abre el plano de la educación audiovisual y las falencias de una práctica asistemática donde las partes se ven afectadas de igual forma.

La potencia de esta unión es celosa y decisiva, y esa tensión que da vida comienza en la génesis del relato audiovisual: el guión.

El guionista es quien escribe el guión, un guión es ese documento generalmente erróneo confundido con un libro de cocina.

La cuestión es que si la receta es clara encontrarás el momento justo para echar los huevos y nadie te dirá cómo debés romperlos. El guión saludable plantea una historia, indaga sobre las conductas de sus protagonistas, los pone en crisis, algunos cambian otros no, en líneas generales, si está clara la cosa no será necesario tanto corcheteo explicativo, en caso contrario, comienzan a abundar las instrucciones de uso.

Lee mis palabras, te diré cómo debes comportarte y qué decir.

El guionista/dramaturgo crea personajes, conflictos, acciones, y también ámbitos y objetos que deben inscribirse en acotaciones que faciliten las intenciones. La didascalia articulará dramáticamente cada detalle de la historia bajo los sanos y riesgosos preceptos del guionista/dramaturgo, que en su afán por clarificar una idea escénica utiliza la didascalia como nexo entre su cerebro y el lector.

¿Cuál es la verdadera utilidad, y su respectiva aplicación en la calle?

Nunca fui a una guerra pero no hay que ser soldado para suponer combates, y en la adaptación como en la guerra, lo primero que se pierde son las didascalias. Las didascalias organizan la dramaturgia, pero un orden riguroso de la emoción y el movimiento no siempre es seguro en una actividad donde está en juego la cordura o la vida de alguien. Lo que no hay que perder nunca es el sombrero.

“Alguien escribió algo por algo, y lo puntuó de tal forma por una razón”, le escuché decir a un actor de renombre, y me explico el oficio en medio segundo.

Las didascalias son el primer intento del guionista por tener dominio de la cosa posterior, ya que no encontrará oposición dentro del margen de la hoja.

Puede pensarse entonces que la didascalia inaugura la dirección actoral en un texto dramático.

El actor/director es de los primeros destinatarios de las mismas. Es por lo general un lector activo, un maratonista que regula su lectura preparando el cuerpo a cuerpo. En cuanto actor viene con el saco especulativo y querellante que le permite anticipar o reaccionar en el tiempo de lo humano, esto es realismo. En una improvisación queda demostrado esto inmediatamente, ¿qué lo haría cambiar al momento de la lectura?

Lo que digo es que hay una realidad de orden superior que debe ser imaginada, elucubrada, anticipada o malentendida por el propio lector, actor o director. Como guionista alego que la mayoría de las veces que escribo para mí utilizo profusamente la didascalia como un ayuda memoria. Me eximo de la subestimación del lector, pero no sobrevivo a mi falta de memoria, ni a la propia inseguridad de una dramaturgia lábil. Consecuencia de esto, le meto didascalia como carne al hueso.

El caso cambia cuando el guión tiene como destinatario otro realizador o simplemente un archivero. En este caso intento del modo más noble y claro que me sea posible exponer de qué va la cosa, y dejo que el actor y director, actúen e interpreten según sus obligaciones.

Lee mis palabras, te diré cómo debes comportarte, qué decir, y por supuesto, cómo decirlo.

El guionista dramatiza según su sentido de la acción, y dialoga según le reverberen las palabras en su cabeza. Es así como el mejor test de verosimilitud consiste en leer sus propios diálogos en voz alta. Parte de las acotaciones de intención nace de esta práctica sana como las tostadas.

Aquí está tu acción, ésta es la verdadera emoción.

Por momentos pienso que se trata de una contienda entre las razones irreales contra las verdaderas, que sería algo así como tratar de salir seco del mar. Esto no tiene sentido ya que la verdad se desprenderá del registro de veracidad que construya el espectador. El actor decodifica e interpreta, el director traduce las recomendaciones del autor en una escenificación mental. El cine se interpone materialmente entre la cabeza del autor y la representación del actor. El cine es macizo como el agua, y la realidad se tuerce para su lado. El actor trabaja la visualización, las intenciones de sus acciones desaparecen, sólo queda la imagen, una latencia subyacente y la idea de verosimilitud que construya nuevamente el espectador.

En definitiva se trata de unir armónicamente las intenciones del autor, las posibilidades del actor y las del cine. Nutrirse mutuamente, en camino a la construcción de un triple donde la verdad de la cosa siempre la tiene el cuarto.

______________________

  • Los signos de puntuación son la correcta representación gráfica de las pausas y entonaciones que caracterizan a la lengua oral.

Archivo