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25 de mayo de 2013

Butoh en el Litoral

Nadia Grisetti Por: Nadia Grisetti

“Aísla tu cuerpo

y destruirás tu espíritu.

La religión verdadera liga dos veces.

Vincula tu cuerpo a la tierra

para así alcanzar la armonía del cielo”

Poema chino/ Alberto Laiseca

Introducción

El Butoh es una disciplina artística que se propone como danza y teatro a la vez. Nace en el Japón de los años sesenta, luego de los bombardeos de Nagasaki e Hiroshima.

Sus fundadores fueron Katzuo Onho y Tatsumi Hijikata. Ambos propusieron una nueva concepción del cuerpo y el movimiento, alejándose de las convenciones de su cultura y proponiendo la figura del actor/bailarín en búsqueda del movimiento “puro” lejos de los estereotipos formales y las coreografías.

La novedad del Butoh está dada por su irrupción como disciplina moderna y revolucionaria, no sólo para Japón sino para el mundo del arte escénico en general. En el Butoh se combinan distintas artes y prácticas. En líneas generales presentamos las siguientes: la cultivación del espíritu a partir de los principios de la filosofía zen; el entrenamiento físico para abordar distintos estados del cuerpo/mente/espíritu; el contacto directo con las emociones; el surrealismo; el expresionismo alemán; el estudio del inconsciente colectivo e individual y los trabajos de improvisación/composición con su posterior puesta en escena.

En sus orígenes, la disciplina fue nombrada como “danza de las tinieblas” “danza de la oscuridad”, y hasta “danza de los muertos”. Si bien el nacimiento del Butoh está marcado por la tragedia que significó la destrucción de toda una sociedad y la aparición de la deformidad y mutilación de los cuerpos luego de las explosiones; es importante tener en claro que estamos hablando de una cultura muy diferente a la nuestra en donde las nociones de vida y muerte tienen otro sentido.

Morir para el Zen es parte de la vida. Y en una vida podemos morir muchas veces. El cambio es permanente y el paso de uno a otro estadío del Ser es la muerte de algo, indefectiblemente; como así también, es el comienzo de otra cosa.

A su vez, el camino del autoconocimiento para la filosofía zen siempre será un camino desde las tinieblas hacia la claridad. En definitiva también para enfoques más occidentales, como las teorías psicoanalíticas a partir de Jung, el inconsciente es la zona de las sombras que iremos develando y sacando a la luz a lo largo del trabajo de análisis sobre uno mismo y su entorno.

Es así que la práctica del Butoh propone despojarse de la idea de un Yo homogéneo y estático para transitar la experiencia de vivir en muchas dimensiones. Presenta un cuerpo/espíritu multiforme que es capaz de ser receptor y propagador de diferentes intensidades y energías.

El actor/bailarín buthoniano es un canal físico/emocional que recibe el impulso de la Naturaleza para danzar. Su cuerpo es la materia donde habitan todos los Seres de la Tierra.

Para hablar en términos teatrales, el bailarín/actor de Butoh no interpreta “personajes” o caracteres definidos psicológicamente. Su cuerpo a modo de caleidoscopio danzarín proyecta en el espacio/tiempo de la escena, una sucesión de formas e intensidades que dan cuenta de cambios de estado y de criaturas que pueden ser reflejo de fuerzas más o menos interpretables por el espectador: el bien y el mal; lo femenino y lo masculino; la potencia y la debilidad; lo alto y lo bajo; etc. Entidades abiertas a la actualización que cada espectador opera sobre el material, de acuerdo a su subjetividad.

En el Butoh se establece una zona de contacto entre la emotividad del actor/bailarín y el espectador. Como en las expresiones más antiguas; el teatro y la danza vuelven a cobrar el valor de rito y comunión.

Butoh en el Litoral

Butoh: “Bu” significa enterrar los pies en la tierra; y “toh”, para volar con los brazos. El Butoh busca provocar en el cuerpo del actor/ bailarín y del espectador la sensación de estar en la zona donde luchan dos energías opuestas. A su vez, se intensifica el significado del Hombre como ser que “está erguido” en medio de lo alto y lo bajo; o su “ser presente “entre el cielo y la tierra.

Mi interés como bailarina y docente es entablar una zona de contacto entre el lenguaje del Butoh, los tesoros y saberes de nuestra cultura argentina/litoraleña – cómo se mira el mundo desde acá- ; y el desarrollo de un lenguaje personal y estético dentro de las artes escénicas de Rosario.

Con lo que respecta a mi rol como coordinadora, la forma en la que abordo el trabajo en mis clases y con los alumnos es íntima y personal. Los encuentros son de máximo 2 personas, con la invitación a un encuentro grupal una vez al mes.

El trabajo consiste en alejarnos de las coreografías y las técnicas del movimiento para adentrarnos en nuestro inconsciente y bucear entre nuestras emociones; en pos de despertar la escucha del cuerpo y guiar el movimiento desde ese “decir profundo” que habita particular y personalmente en cada uno de nosotros.

Entrenamos el cuerpo y el espíritu para dotarlo de herramientas que posibiliten una mayor versatilidad expresiva. Nos valemos de la observación y la reproducción de los estados de la Naturaleza. Trabajamos con la poética de los cuatro elementos – aire, tierra, fuego y agua- y los reinos mineral, animal y vegetal.

Es así como este nuevo “cuerpo entrenado” a la hora de improvisar es guiado por las emociones y el contacto con las fuerzas naturales y del inconsciente; abandonando las convenciones o estereotipos formales heredados y fijados por las escuelas de movimiento.

Trabajamos con dispositivos de diferentes disciplinas – teatro, danza, objetos, música, literatura, video, pintura- para la estimulación del imaginario y el desarrollo de un lenguaje personal y escénico.

Cada actor/bailarín de Butoh imprime su propia búsqueda y lo actualiza, ofreciendo una versión personal de la disciplina.

Butoh por Nadia Grisetti

La primera vez que me acerqué a esta disciplina, la persona que nos dirigía me dijo: “si te adentras, el Butoh te cambia la vida”. Puede ser. Yo prefiero pensar que el Butoh es lo que define e integra todos los caminos de búsqueda que he estado transitando durante los últimos años. Bailando siento que observo y vivo al mundo en dimensiones y eso me hace ser infinita y feliz.

Desde mi amor por la literatura; mis viajes y el contacto con otras formas de sociedad; mis estudios en Antropología Teatral y mis entrenamientos en el Odin Teatret; mi trabajo en el grupo de teatro Theórematos, mi reciente desempeño como asistente de dirección de Ricardo Bartis; y la decisión de volver a vivir en mi ciudad natal; todo se conjuga en este caleidoscopio que es el Butoh para mí.

Cuando bailo o doy clases vuelvo siempre sobre la afirmación de Creonte, en Edipo Rey de Sófocles: “los hombres se mueven por dos cosas; el deseo y el miedo”. Busco que el miedo se convierta en deseo y trato de bailar lo blanco y lo negro al mismo tiempo; aceptando su intensa convivencia.

Me sirve pensar en esta idea de lo prismático o trompo caleidoscopio. Un cuerpo que se mueve y reproduce toda la Historia, las historias. Cada vez que me adentro en lo personal o lo biográfico, descubro que somos más parecidos de lo que nos esforzamos en declamar; y que en nosotros está la vida y la muerte todo el tiempo. Somos cuerpos de arcilla hecho de todos los arquetipos. Cuerpo de barro. Mitad tierra; mitad agua. Como el Litoral. Como los poemas de J.L Ortiz o la voz de Liliana Herrero.

En un acto de fe o de extrema ficcionalización de la realidad, podría decir que el Butoh, desde el futuro, dirigía el pasado para que yo pudiera llegar a él. A Rosario. De vuelta al Litoral.

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