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29 de noviembre de 2013

Acerca del rostro: Encuentros necesarios entre el teatro y la danza

Soledad Verdún Por: Soledad Verdún

Soy bailarina y enseño danza contemporánea. Hace quince años comencé a bailar, tenía veintiuno, no vengo de una formación clásica, hice la carrera de expresión corporal en el profesorado de danzas Isabel Taboga y a partir de ahí me formé en talleres, cursos y seminarios de distintas técnicas de danza contemporánea. Me acerqué al lenguaje del teatro hace unos cinco años, comencé a tomar talleres y seminarios de teatro, a leer de forma desordenada teoría teatral y a mirar mucho teatro. Mi punto de vista y mi opinión se ubican más cómodamente como bailarina, que como actriz, ya que es el lenguaje de la danza el que me atraviesa desde la formación y la práctica.

En estas líneas quisiera compartir algunas preguntas y reflexiones inacabadas basadas en mis propias experiencias y observaciones sobre algo más o menos específico, pero a la vez vasto:

El rostro. El rostro y el cuerpo en la danza y el rostro y el cuerpo en el teatro, esto es muy amplio.

Pareciera una forma dicotómica y dialéctica, hablar del cuerpo y el rostro como dos entidades separadas, pero sin entrar de lleno en este tema, la danza y el teatro en Occidente heredaron el dualismo cartesiano mente/cuerpo. Sólo lo traigo para establecer alguna idea de cuerpo en la sociedad que porta un rostro, como un lugar de importancia respecto del resto del cuerpo y entender esta idea de cuerpo en escena identificable o no por un público.

Tanto la danza como el teatro son artes donde el cuerpo está presente por encima de cualquier otro elemento en escena, es el que se despliega en función de todas las conexiones, procedimientos y relatos posibles, pero abordado de modos diferentes respecto del rostro.

La danza contemporánea de algún modo desatiende o no le interesa trabajar la expresión del rostro independientemente del resto cuerpo. No hay en el entrenamiento ni en la técnica de la danza un lugar donde se trabaje específicamente el rostro, sí la expresión, las emociones, los sentimientos, las imágenes; estados, en una integridad y continuidad de la afectación en todo el cuerpo, el rostro continúa esa afectación sin tener más importancia que cualquier otra parte del cuerpo. Este cuerpo desarrolla un trabajo minucioso, de gran detalle en la atención consciente de todos los movimientos, en sus recorridos espaciales, en su intención; gracias al entrenamiento exhaustivo que tiene esta disciplina es que consiguen estos cuerpo llegar a estados de gran conexión interna y externa.

En el teatro el rostro tiene otra importancia, gestos muy sutiles como levantar una ceja o mover lentamente la comisura de los labios hasta esbozar una sonrisa, pueden desarrollar todo un relato. Por supuesto que el cuerpo está indispensablemente presente y puede configurarse del mismo modo minucioso que el rostro, producir relato y continuidad pero se despliega en otra dimensión e importancia.

El cuerpo en el teatro (considerando un registro realista) se aproxima más a un cuerpo cotidiano, reconocible. Las afectaciones, situaciones, acciones, vínculos, relatos de estos cuerpos están más relacionados al orden de lo posible, por mas ilógica o absurda que sea la situación que se presente, el público puede asumir una identificación con ese cuerpo.

En la danza creo que esto es más difícil, el público puede conectarse, conmoverse, emocionarse, sorprenderse, o aburrirse, pero el cuerpo del bailarín, gracias algún tipo de destreza o virtuosismo se despliega como un cuerpo extraordinario, irreconocible, des configurado de lo cotidiano, difícilmente identificable a un cuerpo ordinario.

Hay algo más: la voz.

Y brotan las preguntas.

¿El desinterés del rostro (en la danza) o su importancia (en el teatro) como medio expresivo, estará ligado con la importancia o insignificancia de otro elemento, que ya no es cuerpo en sentido estricto, sino un artefacto lábil y efímero: la voz articulada, la palabra, el texto?

Si en la danza el cuerpo es más importante que el rostro y que la palabra, y si en el teatro el rostro y la voz son más importantes que el cuerpo, ¿qué lugar podría ocupar el rostro, el cuerpo y la voz en la danza-teatro?

¿Qué es la danza-teatro? ¿O el teatro-danza? ¿Una hibridación, una mezcla y combinación entre la danza y el teatro? ¿O estamos hablando de otra disciplina?

¿Por qué hay necesidad de clasificar toda arte escénica?

Hay interesantes ideas, trabajos y entrenamientos sobre la hibridación entre la danza y el teatro, hibridación que no puede olvidar diferencias, similitudes, posibilidades y conflictos al abordar un encuentro. Un encuentro que puede llegar a una colisión potente, explosiva y poderosa.

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